Mirar al hoy, y al mañana

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User Admin

Actualizado el 06/04/2019 a las 09:19

Este mediodía el Gran Premio Miguel Induráin celebra en Estella su vegesimoprimera edición, 16 como Trofeo Ayuntamiento de Estella, 51 como Gran Premio Navarra. Cifras sobresalientes para una carrera de un día en España, y más si se tiene en cuenta las dificultades que atraviesa el calendario ciclista en nuestro país, en cuando a presupuesto, medios y cobertura televisiva se refiere. Al margen de las pruebas nacionales incluidas en el World Tour, Estella es un oásis en medio del desierto.


Quizá los aficionados estelleses, los navarros y también todo el amante del ciclismo que se precie, no somos conscientes de lo que tenemos. Sostener en tiempo y forma -con una buena participación, un recorrido interesante y una cobertura televisiva en directo- no resulta sencillo. Detrás de que hoy salgan 18 equipos a competir, que estén algunos de los mejores ciclistas del mundo, que cada cruce esté señalizado, etc está el trabajo anónimo, callado y desinteresado de toda la gente del Club Ciclista Estella, con Mitxelena a la cabeza. Justo es reconocérselo.

La clásica que hoy se celebra en Estella muy probablemente no sería realidad tal como la vemos sin la denominación Gran Premio Miguel Induráin. Llevar el nombre del pentacampeón del Tour y el mejor deportista navarro de todos los tiempos es el aval más seguro. Y debería serlo siempre. Hay pocos nombres en toda la historia que le hayan dado tanto a Navarra en imagen y presencia como Miguel Induráin a lo largo de toda su carrera deportiva y desde 1997 como ciclista retirado. Induráin, pase el tiempo que pase, es un tipo admirado por todo el mundo allí por donde va por su personalidad, su cercanía y autenticidad. Es un intangible de valor cuasi infinito para la Comunidad foral. ¿Hay algún navarro, sea del ámbito que sea, que pasado tanto tiempo siga despertando la empatía, admiración y respeto que Miguel? No.


Parece, por tanto, una cuestión de justicia que las diferentes administraciones, e incluso los patrocinios privados tengan el compromiso de sostener económicamente a una prueba que supone, de facto, el reconocimiento a la figura de uno de los navarros más universales de todos los tiempos. En los últimos 21 años se ha hecho, y sería deseable que perdurara en el tiempo sin fecha de caducidad. Miguel Induráin se merece -y con el paso del tiempo lo valoraremos cada vez más- un gran premio en las mejores condiciones posibles. Muchos memoriales de otros ilustres campeones han ido decayendo en el calendario hasta terminar desapareciendo. Como le sucedió al Gran Premio Eddy Merckx -el ciclista más grande todos los tiempos- que se extinguió en 2004. Con la prueba del pentacampeón nunca debería suceder algo así.

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