Cinco cicatrices económicas tras un año de covid
El nivel de dopaje actual de la economía impide ver todas las consecuencias reales de la pandemia

Actualizado el 28/02/2021 a las 06:00
El año de la pandemia está ya cumplido. Ha sido una carrera de fondo agotadora, y eso con suerte. En cualquier caso, la fecha permite hacer un primer balance de las cicatrices que la covid ha dejado en la economía. Son un buen puñado.
Empleo y caída enmascarada. El empleo es la primera gran herida que causa toda crisis económica. En lo que vamos de pandemia hay 2.600 puestos de trabajo menos en Navarra y el número de parados ha crecido en 5.500. Sin embargo, con ser duras, estas cifras no reflejan toda la realidad. Los ERTEs, usados de forma masiva, han sido un auténtico bálsamo para el empleo en estos meses. El Gobierno de España ha gastado más de 145 millones en pagar los ERTE a un total de 64.600 navarros. Desde los 50.000 trabajadores en ERTE en abril a los 8.500 que quedaban en diciembre.
Un esfuerzo público, con todos sus defectos de tramitación también, que ha permitido sostener el empleo de forma sustancial. Pero que también enmascara la crudeza de la realidad, que no ha terminado de emerger. ¿Cuántos de estos ERTEs se transformarán en EREs? Dependerá del ritmo de recuperación de la pandemia.
Actividad, la crisis va por barrios. La crisis del confinamiento ha traído consigo una caída de la actividad económica como nunca en décadas. Un 11% en España y un 8,3% en Navarra en 2020. Brutal, pero muy desigual.
Tras el regreso a la actividad, tres grandes sectores han sido especialmente castigados en estos meses y lo siguen siendo hoy: la hostelería, el transporte y el comercio. Son los que han sufrido por los cierres quirúrgicos para detener la pandemia (hostelería, más el ocio y la cultura) y por los cambios de hábitos y movilidad (transporte y comercio).
Las ventas de la hostelería ha caído un 47,5% a lo largo de 2020 en Navarra. Es decir se ha quedado, de golpe, en la mitad que hace un año. Y ya han desaparecido 3.100 empleos en este sector, un 17% del total. El hundimiento en el transporte ha sido del 12,5% de su actividad en un año. Y en cuanto al comercio, esta misma semana el sector anunciaba que pueden cerrar este año 1.000 comercios y supondría la desaparición de unos 2.500 empleos.
Consumo hundido y a la espera. El parón del confinamiento, las restricciones a la movilidad y el toque de queda han impactado frontalmente también en el nivel de consumo de los ciudadanos.
El consumo es la gran locomotora de la actividad económica y este año está atascada. En los tres primeros trimestres del año pasado, el consumo de los hogares bajó un 10%. Traducido a euros, 950 millones dejados de gastar en Navarra. La pandemia nos ha vuelto ahorradores “a la fuerza”. No se puede gastar en cenar fuera, ni en viajar ni en muchas otras cosas.
Todo ello ha hundido sectores enteros como el del ocio, la cultura y los espectáculos, la hostelería, etc.. Pero también ha “embolsado” el ahorro. Y los expertos señalan que cuando se abran las puertas de la normalidad, se puede producir una “explosión” del consumo. Es una esperanza.
El dopaje de la economía. Pasado un año, hay muchas empresas que comienzan a ver que su crisis es estructural. Lo que está ahora en riesgo ya no es la liquidez de las empresas (su capacidad de pago en el día a día) sino su solvencia (la capacidad de hacer frente a su endeudamiento).
La banca pública, el ICO, ha inyectado en las empresas navarras en los últimos meses 1.373 millones para avalar a 6.800 empresas y autónomos. Son las famosas Líneas ICO. Han sido básicas para que muchas empresas hayan podido mantener su actividad a pesar del parón y hayan podido pagar a los proveedores o los salarios. Incluso se ha ampliado ya las condiciones del pago. De uno año a dos de carencia y de 5 a 8 años el plazo de devolución, etc.
Pero todo el mundo es consciente de que hay una parte importante de este dinero que no va a ser devuelto. Incluso el propio Estado está empezando a contemplar “quitas”, un debate abierto que la banca no ve con buenos ojos porque piensa que se abre una puerta peligrosa para el sistema. ¿Cuántas quitas y a quién? Nadie lo sabe todavía. También están sobre la mesa las ayuda directas. Pedro Sánchez ha soltado la cifra de 11.000 millones sin ningún otro detalle. Pero este efecto retardado, aún por emerger, supondrá más gasto para el Estado que tendrá que quedarse, aquí también, con la factura. Todos quienes se mueven alrededor de las empresas saben que existe un nivel de “dopaje” en el sistema económico que impide ver las consecuencias reales de la crisis de la pandemia.
Incertidumbres sin resolver. Lo peor, con todo, es la incertidumbre. La pandemia ha extendido a nivel planetario la falta de perspectivas claras sobre la marcha de la economía. Es evidente tras el socavón de 2020, que este año va a ser mucho menos malo y que sienta las bases de la recuperación. Pero el acelerón de la economía que todo el mundo desea se va retrasando camino del segundo semestre del año. El retraso de la vacunación y con ella de la “vuelta” a la normalidad pesan en este final del invierno.
Navarra cuenta con buenas mimbres para estar en primera línea de la recuperación que llega con un tejido productivo industrial potente y menor exposición al turismo, el gran pagano de la crisis. Debiéramos ser capaces, además, de ayudar a sostenerse a sectores que se recuperarán en el futuro (como la hostelería) y de salvar empresas solventes. Ese es el reto.