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Opinión
LA VENTANA

Coronamiedo

Chapu Apaolaza, periodista.
Chapu Apaolaza, periodista.
DN
Actualizada 10/03/2020 a las 06:00

En la última carta que nos escribió a sus familiares -“Noviembre, 1914. Zillebecke, Ypres. Al punto de partir hacia una misión peligrosa”-, el teniente Aristides Banastier se sentía solo. La escribía probablemente hacinado en una trinchera con cientos y moriría junto a otros miles, pero a los muertos les dan igual las estadísticas. La muerte visita a los hombres uno a uno, pero el miedo viaja en compañía.

Dicen los científicos que le han hecho la foto que el Coronavirus de Wuhan viste una coronita, pero también tiene un gatillo, que es el miedo. Claro que morirse de Coronavirus da miedo como lo da morirse de cualquier cosa que no sea de risa. El coronamiedo es un temor fundado e infundado como todos, un susto cinematográfico que cabalga sobre imágenes de avenidas vacías, mañanas sin atasco soldados embozados y supermercados sin legumbres. Arranca mentalmente en la distopía apocalíptica china donde tipos con escafandra aparecen arrastrando gente de los pelos por los descansillos y, de ahí en adelante, corre como un hombre en llamas.

Al cierre de esta columna, los sistemas sanitarios de algunos países del mundo están en riesgo de colapsar y España abre los ojos como una liebre en una carretera. Si se toma por sí solo el Covid-19, existen razones que sostienen las medidas que toman los países para evitar que se propague por el planeta, pero hay que entender también la dimensión de las medidas. Cerrar un país provoca una crisis económica a gran escala y esa crisis tendrá sus consecuencias en la población. Morirá gente. Matará el virus y matarán las medidas para detenerlo. Durante la última gran crisis económica en España, pero se calcula que murieron varios miles al año.

También siente uno la tentación de sospechar si esas medidas se sostienen en comparación con las que se toman para evitar otros riesgos. La contaminación, por ejemplo, mata en España al año a más de 20.000 personas, y aquí estamos, conduciendo por Madrid. Así, tipos que tienen relaciones sexuales sin protección, que no han vacunado de la gripe a su madre anciana de la gripe, que llevan una vida sedentaria, escriben whatsapp mientras conducen y fuman un paquete al día vacían de lentejas la estantería del supermercado, por si acaso. Claro que el miedo es libre; no saben cuánto.

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