"ERC se niega a que el gobierno de la Generalitat que presidiría Aragonès se someta a Puigdemont"
Mientras el independentismo continúa enredándose entre renovar su pacto o ir a nuevas elecciones, sigue poniendo en entredicho la gobernabilidad de España

Actualizado el 14/05/2021 a las 06:00
Las elecciones del pasado 14 de febrero en Cataluña fueron convocadas porque había un Gobierno de coalición integrado por Junts y ERC incapaz de sustituir a Quim Torra, un presidente judicialmente inhabilitado. Tres meses después ni la pandemia, ni la crisis económica y social, ni la propia descomposición institucional han sido razones suficientes para alumbrar una mayoría al frente de la Generalitat. En apenas dos semanas -26 de mayo- acaba el plazo que aboca a nuevos comicios. El independentismo debería dejar de proclamar que ganó el 14-F porque lleva años mostrándose incapaz de articular una política propiamente dicha. Si ERC, Junts y la CUP no han conseguido ponerse de acuerdo para administrar las amplísimas competencias de la Generalitat no es solo porque luchen encarnizadamente entre sí por el espacio electoral que generaron a partir de 2012 al despertar expectativas de una pronta arribada a la república catalana. Es sobre todo porque, de tanto enarbolar sus objetivos secesionistas, ya no pueden gobernar juntos las prerrogativas que el Estatut y la Constitución conceden a Cataluña. Porque son incapaces de impulsar políticas constructivas sin quedar a cada paso paralizados en el ensimismamiento independentista y en el señalamiento de España como causa última de todos los problemas. Esta semana, los tres grupos independentistas han pactado un acuerdo de mínimos para reencauzar la negociación, ya con el tiempo en contra. Se trata de volver a empezar. Reúnen los diputados necesarios para formar mayoría de gobierno, pero ERC se niega a que el gobierno de la Generalitat que presidiría Aragonès se someta al superior y arbitrario imperio del Consejo de la República, una entelequia fastuosa y vacía presidida por Puigdemont que representaría la legitimidad republicana al margen de los procedimientos. Lo extraño es que la sociedad catalana no se percate de que está siendo maltratada por sus representantes, a quienes no les importa que el desgobierno crónico desde hace varios años haya provocado en Cataluña un deterioro y un declive inquietantes.