Navarra, cinco claves sobre las pensiones

Actualizado el 14/02/2021 a las 06:00
Hay debates públicos que son pedagógicos e indispensables, otros insustanciales, algunos irritantes y otros, persistentes. En esta última categoría, sin duda, se engloba el debate pendiente sobre el futuro de las pensiones en España. Ese que nunca terminamos ni de plantear en serio ni, por supuesto, de resolver. Pero no por eso desaparece. Es como el calor que aguanta bajo las brasas. Esta semana hemos publicado los datos de la factura de las pensiones en Navarra en 2020 . Una interesante información de la que extraer algunas lecciones.
Más fallecidos y más pensionistas. Este 2020 ha sido tan terrible como singular por la pandemia. Ha hecho que aumente la mortalidad en Navarra en más de mil personas, la mayoría de los cuales son mayores. Pero, a pesar de eso, no ha llegado a caer el número de pensionistas. Sigue creciendo. Aunque es cierto que este año la pandemia ha estado a punto de invertir la gráfica. Hemos pasado de dar de baja unas 6.400 pensiones a 7.600. La inmensa mayoría, clara, por fallecimiento del titular. Pero las personas que entran en el sistema siguen siendo más de las que salen. El año pasado, 8.100 nuevas pensiones. Así que la diferencia entre altas y bajas se ha estrechado mucho en 2020. Pero es un cambio pasajero, fruto de la pandemia.
Por ello la factura de las pensiones no deja de crecer ni siquiera este año tan especial y mortífero para los mayores. La de este enero en la Comunidad foral ha sido de 163,5 millones de euros para pagar la pensión de 127.000 navarros. El problema es que hace años que el gasto (pensiones) es mucho mayor que los ingresos, que provienen de la nómina de los trabajadores en activo y, sobre todo, de las empresas.
Realidades dispares. ¿Hay una brecha de ingresos entre los pensionistas?. Por supuesto. Hay situaciones para todos los colores. Basta analizar los datos de jubilación del régimen general, que son la “joya de la corona”. En este grupo crece de forma constante en Navarra el número de pensiones “altas” (más de 2.000 euros al mes), que suponen ya unas 20.000 en la Comunidad foral. Pero existen otras tantas pensiones que están por debajo de los mil euros mensuales. Un 30% del total en cada caso . El otro 40%, el mayor bloque, es el que engloba a quienes perciben entre los 1.000 y los 2.000 euros. La realidad de los autónomos, en cambio, es mucho peor, porque el 75% cobra pensiones inferiores al SMI.
La disparidad de las situaciones hace imposible comulgar con mensajes simplistas. Hay muchos pensionistas que lo pasan mal para llegar a fin de mes. Por supuesto. Pero hay otros que tienen un nivel de renta muy superior a la de sus hijos. Es el caso de una pareja donde ambos han cotizado y pueden ingresar más de 4.000 euros al mes. Así que hablar de los pensionistas como una realidad uniforme y necesitada no es real.
Un problema galopante. El problema no ha hecho sino comenzar. Vamos galopando hacia una sociedad más envejecida, con menor tasa de natalidad y con una de las esperanza de vida más altas de Europa. Casi 84,5 años, lo que supone que tras la jubilación a cada navarro le quedan unos 20 años de pensionista de media. Es una realidad demográfica incuestionable, que nos va a atropellar económicamente. El retraso en la edad de jubilación va a ir a más. Ahora ya está en los 66 años.
¿Vamos marcha atrás?. Pero lo que más llama la atención es la resistencia a plantearse en serio que hay que tomar nuevas medidas para paliar el galopante déficit de la Seguridad Social. Es un tema impopular como pocos y, por ello, en esta política cortoplacista no tiene encaje.
De hecho, una de las decisiones que ya se ha tomado en los últimos meses va por el camino opuesto. Es el caso de la reducción de la desgravación fiscal por los planes de pensiones, que desincentiva el ahorro para la jubilación cuando más falta hace. La promesa de sustituir estos planes por unos planes colectivos ligados a las empresas es hoy por hoy un puro deseo.
De Madrid a Bruselas. Y si a algo tiene alergia hoy el Gobierno de España (PSOE-Podemos) es a colocar encima de la mesa, de verdad, sacrificios para controlar de verdad el déficit de las pensiones. Más allá de pasar el déficit de un lado a otro en las cuentas públicas. De hecho, el Gobierno comunica a Bruselas que piensa tomar cartas en el asunto por un lado, y en España, por otro, cada vez que alguien intenta reabrir el debate lo acalla incómodo.
Todos los expertos repiten que es un sistema insostenible. Que estamos generando una bola (20.000 millones de déficit en España el año pasado) que tendrán que pagar otras generaciones. Y quién más claro lo tiene es la propia Unión Europea, que va a demandar reformas claras en este campo (como en otros) cuando España extienda la mano para recibir los fondos europeos con los que recuperar la economía de la crisis que nos azota.