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“La vacunación avanza, pero hay que seguir extremando la precaución mientras haya fallecimientos”

La vacunación avanza, pero hay que seguir extremando la precaución mientras continúen los fallecimientos. Parece que la quinta ola ha sido encajada por la población con menos preocupación

Avatar del Editorial DNEditorial DN23/08/2021
España registró esta pasada semana la mayor incidencia de mortalidad por covid-19 desde mayo. Este triste récord indica claramente que no se puede bajar la guardia ante el coronavirus, que cualquier protección es poca. En Navarra, la pasada semana se notificaron seis nuevas muertes por covid, y los indicadores de incidencia siguen estando en niveles de riesgo muy alto, por lo que las autoridades sanitarias insisten en no bajar la guardia con las medidas preventivas. Incluidas las personas vacunadas, que también pueden enfermar y transmitir el virus. Cada fallecimiento más que se añada a los ya más de 83.000 muertos oficiales por la pandemia que se han registrado en el conjunto del país, más de 1.200 en Navarra, será un fracaso para toda la ciudadanía, porque reducir al virus es una tarea colectiva. Según datos del Ministerio de Sanidad, el 73,8% (31 millones) de los mayores de 12 años está inmunizado con la pauta completa de vacunación, y el 84,1% (35,5 millones) ha recibido al menos una dosis. Carolina Darias calificó el pasado miércoles los avances de la vacunación como un “éxito colectivo de país”, aunque el objetivo del presidente Pedro Sánchez era tener al 70% de la población total vacunada ya, y sólo lo está el 65,5% del censo. Parece que la quinta ola, protagonizada por variantes del virus más contagiosas, ha sido encajada con menor preocupación porque, aunque todavía estamos lejos de la inmunidad colectiva, la mortalidad, aunque significativa, no tiene punto de comparación con la que se registró en las primeras etapas de la pandemia. La vacuna ha reducido menos de lo que podía esperarse los contagios, pero la inmunización creciente ha conseguido que los síntomas de la epidemia sean menos severos, sobre todo en los segmentos más vulnerables de la población. Aún así, se siguen produciendo cientos de fallecimientos. El debate de si los no vacunados deberían ser obligados a abandonar aquellas tareas en las que puedan constituir un riesgo objetivo para sectores de población está abierto. Tampoco debemos olvidar -ni debe hacerlo el Gobierno- que la pandemia dejará de ser una amenaza solo cuando la inmunización sea global, y ello requiere mucho esfuerzo todavía.
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