"Vamos perdiendo los culillos de los viales de la de Pfizer y la esperanza"

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User Admin

Actualizado el 26/01/2021 a las 06:00

Pregunta Fernando Simón quién va a un bar a sentarse solo en una esquina. En lo que dice anida una cierta poética del melasudismo; Simón en la rueda de prensa de Moncloa es casi un cuadro de Hopper del Gobierno. Tenía yo la esperanza de que rompiera en poeta de prosillas de servilleta de mesa del fondo y en náufrago de bar, que es el ciudadano más civilizado de todos. Las esquinas de los bares de las que habla Simón tan feamente son el Partenón con servilleteros. Dice Magnífico Margarito que espera que abran pronto los bares de Pucela, a ver si así bebe menos, pero vamos perdiendo los culillos de los viales de la de Pfizer y la esperanza en las diversiones futuras. Era mejor cuando nos decían que no podíamos ir a ninguna parte que ahora que no hay a dónde ir.

Yo creo que a un bar uno va a estar consigo; a conocer gente van los domingueros. El tipo de la barra encuentra su acomodo en su viejo desacompañamiento y en la conversación sin palabras con el eterno amigo camarero que acaba de conocer. Así pasa el tiempo y vive y respira en los retales de las charlas de otros, que son las de uno y las de las multitudes que están dentro de uno: aquella chica, aquel amigo y aquel toro. De adolescente iba con los amigos a los bares a hablar. ¡Menuda pelmada! A los bares va uno a comer, a beber y a vivir, que es morir uno solo o con leche o con hielo y, si es de locos estar solo en una esquina bar, que me prendan el ministerio de Sanidad, o Marlasca, o Margarita. ¡Mejor que me prenda Margarita! Pero dime, ministra, a qué narices va uno a un bar con alguien a oír sus tristezas -o peor, sus alegrías-, pudiendo escuchar al fondo de la barra el lejano clis-clás de cuando se coloca la vajilla, el rugido de la máquina de café o el cascabeleo rítmico de cuando alguien está secando las cucharillas del café con leche, que es a lo que suena España, o sonaba. Nunca fui a un bar a que me dijeran ‘Te quiero’; prefiero escuchar ‘¡Oído cocina!’.

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