Entrevista

Yolanda Torres, vicepresidenta de MTorres y premio empresaria del año de Amedna: "Pude vender la empresa, pero no dudé en seguir"

Desde 2017 es vicepresidenta ejecutiva del grupo MTorres, pero fue desde el fallecimiento de su padre en 2020 cuando tomó las riendas de la empresa. Recuerda en esta entrevista los últimos años con Manuel Torres, del que cuenta que trabajó hasta "el último segundo de su vida", y define como “natural” la sucesión vivida en la empresa familiar

A: EDUARDO BUXENS F: 13 ENERO 2026 L : M TORRES , TORRES DE ELORZ T: YOLANDA TORRES , VICEPRESIDENTA DE M TORRES
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Yolanda Torres, vicepresidenta ejecutiva de MTorres, en la planta de Torres de Elorz, delante de un robot para la fabricación de piezas de fibra de carbono. Al fondo, un prototipo del fuselaje de un avión monocasco. Eduardo buxens
A: EDUARDO BUXENS F: 13 ENERO 2026 L : M TORRES , TORRES DE ELORZ T: YOLANDA TORRES , VICEPRESIDENTA DE M TORRES

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Marialuz Vicondoa

Actualizado el 20/01/2026 a las 15:30

Recuerda Yolanda Torres Lusarreta lo duro y difícil que fue sentarse en la silla y ocupar el despacho de su padre a los pocos días de fallecer. Todo o casi todo permanece igual. Sus fotos profesionales y familiares, las banderas de los países de sus clientes, sus reconocimientos, su título Honoris Causa de la Universidad Politécnica de Cartagena, diversas muestras de sus inventos... Estar rodeada de lo que ha jalonado la historia de su padre contribuye a tenerlo presente en todo momento, especialmente, en las situaciones en que tiene que tomar las decisiones que marcarán el devenir de la empresa que impulsó Manuel Torres en 1975 y que ella quiere seguir impulsando. La vicepresidenta ejecutiva de la MTorres, que lo es desde 2017, ha añadido algo en el que ahora es su despacho, como el premio recibido por haber sido nombrada en 2025 empresaria del año por Amedna (Asociación de Mujeres y Empresarias de Navarra). Manuel Torres murió el 5 de noviembre de 2020 y, desde entonces, al frente de la empresa está su hija. No fue un buen año ese 2020. Tampoco lo fue 2021. A la marcha del fundador se añadió una crisis del sector aeronáutico que llevó a recortes de personal. Hoy la empresa, que fundamentalmente diseña y desarrolla maquinaria para que los fabricantes de aviones produzcan sus piezas, afronta un futuro esperanzador. Con una plantilla de 517 trabajadores, de los 341 están en Torres de Elorz, y una facturación de 147 millones confía en incorporar a 300 personas en tres años y llegar a los 230 millones de euros de ingresos. Además de en el despacho de su hija, Manuel Torres sigue presente también por toda la fábrica. Algunas de sus sentencias cuelgan de sus paredes a modo de mandamientos, como la que recibe al visitante cuando entra en esta fábrica de inventos y tecnología: “Hagamos aquello para lo que se nos ha puesto en la tierra”.

En 2020 diversos factores llevaron a que la plantilla que había de 2017 de 748 trabajadores pasara a 380 en 2022. ¿Cómo lo vivió?

No fue una crisis interna de MTorres, fue del sector. No teníamos deuda, teníamos proyectos. Entre 2019 y 2021 seguíamos vendiendo, pero ya veíamos que llegaba una crisis porque el negocio de la aviación es cíclico, depende de los lanzamientos de nuevos aviones, y estuvo acentuada por varios accidentes de aviones. Estábamos preparándonos para ese ciclo negativo, pero...

Llegó la covid y el parón de vuelos.

Lo que era una pequeña crisis se convirtió en una gran crisis. Seguimos trabajando porque teníamos un proyecto de la francesa Dassault, fabricante del avión Falcon, de 70 millones de euros, que nos permitió trabajar a pesar de la covid. Eso nos salvó. Y que durante esos años seguimos invirtiendo en I+D. Pero lo más duro fue que coincidió con el fallecimiento de Manuel Torres. Al mismo tiempo, mientras mi padre estaba enfermo, yo también ingresé por covid. Estuve a punto de fallecer y me costó cuatro meses recuperarme. Ya ve, no faltó de nada. Pero aprendimos mucho y nos hicimos más fuertes.

¿Cómo se afronta esa situación?

Mi padre había enfermado en 2016. La empresa ya estaba profesionalizada y las personas continuaron con su trabajo. Antes de fallecer, mi padre ya sabía que había que afrontar una reestructuración. Y eso es lo que hicimos. Fue muy duro prescindir de gente y estar en boca de todo el mundo porque somos una empresa que se ha caracterizado por la discreción.

¿Qué aprendió?

Que cuando tienes un gran equipo y llega un ciclo negativo puedes recuperarte. Aprendí el valor del equipo.

¿Fue fácil la sucesión de la empresa en una situación así?

Ya estábamos trabajando en ello, por eso me habían nombrado en 2017 vicepresidenta. No se hizo de una forma explícita, pero sí tácita. Cuando murió mi padre en 2020 no tuve ninguna duda de que con el equipo directivo, el consejo de administración y la plantilla teníamos que recoger ese legado y seguir adelante con la compañía para su continuidad. El mayor cambio fue el fallecimiento de mi padre. Mi madre le sucedió como presidenta y los demás seguimos trabajando como hasta ese momento. Manuel Torres ya nos estaba entrenando desde años antes para lo que por ley de vida podía suceder. Se había rodeado de un equipo muy bueno que fue clave en la sucesión. La clave no fui yo, fue el equipo.

¿No pensó que era el momento de vender?

No, nunca. No teníamos ninguna duda de que podíamos y que teníamos que sacar MTorres adelante. El factor más crítico era que quienes trabajaban con nosotros siguieran creyendo en el proyecto y retener el talento. Mi padre nos dejó las cosas muy claras en este sentido. Muchas veces tuvo la oportunidad de vender y nunca quiso. Cuando murió asumimos que era nuestra responsabilidad seguir al frente de la compañía.

¿Tuvieron ofertas en ese momento?

Siempre las hemos tenido.

¿Qué le hubiera gustado ser si no llega a ser la hija de Manuel Torres?

No lo sé porque esto que me rodea ha sido toda mi vida. Desde muy pequeña he vivido alrededor de mi padre que, además, era empresario. En la empresa se hizo una zona de recreo y veníamos los fines de semana. Mi padre trabajaba o hacía deporte, comíamos y pasábamos la tarde. Fue innovador al hacer dentro de la empresa un velódromo donde hemos andado en bici. También había una pista de tenis y un frontón (que ya no están)... De pequeños jugábamos en las naves, entrábamos y salíamos.... Hemos crecido aquí, nos llevaba a sus viajes cuando tenía que visitar clientes... Recuerdo salir de una reunión y decirnos: “Hijos míos, ya nos podemos ir de vacaciones”. Lo decía porque acababa de vender una máquina. En eso hemos crecido y no te planteas que podía haber sido otra cosa. 

¿Sabía que iba a ser su sucesora?

No. Creo que eso nunca lo piensas. Desde 2017 me tocó trabajar mucho más codo con codo con mi padre. Poco a poco hizo que de una forma tácita me fuera posicionando para esa función. Ha sido fruto del trabajo con él. 

¿No se pensó en su hermano como sucesor?

Mi hermano había decidido irse a dirigir el negocio en EE UU, donde sigue. Eso también condicionó la decisión. En nuestro caso surgió de forma natural fruto de una confianza surgida en los últimos años. No fue una confianza de toda un vida, sino del último periodo, cuando nos tocó trabajar mucho juntos. Porque yo llevo 35 años aquí y en tanto tiempo tienes momentos buenos y otros menos buenos. Evidentemente, en la empresa y en la familia hay muchas diferencias y no siempre hemos estado de acuerdo en lo fundamental. En ninguna empresa familiar todo es fácil, ni siempre hay entendimiento. No sé qué podía tener Manuel Torres en su cabeza en los diferentes momentos de su vida porque pudo cambiar de opinión mil veces. Además, tampoco era un hombre que expresara lo que pensaba. Cuando enfermó de leucemia en 2016 mi relación con él se estrechó porque trabajamos muchos meses en la clínica. La habitación se convirtió en el despacho. Mi padre trabajó hasta el último segundo de su vida. A través de la enfermedad nos descubrimos y generamos una confianza profesional muy estrecha. Nunca hubo una conversación sobre si yo iba a sucederle. Sucedió así, de forma natural.

¿Su hermano hubiera querido ser su sucesor?

No lo sé. Mi padre nunca nos hizo sentir que éramos miembros de una empresa familiar. Él era el líder y nosotros éramos sus hijos o sus empleados. Nos dio la oportunidad de desarrollarnos como empleados y miembros del consejo. Nunca quiso que nos sintiéramos herederos de nada.

Las virtudes de su padre están contadas. Pero, ¿qué le reprocharía?

Como padre y jefe he podido no estar de acuerdo con él. Pero no creo que pueda reprocharle nada porque todo lo hizo con el mejor de los sentimientos. He aprendido de él incluso de lo menos bueno. He tenido mucha suerte de nacer en la familia en la que he nacido y de poder desarrollarme en el entorno que me he desarrollado. Mi padre me ha dado muchas oportunidades de conocer gente, empresas, sitios, para crecer como persona y profesional. Por eso no le podría reprochar nada. Ni como padre ni como jefe. Eso no quiere decir que estuviera de acuerdo con todo.

¿Y qué le reprocharía él a usted?

No haber sabido aprovechar las oportunidades que he tenido.

De niña, ¿sentías que era privilegiada, especial, con un padre especial…?

No, nunca. Porque mi padre era mi padre y para mí era normal que fuera así. He ido descubriendo sus capacidades cuando he sido mayor. Mi padre nos educó dentro de una normalidad. Todo lo que podía ganar como empresario lo invertía en MTorres. Él vivió toda la vida de un salario y hemos crecido como una familia normal, dentro de que podíamos tener una capacidad determinada, pero sin privilegios. Cuando hemos empezado a trabajar en la empresa y estar en contacto con nuestros clientes es cuando nos hemos empezado a dar cuenta de que nuestro padre era especial. Seguimos siendo una familia normal con la diferencia de que nos dedicamos a esto. Vivimos de nuestro salario y seguimos reinvirtiendo los beneficios en la empresa.

¿Le comparan con su padre?

Seguramente que me han comparado mucho, pero nunca me ha importado. Porque sé que somos muy diferentes. Yo nunca me podría comparar con él. Por eso, si lo hacen, no me importa. Yo sé quién era él y quién soy yo. Sé qué es lo que él ha hecho y sé lo que yo puedo hacer.

¿Qué va a hacer? Él decía que hay que hacer aquello para lo que se nos ha puesto en la tierra.

Yo lo que siento es que tengo que, desde mi función, liderar el futuro y el crecimiento de MTorres. Eso no significa que yo vaya a estar siempre, pero sí tengo que asegurar el futuro de la empresa. Es lo que en estos últimos cinco años he tenido muy claro. Sé que es lo que mi padre esperaría de mí. Porque él quería que con su muerte no se acabara su proyecto. Soy muy consciente de la grandeza de lo que mi padre ha hecho. Sé que como empresa pequeña hemos sido capaces de hacer grandes cosas. Mi padre era un ser excepcional que hacía cosas excepcionales, ha desarrollado conocimiento en muchos sectores. Y quiero que ese legado perdure. Quiero asegurar, es lo que la familia queremos, el futuro de MTorres.

¿Tiene momentos en los que le gustaría decir “yo me largo?”

Nunca. A mí me gusta mi trabajo. Tengo esa suerte. Y la de aprender todos los días con mis compañeros.

"Me acuesto tranquila"

¿Cómo se acuesta cada noche sabiendo que de usted dependen más de 500 familias?

Es que no es algo que me haya caído de golpe, con el paso de los años lo he ido interiorizando. Asumimos de forma natural que tenemos la responsabilidad sobre 500 familias. Igual que tienes la responsabilidad de tu familia, la tienes con la empresa. No lo llevas como un peso, sino como una responsabilidad natural, que va implícita en tu posición. Es verdad que 2020 fue muy duro, pero también que en todo momento me he sentido muy acompañada, con muchos apoyos. Siempre me he acostado y levantado muy tranquila pese a los momentos duros. He desarrollado la capacidad de desconectar. Eso no significa que no esté pendiente de lo importante, pero al llegar a mi casa me centro en mi familia. Mi padre era así también. Cuando había un problema, había que buscar la solución. Así lo he hago yo. Cuando he tenido un problema, especialmente, desde que no está, he tenido muy clara su dinámica: afrontarlo, buscar la solución y ponerla en marcha. Siempre rodeada del equipo. Nunca me he sentido sola. Cuando he necesitado algo, siempre he acudido a alguien (consejo, instituciones, empresarios, amigos, familia…) que me han dado un consejo.

¿Esas 500 familias pueden estar seguras en la empresa? ¿Pueden tener la tranquilidad de meterese en una hipoteca?

Yo creo que están tranquilas porque además tienen una visión de lo que hay por delante. De hecho, seguimos contratando y la gente que viene lo hace con la ilusión de crecer con nosotros. También hay que saber que el futuro lo trabajas cada día y que el mañana depende de hoy, que hay una geopolítica que nos influye, que puede llegar otra pandemia... Pero sabemos que, si llega, podremos afrontarla otra vez.

¿Cuál ha sido el último consejo que ha recibido de su madre, Amparo Lusarreta, presidenta del grupo y de la fundación?

Que me cuide. Este final de año ha sido intenso, han coincidido muchas acontecimientos que emocionalmente han supuesto un desgaste emocional y profesional. El 50 aniversario, la Medalla de Oro de Navarra, mi premio como empresaria... “Cuídate hija”, ha sido su consejo más frecuente en los últimos meses.

"Tomar decisiones de empresa sin pensar en la familia"

¿Cómo se consigue que las relaciones empresariales no contagien las familiares? ¿O es una batalla perdida?

Una empresa familiar es una empresa, solo que ligada a una familia. Eso conlleva una gestión emocional. Hay muchas que consiguen una muy buena relación con la familia, aunque no sin dificultades porque en todas las hay.

¿Alguna receta?

Hay que tratar de poner los medios para evitar la contaminación entre empresa y familia, y en esto creo que se está avanzando mucho en general. Lo más importante es separar familia de empresa. Los conflictos que surgen en la empresa no hay que llevarlos a la empresa y al revés. Se puede aprender con entrenamiento y generosidad. Pero también hay que tener las ideas muy claras, saber que la familia es lo más importante y que, cuando se toman decisiones de empresa, hay que tomarlas sin pensar en la familia. Hay que tomar las mejores decisiones para la empresa aunque eso suponga dificultades para algún miembro de la familia.

¿Les ha pasado?

Claro, como en muchas empresas. Y en muchos momentos en estos 50 años. Sí, sí. Pero es natural, forma parte de la vida de las personas. Porque somos personas. Es un aprendizaje. En mi casa, mi padre era mi padre, no mi jefe. Cuando he tenido diferencias con él, que las he tenido incluso en los últimos años, llegabas a casa y hablabas de otras cosas. Al día siguiente, en la empresa planteabas el problema. Es algo muy difícil, pero se aprende. Pasa en todas las empresas, incluso en las que las relaciones son buenas.

Un viaje de idas y vueltas

Su vida ha sido una sucesión de retos. El primero de ellos le llegó en 1994 cuando su padre, al que llama en muchas ocasiones a lo largo de la entrevista por su nombre, Manuel Torres, le ofreció dirigir el departamento de Personal. Tenía 26 años y la empresa, 200 trabajadores. Yolanda Torres Lusarreta había comenzado a trabajar en la empresa familiar en 1991 y fue pasando por distintos departamentos hasta que en 1993 eligió quedarse en el de Personal. Cuando un año más tarde falleció su responsable, José Ignacio Lusarreta, su padre le ofreció la posibilidad de sustituirle y ella aceptó. Desde entonces, se han sucedido idas y venidas porque quiso probar su valía también fuera de la empresa familiar. Por eso, en 2001 decidió emprender un nuevo camino y se incorporó a SIP Logistics como directora de RR HH.

En 2005, ante el crecimiento que estaba experimentando la empresa fue el director general de entonces, Francisco Vidal, quien le llamó. “Te necesito”, le dijo. Y volvió para impulsar la reorganización del grupo con el cargo de directora de corporativa de RRHH. Hasta 2007, cuando decidió nuevamente marcharse para trabajar como consultora independiente.

Regresa en 2013 para hacerse cargo de la Fundación MTorres hasta que en 2017 su padre le ofrece la vicepresidencia ejecutiva, desde donde prepararon la profesionalización y transformación de la empresa. Desde entonces ejerce este cargo, que combina con la dirección de la fundación. Su madre, Amparo Lusarreta es la presidenta tanto del grupo como de la fundación.

Premiada como empresaria del año por la Asociación de Mujeres Empresarias y Directivas de Navarra (Amedna) en 2025, Yolanda Torres se ha formado en el Instituto de Consejeros-Administradores IC-A, en el IESE (Programa de Dirección General), en el Instituto de Empresa (AMP) y cuenta con el curso Superior de Dirección de RR HH de AIN.

 Yolanda Torres nació (9-3-1968), como su padre, en Murcia. Se siente orgullosa de su edad, porque, dice, es conocimiento y experiencia. Cuando su familia se trasladó a Pamplona ella tenía año y medio. Estudió en el colegio Las Francesas, hoy San Cernin. Los estudios de Derecho y Relaciones Laborales los compartió con el trabajo. Casada con Pedro Flamarique, es madre de Javier Pezonaga Torres, de 29 años, que trabaja en la fundación, y de Alberto Pezonaga Torres, médico de 27 años. Es abuela de Emily, de 7 años. Tiene un hermano, Eduardo (28-1-1971), ingeniero técnico, que es presidente de MTorres América.

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