Viejos

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User Admin

Actualizado el 05/05/2020 a las 06:00

Volvieron las oscuras golondrinas y los viejos. Los veo pasear de nuevo desde la ventana de la maternidad de Madrid donde ha venido al mundo un bebé de entre 25.000 ataúdes. Frente al edificio del hospital abre una de esas residencias de ancianos donde la muerte puso sus huevos. Es curioso nacer tanto a este lado y allí morir tanto, como si la vida consistiera en cruzar esa calle. Un paseo.

Una cosa feliz fue ver a los niños por la calle, pero lo que me privó fue ver de nuevo a los mayores de esa Madrid provinciana, pues si cumples suficientes años, todas las ciudades son provincias. Los niños siempre estarán ahí. Estaremos criando malvas y habrá niños por la calle, niños con manos pequeñas, niños bebiendo de las fuentes, pero casi vimos con sorpresa cómo el sábado a las once de la mañana, Madrid -‘fluctuat nec mergitur’, sacudida por las olas pero nunca hundida- se llenó de viejos con sus viejos andares, con su miedo, su mascarilla, la ropa de domingo, la bolsa de plástico, la cojera y la santa. A determinada edad, siempre se camina en pareja, pues todos los viejos son viudos. “Tienen un corazón para dos”, escribió Jacques Brel.

Los ancianos han sufrido la peor parte de esta crisis e, incluso los que se mantuvieron sanos, han pasado semanas mirando en la televisión cómo se hundía el mundo, tomándose la temperatura, esperando a ver si caía una foto del nieto en el WhatsApp, revisando su historial médico, pretendiendo no pensar de qué lado del triaje iban a caer dado el caso. Se contaban los muertos del virus, pero no hay cifras de los muertos de miedo.

Estaban aterrados y ahora les invitamos a que salgan a la calle a ver pájaros. Nunca entendí lo de decirles las cosas a los abuelos como si tuviéramos que darles la papilla, como si de mayores no entendieran. Mi abuela Elena, que vivió tres guerras -dos de ellas mundiales y una civil- no quería cumplir cien años porque temía que llegara la tele a entrevistarla, le pusieran el micro y le hicieran preguntas “como si fuera tonta”. Ahora hay que proteger a los mayores, pero esto supone tratarlos como idiotas. Los viejos no son tontos, solo tienen años.

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