“El lenguaje de moda empieza a proponer soluciones para que la precariedad deje de ser un estigma y sea vista en su lado cool”
Artículo de opinión de José María Romera

Actualizado el 16/08/2021 a las 08:39
EnLa 2 de TVE ponen por las noches un programa británico fascinante, donde gentes de toda clase y condición se construyen sus propias viviendas en pequeños espacios. Las hay de puro recreo: casas de jardín, caravanas vintage, gallineros minúsculos reconvertidos en coquetos estudios; pero otros son hogares estables que se presentan como soluciones imaginativas, desde un cuchitril de quince metros cuadrados hasta una barcaza de canal o un búnker reconvertido en cabaña que para sí quisiera Thoreau. El lenguaje de moda también empieza a proponer soluciones para que la precariedad deje de ser un estigma y sea vista en su lado cool. A vivir en una habitación alquilada dentro de un piso compartido lo llaman ‘coliving’. Si tu destino laboral es andar dando tumbos de empleo en empleo y encadenar contratos temporales sine die, siempre podrás decir que practicas el ‘job hopping’. Otra de las tendencias que arrasa esta temporada es el ‘nesting’, que consiste en quedarse en casa encerrado durante el fin de semana mientras los amigos salen de copas. Y la prueba definitiva de que nunca falta una palabra virtuosa para adornar los estados más vergonzantes la ofrece el ‘friganismo’, una variante extrema de la austeridad alimentaria que consiste en comer solo lo que se saca de la basura. A la gente joven es fácil consolarla ofreciéndole reportajes de suplemento dominical donde vea sus carencias retratadas como estilos de vida vanguardistas con su correspondiente etiqueta guay. Hubo una ministra que propuso llamar ‘movilidad exterior’ a la fuga de titulados que emigraban por falta de trabajo en el interior: así conocían gente. Marco Aurelio no habría sabido vender mejor los fundamentos de la filosofía estoica, que viene a resumirse en hacer de la necesidad virtud. La diferencia es que ahora las necesidades son vitales y las virtudes que las disimulan tienden al postureo. Les proponen a nuestros jóvenes vivir en un decorado donde sus carencias pasen por signos de distinción en este escaparate narcisista en el que sobreviven a duras penas, pero convencidos de que su manera de ser pobres mola una barbaridad.