“Lo que molestaba del festival de las Ventas eran los toros, y no los contagios"

Actualizado el 05/05/2021 a las 06:00
De los toros se sale toreando y el domingo salimos de Las Ventas viviendo. El festival benéfico en Madrid duró más de tres horas y cuando íbamos por la segunda, entre toro y toro la banda tocó ‘Por la puerta de Alcalá’ -“y los nardos apoyaos en la cadera”-, y tuvo algo de la Chica Yeyé de Madrid, no sé qué: un impulso. Tenía la tarde el corazón a favor y una cosa tierna de vuelta a la vida por la que el Siete hasta le pegó una ovación a El Juli. Las Ventas aparcaron por un momento lo de ser el Supremo y el Constitucional del toreo y también un consejo de guerra con dos paradas de Metro en la puerta. Porque Madrid, que a veces es la del gesto de cabreo, el pañuelo verde traído de casa y el puñetero atasco, tiene un corazón que no le cabe en el pecho y si quieres que te diga la verdad, Las Ventas por mayo tuvo algo de Domingo de Resurrección.
Las Ventas es un Madrid pequeño, redondo y de ladrillos a escala emocional que replica esa mala leche y al mismo tiempo esa manera de ser para todos. Es aficionado de Madrid el de Pamplona, el de Ciudad de México y el de Palma de Mallorca. El del PP, el del PSOE y el del PNV. Entre ellos se reconocen a sí mismos las pasiones y las raíces mutuas en un Triángulo de las Bermudas del toreo que va desde la estatua de Fleming hasta la Puerta Grande y desde el Siete al Dos, milagro del entendimiento de España. Madrid es una sensación y una congoja que gente de todo el mundo siente cuando se asoma antes de la corrida a la Puerta Grande alta como la roca Tarpeya y por un momento se da cuenta de que la vida va en serio. Después de la corrida, se desparrama camino de la ciudad por Donde Leo y por donde haga falta, discutiendo y toreando.
Andaban los chavales después de los toros en esa explanada con los pantalones de pitillo, la hormona, la guapura y la insolencia de acudir a un espectáculo a contracorriente de lo contemporáneo. Lo que molestaba del Festival de Las Ventas eran los toros, y no los contagios. Eso es lo que los hace interesantes.