"Al animalismo le importan tanto los animales que a veces parece que les importan muy poco las personas"
Artículo de opinión de Chapu Apaolaza

Actualizado el 18/05/2021 a las 06:00
El 9 de julio de 2016, Víctor Barrio vio el encierro de Pamplona por televisión en su casa de Sepúlveda. Quería correr en Santo Domingo. Antes de ser torero, había sido corredor en la cuesta infinita de los encierros de su casa. Por la tarde, Pamplona rugía a lo lejos como una máquina pasada de vueltas bajo la enorme pupila del cielo que recorta la cubierta verde de la monumental. Él toreaba en Teruel. El frío llegó por wasap. Un toro había cogido a Víctor Barrio de mala manera. Raquel esperaba en la puerta de la enfermería y se decía que los toreros ya no mueren de las cornadas, y sí. Una concejal de Catarroja reenvió a Facebook las fotos del momento con un mensaje en el que se alegraba de que hubiera dejado de matar.
Ahí comienza un periplo por los juzgados en el que la concejal es condenada a pagar 7.000 euros a la familia del torero. Sus recursos terminaron ayer con la confirmación de la condena ayer por parte del Tribunal Constitucional. Entiende que su comentario no tiene “anclaje en el ejercicio de la libertad de expresión”, que no era necesario para exponer su punto de vista antitaurino y que mostrar las imágenes del momento de la muerte donde el torero mostraba signos evidentes de dolor y celebrarla con “un cierto alivio” no hizo más que añadir dolor al que sentían sus familiares.
El problema no consiste tanto en lo que uno pueda sentir por la muerte de un animal, como ante la muerte del ser humano. Uno de los mayores reproches que llegan desde el mundo antitaurino es el de la falta de empatía del público de las plazas al presenciar la muerte del toro. Se da la circunstancia de que con cierta frecuencia le dan a uno lecciones de buenos sentimientos gente que en su perfil de Twitter muestra fotos de un toro matando a una persona. Que se joda. No entiende que asista a la muerte de un animal alguna gente que alberga el deseo de que les pongan las banderillas a mi bebé, a mi perro y a mí mismo, por supuesto y que sueñan con que me cuelgue de un pitón un Miura en la Cuesta. Al animalismo le importan tanto los animales que a veces parece que les importan muy poco las personas.