Una oportunidad para desarrollar la creatividad
Hasta los obstáculos y las situaciones inesperadas caben interpretarse como provechosas ocasiones para que afloren la imaginación y la inspiración

Actualizado el 28/05/2020 a las 10:11
Estos días de relativo aislamiento ofrecen una oportunidad única para desarrollar la semilla de la creatividad que todos llevamos dentro. El fenómeno de la creatividad no es solo algo que se enciende y apaga con las horas de entrada y salida que marca el reloj de una escuela, de una empresa o de una reunión de equipo colaborativo. Es una capacidad con la posibilidad de expresarse en cualquier conducta, lugar o momento de la vida diaria. Efectivamente, las acciones cotidianas también pueden convertirse en actos creativos que iluminan el entorno, enriquecen la comunicación, satisfacen ciertas necesidades, ayudan a los demás y resuelven pequeñas dificultades. Estas conductas si se ejecutan con frecuencia pasan a formar parte de un estilo de vida interesante que enlaza eventos e ideas aparentemente dispares, siembra entusiasmo en lo que se emprende y agranda las experiencias y el corazón de las personas; incluso, afecta a sus maneras de ser haciéndolas más conscientes, profundas y dinámicas en todo lo que hacen, sienten y piensan.
En cualquier edad, muchas tareas diarias admiten sugerentes añadidos con sesgos creativos; hasta los obstáculos y las situaciones inesperadas caben interpretarse como provechosas ocasiones para que afloren la imaginación y la inspiración. Así, los niños viven contentos y seguros si actúan envueltos en sus fantasías, inventan cuentos y modos de entretenimiento, dibujan objetos y paisajes, manipulan materiales, preguntan por sucesos que están ocurriendo o juegan siguiendo unas normas con sus hermanos y padres. Con una somera observación se aprecia que casi todas sus “ocupaciones” tienden a mostrar una tilde, una impronta, un rayo de creatividad.
Los jóvenes cuando, sea el caso, ven la televisión con actitud abierta y reflexiva; aprovechan las nuevas tecnologías para el estudio y para combinar vídeos, melodías o fotos; colaboran, en mayor o menor grado, en la solución de cometidos familiares y comunitarios; proponen proyectos novedosos de convivencia; demandan políticas provechosas para los ciudadanos; se adaptan a nuevos entornos y sueñan sobre su futuro, sin duda alguna demuestran una motivación intrínseca sumamente valiosa para descubrir y potenciar su ingenio creativo, lo que les hace sentirse útiles a sí mismos y a la sociedad, conscientes de estar y convivir con ella.
De igual modo, los adultos tienen la oportunidad de promover ambientes cercanos atractivos, máxime en situaciones difíciles. Por ejemplo, añadiendo elementos inesperados a la decoración del hogar; fomentando las relaciones familiares con mensajes optimistas, fluidos y sorprendentes; preparando una comida hogareña, aun sin ser expertos culinarios, con un aspecto distinto en presentación y gusto; anotando, esbozando o retomando las fantasías o los pensamientos más sentidos; dando juego a la frase “qué tal si...” aplicase mis destrezas profesionales a los quehaceres informarles de la vida diaria. En fin, sea que uno cocine, limpie, dialogue, pasee o haga algún deporte, trate de poner en ello atención para que la mente se encuentre ágil y presta para generar novedades.
Las ideas atrayentes, singulares, no son propiedad única de artistas, de científicos, de pensadores. Las tenemos todos. ¿Qué se gana con dejar nuestra fuerza creativa en estado latente, abandonada, en un rincón del cerebro? Conviene ilusionarse por ella y utilizarla lo más posible en cualquier circunstancia con alegría y eficacia. No hemos de renunciar, pues, a vigorizar tales aportaciones cotidianas con el encanto de la imaginación constructiva, ni tampoco a disfrutar al máximo con ellas; las contribuciones no serán revolucionarias, pero sí rentables y significativas y con cierto matiz social.
Esta manera de conducirse refuerza nuestra satisfacción personal y tiende a expandirse, a comunicarse, a vibrar con otras personas, quienes terminan deseando relacionarse con nosotros. Es un buen antídoto para cualquier soledad, tristeza o depresión, pues estamos haciendo, a fin de cuentas, cometidos que fortalecen la propia autorrealización y el afecto por el otro. La estrategia consiste en escucharse a uno mismo (mindfulness), abandonar la indiferencia, combatir las emociones negativas y apartar las “distracciones exteriores” cada vez más intensas. La iniciativa, la originalidad, nos ayudan a ser optimistas, convincentes, sinceros y menos ansiosos. El vínculo estrecho entre la creatividad y una mejor salud física y mental está bien fundamentado, y por ello recomendado, por la investigación psicológica. Que de estos días de “extraño confinamiento” salgamos todos fortalecidos en provechosos valores.
La ONU, al establecer el Día Mundial de la Creatividad y la Innovación, destacó de esta capacidad su vertiente productiva: la “economía creativa”. Nosotros, en esta entrega, nos hemos inclinado por comentar su incidencia en las vivencias cotidianas de las personas y en los beneficios prácticos que proporciona, recordando que nacemos con un talento creativo que podemos desarrollarlo y mantenerlo permanentemente activo. Evitemos que las rutinas del día a día, la apatía o el desánimo lo sofoquen. Ser animosos en la “creatividad pequeña” (little-c), ha de ser sobremanera una prioridad para todos los que deseamos pasar los días de aislamiento con cierta armonía, provecho y esperanza.
María Luisa Sanz de Acedo Lizarraga, catedrática de Universidad en Habilidades del Pensamiento y la Creatividad