Humanizar los tiempos de trabajo

En el sector industrial han conseguido mantener horarios dignos, con una tendencia claramente a la reducción del número de horas

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Luis Sarriés

Actualizado el 12/02/2020 a las 15:50

El 10 de enero, bajo el lema “un horario para convivir”, se concentraban los trabajadores de la empresa francesa Conforama, arropados por trabajadores de las grandes superficies de Pamplona, para protestar porque las tiendas de la Morea y de Cañas (Viana) abrían hasta las 12 de la noche y tienen intención de hacerlo, aquí y en toda España, el próximo 3 de julio viernes. 14 horas de apertura al público. La concentración había sido convocada por CCOO. “No podemos dejar a las grandes superficies que nos vayan quitando tiempo de vida”.

Posteriormente, el 14 de enero, CCOO y UGT manifestaban conjuntamente que es un peligroso precedente que puede animar a otras grandes superficies a flexibilizar sus horarios “a costa de los derechos de los trabajadores”.

Es imprescindible que la sociedad civil reflexione sobre los graves riesgos que implica para los trabajadores el que se generalicen estas prácticas. Prácticas que implican una deshumanización de los entornos de trabajo y una falta de respeto a los trabajadores que tienen derecho a armonizar su vida personal y familiar con el trabajo, sin que por eso se mermen las posibilidades de que todos los ciudadanos pueda hacer sus compras en horarios más acordes con las necesidades de las personas. La humanización de los tiempos laborales debería constituir un objetivo irrenunciable en nuestra sociedad.

Tradicionalmente el tercer mandamiento (quién se acuerda ahora de los mandamientos) “santificarás las fiestas” obligaba a todos a descansar el domingo y “fiestas de guardar”, participar en un acto religioso de la comunidad, la “misa mayor”. Evitaba que el trabajo embruteciera al hombre y a la misma sociedad. Pero esos imperativos religiosos han desaparecido.

Vivimos agobiados por las prisas, sobre todo las familias: llevar los niños al centro escolar, ir corriendo y justos de tiempo al trabajo, comer, recurriendo, si no hay otro remedio, al “yo te como” que ofrece el expendedor de la empresa, recoger a los niños a las cinco de la tarde, llevarlos a actividades extraescolares, hacer los deberes en casa. Y, además, llenar la cesta de la compra. No nos queda tiempo.

La sociedad de consumo ha convertido la compra de otros bienes en las grandes superficies en una alternativa de ocio y entretenimiento. “Ir de compras” no significa que se vaya a comprar, sí o sí. Se trata, con frecuencia, de “arreglarse”, pasar el rato, ver escaparates, aprovechar oportunidades y descuentos, comparar modelos, cotejar ventajas de un comercio u otro, conocer la moda o nuevos productos. Ir de compras es un sustitutivo del descanso, y, en la medida en que los centros comerciales abren sus puertas a lo largo del día y de la noche, se convierten en espacios de diversión y ocio, pero pueden provocar desorden en la organización social.

No se trata solamente del impacto en la vida personal y familiar de los trabajadores. Desorganizan el mercado de trabajo, porque crece la temporalidad y se recurre a prácticas de contratación difícilmente de regular por la administración.

Por otro lado, la tendencia en las relaciones laborales es a avanzar hacia un modelo diferente en el que el trabajador pueda conciliar el tiempo de trabajo con sus deberes familiares o con la simple organización personal de su tiempo. Se introducen prácticas que preludian horarios novedosos de trabajo más adaptados a las personas. Se habla de la “semana comprimida”, es decir, trabajar cuatro días a la semana a razón de diez horas cada día. Crece el número de empresas que se inspiran en la filosofía basada en integrar trabajo-familia-vida personal, en la Responsabilidad Familiar Corporativa (RFC), o empresas que consiguen el sello de calidad de Empresa Amiga de las Familias (este año, el premio ha recaído en La Caixa). La tendencia en los convenios colectivos es a humanizar no solo el trabajo, sino también los tiempos de trabajo.

En el sector industrial, las empresas, mediante la negociación con los sindicatos, han conseguido mantener horarios dignos, con una tendencia claramente a la reducción del número de horas anuales que se trabaja y a mejorar sustancialmente las condiciones de trabajo. Después de años de conflicto relacionados con la flexiseguridad han logrado formas de flexibilizar las empresas y los trabajos para atender tareas imprescindibles en las fábricas. Hace, por ejemplo, más de veinte años que la General Motors de Figueruelas (Zaragoza) introdujo la práctica de apagar a las cinco de la tarde todos los ordenadores, para evitar que algunos se excedieran en el tiempo de trabajo. Una práctica que se ha extendido a muchas empresas.

Mientras en España no se aborde, definitivamente, por parte de los partidos la reorganización de los horarios y se adapten mejor a las necesidades personales y familiares, reto que va para largo, es necesario parar de golpe la extensión de malas prácticas, como la apertura del comercio en días festivos y, sobre todo, las jornadas interminables que pueden facilitar las compras, pero que son nocivas para muchos trabajadores.

Y esto es también responsabilidad de los consumidores, que vemos en los comercios empleados y trabajadores remunerados, pero no el rostro humano de la persona que nos atiende.


Luis Sarriés Sanz, catedrático de Sociología Industrial

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