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Opinión
LA VENTANA

Falte lo que falte

Chapu Apaolaza, periodista.
Chapu Apaolaza, periodista.
DN
Actualizada 24/03/2020 a las 06:00

Va a haber San Fermín, ha dicho Enrique Maya, aunque ya veremos cuándo, pues vivimos días tan inciertos que siente uno la necesidad de escuchar que mañana amanecerá por el Este. Han hecho estos días algunos memes sobre el encierro. Antes de correr, uno se siente solo en compañía de muchos y en esta soledad del confinamiento estamos intensa e inesperadamente acompañados. Recuerdo a las ocho menos veinte cruzar una mirada con un tipo que está al otro lado del vallado a dos metros de uno y sentir que vive a años luz. Ahora puedo sostener en mis pensamientos -como Limonov sostenía a los otros- a ese hombre que sale al balcón dos bloques más abajo que es poco más que una sombra. Se mueve al trasluz del neón de la cocina y está conmigo pues, de alguna manera, soy yo. Reconozco esa sensación de extrema e inquebrantable hermandad con otros que experimentan los corredores del encierro, y la sensación de reconocerse cuando en la Cuesta de Santo Domingo, cada mañana personas que habitan mundos distintos, lejanos y en conflicto -gentes que en otros contexto jugarían a despreciarse, a insultarse, a partirse la cara-, se abrazan, se dan una palmada, se desean suerte y se miran como se miran dos hermanos.

Desconozco si llegará pronto San Fermín y cuándo vendrá el bendito momento en que el cava tome el espacio de la lejía. Pero sé que en estos días estamos volviendo a desplegar toda la geometría emocional que rodea al encierro y en general a las fiestas de Pamplona, que son una representación radical de cómo adquirir consciencia del riesgo que vivimos en nuestra existencia, de asumir la relación a veces salvaje entre la vida y la muerte, y de descubrir de cómo el ser humano es capaz de sobreponerse a sus fantasmas para celebrarse. Y así en esta casa del noreste de Madrid, entre los pabellones de Ifema donde se alinean las camas y el enorme frigorífico del Palacio de Hielo donde se va a posar el pájaro oscuro de la muerte, horneamos galletas, bailamos, reímos como si nunca lo hubiéramos hecho antes y nos sentimos vivos. También queremos que llegue San Fermín aunque si cerramos los ojos, ya lo estamos viviendo. Ya falta menos; falte lo que falte.

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