Romería 

Tradición y devoción en la romería de Ujué

En su camino a la basílica, miles de peregrinos venidos de Tafalla, Murillo el Fruto, Santacara, Beire y Carcastillo mostraron su admiración a la virgen

Fotos de la Romería a Ujué

91 elementos

Fotos de la Romería a UjuéIRATI AIZPURUA

María Ezpeleta

Publicado el 26/04/2026 a las 19:18

Caminando desde Tafalla, Pitillas, Murillo el Fruto, Santacara, Beire y Carcastillo, la romería de Ujué reunió a miles de personas que salieron de sus respectivas localidades camino a la Iglesia de Santa María de Ujué, donde mostraron su devoción a la virgen.

Una tradición que lleva celebrándose desde 1043 y que ahora se ha convertido en uno de los días más esperados para aquellos fieles.

Este año el buen tiempo acompañó durante todo el camino, además de los nervios y la emoción por poder celebrar de nuevo este día.

Así, entre una marea de cruces y túnicas negras, algunos como Javier Esparza Otazu, romero de Pitillas, no quisieron faltar a la cita. “Llevo viniendo desde los 12 años. Te enseñan desde pequeño y eso es lo que seguimos haciendo un poco por tradición, religiosidad, costumbre… Una mezcla de todo”, explicó Esparza orgulloso por seguir portando la cruz de su tatarabuelo. Una cruz que, según él, tiene “ciento y pico de años y algún agujero”.

Como no puede ser de otra forma, antes de llegar a su destino, los diferentes pueblos se reunieron en la Cruz del Saludo de Ujué, excepto Tafalla que siempre llega más tarde. Para muchos es uno de los momentos más especiales donde aprovechar para reencontrarse y hacerse fotos.

Para Olga Ibáñez Alda, portando la cruz de Carcastillo que antes pertenecía a su padre, la romería es una fecha marcada en el calendario, incluso cuando la túnica decide desaparecer. “Me han dejado una, no encontré la mía ayer”, contó entre risas.

Porque cuando la romería siempre se ha vivido en casa, no continuar con la tradición es impensable. “Yo he venido desde cría. Quitando algún año por circunstancias, porque de adolescente lo dejas. Pero yo siempre, desde que era un moco, y ahora tengo ya cincuenta y dos años”, expresó Ibáñez.

Todos reunidos en torno a una misma cruz, cansados y hambrientos por los largos caminos recorridos desde los pueblos, niños, jóvenes y adultos disfrutaron de un breve descanso antes de continuar con la última etapa.

Antes de volver a ponerse en marcha, Victorino Lanas Napal, procedente de Murillo el Fruto, recordó su veteranía en la romería y el privilegio que para él supone participar en ella. “Llevaré cuarenta y cinco años, más o menos. Desde hace pocos años me ha tocado coger el Cristo porque normalmente lo hacen las casas y la que lo llevaba dijo que ya no lo subía. Yo como le ayudaba al sacerdote me ofrecí y desde entonces llevo la cruz. Dieciséis años haciéndolo”, expresó emocionado. Aunque eso para él casi no es nada. “Hay alguno que es eterno. Quizá lleva cuarenta o cincuenta años. Una burrada”, añadió admirado.

Lo que está claro, sobre todo para Lanas, es que “esto da emoción”. “Tienes la responsabilidad, a todo el pueblo detrás. Te tiemblan las piernas, te dan escalofríos cuando vas llegando al santuario y al entrar en el portillo”, comentó emocionado y pidiendo por poder seguir subiendo a Ujué muchos años más.

En los últimos metros del recorrido, algunos se entretuvieron entonando melodías y otros caminaron impacientes por llegar de una vez por todas a la iglesia. Pablo Sola Oscáriz, de Beire, fue reflexionando en silencio. “Esta tradición nos la enseñaron los abuelos, los padres, los hermanos o el pueblo. Y excepto dos años por cáncer, llevo viniendo unos setenta”, contó.

Para él, la romería no es solo un largo camino en el que pensar, sino “un recuerdo inmemorial de nuestros ancestros. Es identitario y sobre todo religioso. Es epicentro de nuestra fe y de nuestra tierra”, manifestó conmovido.

Preparados con sus capuchones y túnicas negras, los romeros guardaron silencio para mostrar su respeto y se dispusieron en dos filas para su llegada a la iglesia.

Una vez dentro, cada pueblo deleitó a la virgen con una canción dedicada a ella, a la vez que besaban sus medallones.

Así, todos ya reunidos, a las diez y media dio comienzo la primera misa. Presidida por el arzobispo, Florencio Roselló, y el párroco de Ujué, Javier Ecay Armendáriz, la eucaristía no se olvidó de pedir por la juventud, las personas enfermas y, por supuesto, por los romeros de los pueblos presentes.

Ambientada con canciones y alabanzas a la Virgen, la ceremonia terminó al grito de “¡Viva la virgen de Ujué!”. No pudo faltar la jota final Es morenica y galana cantada por todos los asistentes.

Una primera misa marcada por la fe, la historia y la solidaridad

El arzobispo y el párroco de Ujué se sintieron arropados por los romeros y animaron a seguir proclamando la fe en los pueblos

Como cada año, a las 10.30 horas, la Iglesia de Santa María de Ujué se preparó para celebrar la Misa Mayor, la primera de la jornada.

“Esta iglesia es un signo de que la fe resiste a la historia. Ha vencido muchas luchas, muchos problemas y dificultades. Estas piedras seguramente son y han sido testigos de oraciones silenciosas, de lágrimas derramadas y de promesas cumplidas”, expresó el arzobispo Florencio Roselló, encargado de presidir la ceremonia.

Tras sus palabras tuvieron lugar las ofrendas. Tafalla, como símbolo de luz “en medio de un mundo muchas veces a oscuras”, entregó el cirio. Beire, por su parte, ofreció frutos del campo para no olvidar el valor de lo cotidiano. Santacara se encargó de las cadenas que esclavizan al ser humano, aquellas que debemos tener el valor de romper para vivir en libertad. Por último, Murillo y Pitillas entregaron el pan y el vino como ejemplo de dar la vida y amar hasta el final.

Durante la eucaristía, el arzobispo también quiso recordar por qué es tan importante la romería. “Nos habla, sobre todo, de solidaridad. Hemos venido en grupos con nuestros pueblos, nos hemos ayudado, nos esperábamos si alguien se quedaba atrás, compartimos agua, compartimos lo que teníamos. Es un signo de ver al otro como mi hermano, no como mi rival o enemigo. Es solidaridad, es comunidad, es cercanía”, destacó.

Porque, en palabras suyas, ser creyente no debe hacernos sentir vergüenza. “La virgen nos hace perder ese complejo y podemos decir que vamos a un pueblo con nuestras cruces, nuestras túnicas, nuestros cantos y nuestras oraciones”, concluyó.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora