El principio del final

Actualizado el 15/12/2020 a las 06:00
Sandra Lindsay se llama la enfermera de Queens a la que han pinchado la primera vacuna de Nueva York. Ante las cámaras, ha puesto cara de circunstancias de primera cita con la historia. Después, ha dicho que espera que sea “el principio del final” de una etapa dolorosa, y ha utilizado el verbo esperar porque ha vivido lo suficiente. Illa también asegura que espera 20 millones de vacunados en España para mitad de año. Nos queda esperar, aunque con poca fe, todo hay que decirlo. En los últimos meses, el Gobierno funciona de tal manera que cuando se dice que es probable que algo no ocurra, es señal de que va a pasar y, en cambio, cuanto más se promete algo, más improbable es. Vamos a necesitar paciencia y respiradores.
Desde que soy un niño, juego a cruzar las piscinas buceando: vaciar los pulmones del aire viciado, inspirar, pero no demasiado, aprovechar el impulso de los pies contra la pared, encontrar el compás de la brazada y guardar la calma cuando se acaba el aire. A medio metro de la pared siente uno que se ahoga. En ese momento estamos. Decía Sara que íbamos a esperar, pero ya no se sabe muy bien a qué. A mí hace tiempo que no me salen las cuentas de la escalera del siete de julio. Cada vez falta más. Se está distribuyendo la vacuna en Nueva York y llevan los camiones ecos de villancico y música de las peñas de San Fermín. En casa ya hemos puesto el árbol y también las nueces. Tiene este año el Belén un aire de salir volando en cualquier momento, como si la mesa se fuera a caer. Vivimos en el asombro de nuestra propia fragilidad.
Cuenta Magnífico Margarito que en Valladolid han multado a un caganer por andar por ahí echándose a perder entre el follaje más allá del toque de queda, y a mí ya me parece, más que Pucela, Judea. El dicho que cuando te llega la hora adquiere últimamente dimensiones no conocidas. Dicen en ‘El Norte’ en el que escribía Umbral que cuando una vecina le recriminó el trance, y desde el lugar se oyó una voz que no era la de Juan que clamaba en el desierto y que gritaba: ¡Roja, hija de puta! A qué razón tanta belleza.