Tribuna
El ataque de Hamás: un trasfondo geopolítico


Publicado el 16/10/2023 a las 12:54
Hamás, que gobierna de facto la franja de Gaza y que es considerada por la Unión Europea como un grupo terrorista, lanzó el pasado viernes 7 de octubre un ataque histórico contra Israel. Este ataque es histórico tanto por el número de fallecidos israelíes –alrededor de 1300– como por la cantidad de secuestros (que supera la centena), pero sobre todo por el hecho que más de 1500 milicianos de Hamás hayan logrado cruzar el cerco israelí a la franja de Gaza. Un ataque de estas dimensiones no se veía desde la guerra de Yom Kipur de 1973. La pregunta que cabe hacerse es: ¿Por qué ahora?
Es cierto que las tensiones entre israelíes y palestinos llevan exacerbándose durante los últimos meses, pero ese hecho por sí solo no basta para explicar los objetivos que busca lograr Hamás con este ataque. Podemos encontrar un principio de respuesta en los últimos acercamientos entre Israel y Arabia Saudí. Los saudíes han sido históricamente uno de los principales adalides de la causa palestina, pero actualmente se encuentran inmersos en un proceso de negociación mediado por Estados Unidos para llegar a un acuerdo internacional con el Estado hebreo, lo que conllevaría el reconocimiento de Israel por parte de una de las principales potencias regionales en Oriente Medio. Este acuerdo se sumaría a la iniciativa conocida como los Acuerdos de Abraham, por la que distintos países árabes como los Emiratos Árabes Unidos, Baréin o Marruecos acabaron reconociendo al Estado de Israel.
Sin embargo, detrás de este ataque hay que ver más allá de la pérdida de un aliado fundamental del pueblo palestino. Arabia Saudí compite por el dominio de la región con otra potencia con la que rivaliza no solo en poderío militar, sino también en el ámbito religioso: la República Islámica de Irán. Es importante recordar la importancia de Arabia Saudí en el Islam no solo por albergar varias sedes sagradas como La Meca o Medina, sino porque además defiende la corriente Suní dentro de la religión islámica, diametralmente opuesta a la Chií que defiende Irán.
Tanto Israel como Arabia Saudí ven en el régimen de Teherán su principal amenaza, y unos y otros se enfrentan apoyando a bandos opuestos en distintos conflictos como la guerra civil de Yemen. Además de esto, Irán apoya económica y militarmente a diversas milicias, como el Hizbollah libanés o el propio Hamás, con el objetivo de desestabilizar a sus enemigos.
Por lo tanto, no es casualidad que esta ofensiva de Hamás y los bombardeos subsiguientes de Hizbollah contra Israel hayan tenido lugar precisamente en el momento en el que los dos principales rivales regionales de Irán estaban cerca de firmar un acuerdo a su vez histórico, que –como se pudo ver precedentemente en el caso de Marruecos– probablemente conllevaría una dimensión militar significativa, algo que la República Islámica no podría permitir. El régimen iraní lleva décadas reuniéndose periódicamente con Hamás y Hizbollah para desarrollar su potencial militar, y la última tuvo lugar cinco días antes del ataque a Israel.
Así pues, los objetivos geopolíticos de este ataque son claros: implosionar las perspectivas de un acuerdo entre Israel y Arabia Saudí, desestabilizar a los dos rivales de Irán que más poder tienen en Oriente Medio y finalmente revitalizar la causa palestina que veía como poco a poco iban decayendo sus apoyos internacionales.
Mientras tanto, la respuesta de la Unión Europea ha estado plagada en los últimos días de divergencias, matizaciones y actos unilaterales discordantes. Hemos visto a Oliver Várhalyi (comisario Europeo de Vecindad y Ampliación) anunciar la suspensión de toda ayuda al desarrollo destinada a Palestina, para luego ser desmentido, tras las reclamaciones de Estados como España o Francia, por el portavoz de la Comisión Europea y por Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea.
Hemos escuchado a la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, proclamar el apoyo total de la Unión a Israel para días después tener que rectificar subrayando que toda represalia israelí debe de llevarse a cabo siguiendo los principios del Derecho Internacional, y comunicando a su vez que triplica las ayudas humanitarias de la UE a Palestina.
Hemos presenciado como las cámaras grababan el desplazamiento a Israel de la Sra. Von der Leyen junto a Roberta Metsola, la presidenta del Parlamento Europeo, para materializar el posicionamiento de la UE cuando ni una ni otra poseen las competencias para representar internacionalmente a la Unión, las cuales corresponden al presidente del Consejo Europeo y al Alto Representante Borrell.
En medio de tanta disonancia, plagada de luchas intestinas entre instituciones por convertirse en la voz internacional de la UE, ¿quién va a creer en la Unión Europea como actor geopolítico?
Marcos González Barastegui es adjunto a Relaciones Institucionales de Equipo Europa