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OPINIÓN

"Los hombres no pueden ser madre, se ponga como se ponga Irene Montero"

Avatar del Chapu ApaolazaChapu Apaolaza14/03/2021
Las obreras, las políticas, las ministras, las asesoras de Igualdad y las que nacieron hombre. Las niñas, las indígenas, las ingenieras de caminos, las policías, las bomberas, las deportistas y las campeonas de ajedrez. Las mujeres que escriben versos, las mujeres que madruga, las que bailan, las que tocan el tambor en la batucada, las reporteras, las cocineras. Las mujeres pioneras, las mujeres gregarias, las mujeres de la oposición municipal, las mujeres queer, las mujeres trans, mujeres lesbianas, heterosexuales, vicepresidentas del Gobierno, feministas amazónicas, saltadoras de pértiga, mediapuntas agresivas de equipos de fútbol de una ciudad del nordeste de Brasil, delanteras de rugby, consejeras delegadas de las grandes compañías y mujeres escritoras de novela histórica. Todas las mujeres aparecen en el 8M menos la versión más evidente, que es la mujer madre, o es que aparecen por todas las cosas, menos por ser madre. Me faltan, digo, porque las mujeres pueden todas las cosas que puede un hombre, incluso hasta ser hombre, y los hombres pueden hacer las cosas que hacen las mujeres, pero los hombres no pueden ser madre, se ponga como se ponga Irene Montero.
Es curioso que alumbrar un ser humano sea una de las hazañas de la mujer que menos reconoce el feminismo. Incluso, cataloga la maternidad dentro de la categoría de condiciones opresivas del heteropatriarcado. Me extraña -o no- que se defienda la capacidad de una mujer para no ser discriminada por no ser madre, pero no se entiende que no la defiendan si escoge serlo. La maternidad feminista solo está bien vista y defendida si la madre es de un hijo único y le afecta alguna de las condiciones que dificultan la maternidad -la infertilidad, las condiciones de pobreza- y está bien visto si tiene uno o dos, pero abandona la condición de aceptable desde el feminismo si tiene, por ejemplo, cinco hijos. Entonces se convierte automáticamente en una suerte de promotora de la extrema derecha, el nacionalcatolicismo y el cambio climático. Sin esto no se entienden algunas simetrías como que se levante la voz acerca de lo mucho que oprimen a las mujeres los cuadros de desnudos en el Museo del Prado y en cambio el Gobierno recorte el complemento de las pensiones a las mujeres de familias numerosas y nadie diga ‘Esta madre es mía’.
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