Es vital trabajar desde ya para la próxima cita olímpica: París'24

El coronavirus, la falta de público y la afloración de los problemas de salud mental de los deportistas de élite marcan una cita olímpica cuya organización ha sido notable

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Editorial DN

Publicado el 09/08/2021 a las 06:00

Los Juegos Olímpicos de Tokio serán recordados, en gran medida, por los elementos extracompetitivos que han marcado la cita deportiva más importante del planeta. Tuvieron que ser suspendidos el año pasado por la pandemia que todavía marca nuestro día a día, debieron superar una oposición manifiesta de la población -más del 80% de los japoneses estaba en contra de su celebración- y luchar contra el mayor rebrote de la covid-19 antes y durante la celebración de las competiciones. A pesar de las dificultades, la organización y el Gobierno japonés han demostrado su capacidad para que los Juegos transcurrieran con normalidad, aunque la ausencia del calor en las gradas, del griterío y del aliento del público han condicionado las pruebas. Una situación anómala a la que han tenido que amoldarse los deportistas, quienes tuvieron que esperar cinco años -y no cuatro- para cumplir un sueño olímpico que obliga a múltiples sacrificios y a una tensión a veces insoportable. Simone Biles es el ejemplo claro de la dureza del deporte de élite. Su retirada de todas las pruebas de gimnasia, salvo en barra donde consiguió el bronce, fue un shock. La gran estrella mundial de este deporte se retiró por problemas de salud mental. Dijo basta, hastiada de la presión, sacando a la luz ese lado desconocido del deportista de alta competición y recibiendo el apoyo y el cariño de colegas e instituciones. España ha cumplido su propio objetivo de medallas con 17 preseas, en la línea de las 17 de Río o las 18 de Londres. Y entre los medallistas, tres navarros: Eduardo Gurbindo, Mikel Merino y Jon Moncayola. Sin embargo, y a pesar de las alegrías dadas por nuestros deportistas, es una demostración de que el modelo deportivo español debe afrontar una renovación y, sobre todo, una mayor inversión. El Plan ADO creado para Barcelona’92 está obsoleto y su aportación ha sido mínima (22 millones de euros). Es necesario inculcar más el deporte desde las edades más tempranas y dotar de los suficientes recursos económicos a las federaciones y a los clubes -sobre todo de los deportes minoritarios- para que trabajen con las bases. Es vital trabajar desde ya para la próxima cita olímpica: París’24.

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