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Opinión
OPINIÓN

Gramática contra recortes en Salud

José Murugarren
José Murugarren
Actualizada 16/06/2017 a las 12:49

Hubo un tiempo en el que los recortes en Salud se llamaban así, recortes. El pan era pan, el paro era paro y las horas extras de los médicos se denominaban peonadas. La lengua servía para nombrar la realidad. Tenía una función descriptiva. Las cosas han cambiado. El fin atribuido ahora al idioma es disfrazar aspectos difíciles de la realidad. En Salud se trata de maquillar los recortes. Todo para no afrontar que las únicas vías para reducir con éxito las listas de espera siempre son tres: más médicos, más horas extras y enviar pacientes a hospitales concertados. En lugar de abordar los problemas de la Sanidad navarra con dinero los gestores prefieren las soluciones lingüísticas. El cuatripartito se inclina por la fórmula más barata. Utilizar eufemismos.


Hasta no hace mucho cuando un ciudadano tenía un problema dermatológico pedía hora con el especialista. Ahora en muchos centros de salud el médico de cabecera hace una foto de la zona afectada y la envía al dermatólogo para que diagnostique. A esto, un puro recorte, le llaman pomposamente, “interconsulta no presencial”. Un nuevo salto se ha conocido esta semana. La “fisioterapia grupal”. Una denominación casi lúdica, de turismo termal, que oculta un recorte y que se anuncia como si de una mejora se tratara. Hasta ahora cuando una persona sufría problemas cervicales, lumbares, pérdidas de movilidad…, el médico de cabecera valoraba al paciente y lo remitía al especialista, un médico rehabilitador que era quien diagnosticaba y le ponía en manos de los fisioterapeutas. Ya no. Los gestores de la salud en Navarra han decidido meter en una chistera los recortes, mezclarlos con gramática y convertir en una nueva prestación una pérdida evidente de calidad. El último conejo que han sacado de esa chistera es que serán los médicos de cabecera quienes valorarán a los pacientes con dolores lumbares y cervicales. No los enviarán al especialista salvo que griten de dolor. Y ellos mismos, los médicos de familia, organizarán grupos de personas con estos problemas y prescribirán “fisioterapia en grupo”, una especie de quedada regular en la que alguien que no es ni médico especialista en rehabilitación ni fisioterapeuta dirigirá a los pacientes una sucesión de ejercicios. Objetivo: reducir la lista de espera liberando el atasco que padecen los médicos rehabilitadores y los fisioterapeutas del sistema público. En lugar de contratar más profesionales, o pagar horas extras a los que hay o derivar a centros privados…, el cuatripartito apuesta por la lingüística.


La situación es doblemente grave. Por una parte, se niega que el recorte de prestaciones existe. Se maquilla como un logro lo que es una reducción de calidad evidente y se le ayuda manipulando el lenguaje. Quienes lo hacen saben que la lengua es un instrumento poderoso y que maniobrando con las palabras se puede llegar a construir una realidad mentirosa que ayudará a combatir el pensamiento propio de quienes denuncien que todo es un truco de magia. Saben que si controlan el lenguaje muchos acabarán pensando sólo lo que proyectan quienes diseñan la estrategia y eso es precisamente lo que buscan estos gestores sanitarios convertidos en buhoneros de la lengua. Que creamos las cosas como ellos las están pensando, como nos las están contando.

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