“Esta vez de palanca anti-Sánchez ha actuado su calzado veraniego”

Artículo de opinión de José María Romera

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Jose María Romera

Actualizado el 22/08/2021 a las 16:19

Agosto es el mes más cruel, y no solo si expones tu pellejo al sol en una playa mediterránea rodeado de madrileños, alemanes y tafalleses. Sus efectos letales también te pueden alcanzar en casa y teletrabajando. Hay en esa franja del calendario algo que penetra en las mentes, algo raro y viral que predispone a las inteligencias más lúcidas a dejarse poseer por la sandez como si las neuronas se hubieran ausentado por vacaciones. En tal estado de cosas no es recomendable el consumo de artículos de opinión política; pueden precipitar al lector directamente al vacío. En estos días la atención se ha debatido entre dos extremos igualmente dramáticos: el caso afgano y las alpargatas del presidente. Sobra decir que han ganado las alpargatas. Son las ventajas de la polarización, que siempre está ahí, a punto de manifestarse con toda su crudeza en cuanto se le facilita una palanca, por pequeña que sea. Esta vez de palanca anti-Sánchez ha actuado su calzado veraniego, hurtado a la videocámara a través de la cual dirigía debidamente trajeado las operaciones de salida de Kabul. Cuando la altura del debate desciende al nivel de las zapatillas ya está todo dicho. La ausencia del líder en situaciones de alarma es un clásico de la tradición crítica estival que ni el desarrollo de los medios de transporte ni el avance de la telemática han logrado desactivar. Ofrece un contraste demoledor: de un lado el problema, las alarmas, el zafarrancho, los servicios de emergencia, la buena gente dándolo todo al pie del cañón; del otro, el mandamás indiferente en el quinto pino, entregado al dolce far niente, ajeno al sentir del pueblo y descuidado de las obligaciones inherentes al cargo. Se comprende que cueste trabajo resistirse a la tentación de atizar a Sánchez a cuenta de sus alpargatas convertidas en signo de pasividad, pero hemos de admitir que con críticas de esa clase corremos riesgo de quedar en ridículo. El caso es que henos aquí, mientras el equilibrio internacional se tambalea una vez más y anuncia un otoño animado, haciendo correr caudalosos ríos de tinta a cuenta del calzado presidencial, al borde mismo del deterioro cognitivo. Agosto, en efecto, es implacable.

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