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Opinión
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Carta de un colaborador de RTVE

Fernando Jáuregui.
Fernando Jáuregui.
DN
  • Fernando Jáuregui
Actualizada 06/07/2018 a las 06:00

Sé de alguien que colabora en RTVE desde hace años. Varios gobiernos han pasado, socialistas, populares, socialistas, populares, y él sigue. Porque le llaman, sin más. Algunas veces, ahora que lo pienso, ha notado que le llamaban menos, aunque sus amigos directores de programas le aseguraban que querían contar con él, pero que las listas de colaboradores llegadas ‘desde arriba’ eran las que eran. Se susurraba que La Moncloa... Ah, La Moncloa, a la que todos los males se achacan... La persona de la que hablo no es la única que ha notado cómo una de las dos Españas, y luego la otra, le helaban el corazón y las colaboraciones. Y no, no se refiere la persona de la que hablo a este último Gobierno de Rajoy (que también, desde luego), sino al anterior -que tuvo menos culpas que el de Rajoy-, y al anterior -que más- y al anterior al anterior.


Desconocer las injerencias del poder político, y quizá no solamente del político, en los medios públicos, y también, hasta donde pueden, en los privados, son ganas de mirar hacia otro lado. Excelentes profesionales, a los que resultaría imposible achacar sectarismo alguno, quedaron aparcados, precisamente quizá por eso: por ser incapaces de estar en una trinchera, la del poder, combatiendo a la otra.


Luego hemos asistido, boquiabiertos, a este último episodio de presunta ‘entrega’ del gran medio público a Podemos por parte del todavía muy nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que con tal dádiva quizá compensaba favores en el Parlamento, o quién sabe dónde. Ni Sánchez ni el jefe de Podemos, Pablo Iglesias, han salido, hasta ahora, a comentar, para confirmar o desmentir, una cesión que ha sido incluso desvelada por alguna de las personas a las que se ofreció un cargo en nombre de la formación morada, que “ahora controlaremos nosotros”, según un relevante miembro de la misma. Menuda chapuza han hecho: aún hierven, como se dice vulgarmente, las redes sociales ante el atropello. Y hierven también muchos corazones que creen aún que este Gobierno regenerará tantas cosas necesitadas de regeneración.


Y ese al que conozco muy bien, que declara que él siempre ha podido decir lo que le ha dado la gana en los programas en los que intervenía va por ahí ahora practicando el peligroso juego de declarar antiestética, y antiética, esta entrega de un medio público a alguien tan alejado de un concepto sano de la libertad de expresión como Pablo Iglesias. Y ese al que conozco sabe bien de qué habla cuando se refiere al mentado personaje. No quiere que él -no se refiere al partido morado, que sin duda tiene gentes estimables, sino a quien lo comanda- ejerza gobernación alguna sobre asuntos públicos. Porque lo considera un peligro para lo público y una catástrofe para lo privado.


Ahora, ese al que conozco bien ignora si lo que PSOE, Podemos, PNV, PDCat y ERC han hecho ha sido consolidar el regalo a un Pablo Iglesias que lo único que anhela en esta vida es poseer un canal televisivo -y menudo canal, tan bueno, es RTVE; mucho mejor que la Tuerka, sin duda- o si, a la vista del escándalo, se ha dado marcha atrás. Habrá que esperar a ver. Pero, en todo caso, nuestro personaje comparte la aprensión de que nada va a ser lo mismo -y mira que lo mismo no era, ni de lejos, el ideal- en el antiguo ente.


La otra noche, en la propia TVE, expresó sus temores en este sentido ante las cámaras. Pudo hacerlo libremente, pero, seguramente, piensa acaso con fundamento, no se lo van a perdonar. Porque hemos entrado en la era en la que todo se apunta en el cuaderno escolar de ‘buenos’ y ‘malos’. Y entonces, ese al que conozco tan bien como a mí mismo, ha dado en pensar que quizá tenían razón quienes se pasaban la vida presagiando vacas gordas o flacas según quién llegase al control del Estado y sus recursos.

Fernando Jáuregui es comentarista político


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