"¿Ahora hay que seleccionar qué barrios son adecuados para según qué partidos?"
Editorial de Diario de Navarra

Actualizado el 12/04/2021 a las 06:00
Cuando todavía quedan tres semanas para que los madrileños depositen sus papeletas en las urnas, los partidos y los candidatos han entrado de lleno en una batalla que en más de una ocasión está fuera de los comportamientos democráticos que cabe esperar en una democracia madura. Y desde luego, no hay justificación para la violencia en ningún ámbito y, desde luego, en ninguna actividad política. Que el mitin de Vox en el Puente de Vallecas en Madrid (barrio donde consiguió el 12,8% de los votos en las últimas elecciones generales) acabara con enfrentamientos, lanzamiento de botellas y decenas de heridos habla muy mal del civismo y la tolerancia democrática de una parte de los ciudadanos -y peor aún de los políticos que lo justifican-. Nos puede gustar poco o nada lo que digan los candidatos en una campaña electoral, pero las críticas y el descontento se expresan con la palabra, no a botellazos, y, en última instancia, es el voto el que debe dar cuenta del rechazo o aprecio por sus propuestas. Santiago Abascal fue a la llamada ‘plaza roja’ de Vallecas en lo que algunos -entre ellos Pablo Iglesias- han considerado una provocación. ¿Pero es que ahora hay que seleccionar qué barrios son adecuados para según qué partido? Esa justificación de la violencia porque un partido ‘va provocando’ resulta muy peligrosa, es contraria a toda tolerancia y recuerda a esos inaceptables juicios machistas que acusan a la mujer de ir provocando por su forma de vestir. Tampoco es de recibo que todo un presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de viaje en África, cuestionase la contabilización de los datos de contagios por coronavirus que comunica la Comunidad de Madrid, sin exhibir prueba alguna que respaldase sus palabras. No pasaron muchos minutos hasta que la presidenta madrileña, Díaz Ayuso, le devolviera el regalo con el conocido dicho “cree el ladrón que todos son de su condición”. Con las elecciones del 4-M a la vuelta de la esquina, la guerra sanitaria de nuevo abierta por Sánchez, y respondida por Díaz Ayuso, es claramente una estrategia de confrontación que ofende a las víctimas, no resuelve nada y escandaliza a la ciudadanía.