Desempleo y desigualdad
La Comisión Europea ha dado un toque a España y a Italia por la escasa eficiencia de sus transferencias sociales para reducir el riesgo de pobreza

Actualizado el 12/02/2020 a las 15:41
La mayoría de los países europeos han logrado reducir su desempleo a niveles anteriores a la recesión. La tasa de paro en la Unión Europea ha bajado del 7%. Pero pese a la recuperación en la mayoría de los países miembros, Bruselas señala tres excepciones notables: Francia (8,4%), Italia (9,7%) y España (14,1%). Esos tres de los cinco grandes concentran más de la mitad de los desempleados de la UE. España, Francia e Italia suman 8,3 millones de ciudadanos sin trabajo. Eso significaba el 53,3% del conjunto de la UE. La Comisión Europea ha dado un toque a España y a Italia por la escasa eficiencia de sus transferencias sociales para reducir el riesgo de pobreza.
Aun con tasas de crecimiento económico relativamente bajas, Europa sigue creando empleo. El ritmo se ha ralentizado, pero hasta el pasado mes de septiembre, 241,5 millones de europeos estaban ocupados. El nivel más alto jamás alcanzado. El dato esconde, no obstante, dos realidades. En una cara de la moneda, varios países (Alemania, Austria, Holanda, Chequia y Hungría) gozan de pleno empleo con tasas inferiores al 4%. En la otra, los países del Mediterráneo siguen acumulando las mayores bolsas de parados pese al descenso de los últimos años. Es evidente que dentro de la UE sigue habiendo grandes disparidades a nivel regional con algunas zonas de Grecia, Italia y España que siguen registrando tasas de desempleo superiores al 20%. En concreto, los mapas elaborados por Bruselas señalan dos comunidades españolas en rojo: Andalucía y Extremadura.
Una de las secuelas que dejó la recesión en Europa es la precarización de una capa importante de la sociedad. La recuperación no ha evitado que el porcentaje de la población en riesgo de pobreza siga siendo elevado e incluso creciera en 2018 en un millón de personas. En total, 86 millones de personas (el 17,1%) en la UE viven con una renta inferior al 60% de los ingresos nacionales. España es el 5º país europeo con el mayor número de personas (una de cada cinco) en riesgo de pobreza o exclusión social.
Otro problema que afronta la UE es que el empleo temporal ha dejado de ser un trampolín hacia el empleo indefinido, siendo España el país con un mayor porcentaje de trabajadores que sufren temporalidad de forma involuntaria. Y también estamos entre los países donde el paso de eventual a indefinido es más costoso. Poco más del 10% lo consigue en un plazo de tres años.
Cinco años de crecimiento han permitido que España recupere e incluso supere el PIB previo a la crisis, pero la mejoría económica no ha repercutido por igual en toda la población. Mientras que a las personas con alto poder adquisitivo les ha costado salir de la crisis dos años, las personas en riesgo de pobreza se mantienen en esa situación de riesgo diez años después. El peligro de caer en esa situación es mayor entre los trabajadores temporales y los que tienen baja cualificación. Y España no está bien armada para combatir ese fracaso social: el gasto público en prestaciones familiares equivale a la mitad de la media de la UE. El crecimiento del PIB de España de 2014 a 2018 (un 17,5%) sólo consiguió una disminución de siete décimas en la tasa de pobreza. El paro está disminuyendo, pero sigue habiendo exclusión social, porque demasiada gente sigue sin un empleo o con contratos laborales temporales y hay una acusada desigualdad en los ingresos. La desigualdad en España se está recuperando peor que en las anteriores salidas de crisis. Aunque esta vez el Estado y las familias dispusieron de más colchones para amortiguar el golpe, la Gran Recesión ha sido más profunda, prolongada y con un paro más brutal. Lo que puede haber condicionado la recuperación, retardando la corrección de la desigualdad. Según un informe de la Comisión Europea, el 20% de la población española con más renta gana 6,6 veces más que el 20% con menos ingresos, lo que sitúa a España entre los países con más desigualdad por renta de la UE.
Sin embargo, aunque los españoles figuren entre los peores europeos por ingresos, la desigualdad se subsana cuando se contemplan aspectos como la vivienda. Según Eurostat, si se imputa la propiedad de la casa como si fuese una renta simulando el alquiler, España abandona el pelotón de cola. Otro tanto ocurre si se toma la encuesta de riqueza del BCE: España acumula un patrimonio medio mayor que Alemania, Francia o Italia gracias a la apuesta por la vivienda en propiedad. Por sorprendente que parezca, los españoles del segmento más bajo de renta atesoran más patrimonio que los alemanes con menores ingresos. Además, en España la crisis ha provocado una reagrupación familiar que ha amortiguado el impacto en el consumo. Mientras que los hogares más desfavorecidos redujeron el gasto, su consumo disminuyó menos. Es decir: mientras que la desigualdad en ingresos creció, la desigualdad en compras se contuvo debido al soporte familiar. El Gobierno de Sánchez deberá hallar un complicado equilibrio para afrontar el triple reto de seguir creciendo, enderezar las cuentas públicas y reducir la brecha social.
Patxi Aranguren Martiarena, economista