Opinión

Elecciones europeas de 2024: un referéndum sobre la política climática

Mauro G. Ferrándiz
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Mauro G. Ferrándiz

Actualizado el 28/08/2023 a las 09:56

Las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2024 podrían marcar un hito en el balance de poder en Europa. El avance de las tendencias ultraconservadoras y de extrema derecha, junto con la deriva hacia posiciones más extremas de la democracia cristiana, plantea la posibilidad de una coalición inédita que podría socavar la ambición de la política climática de la Unión.

Desde las primeras elecciones al Parlamento Europeo mediante sufragio universal directo en 1979, la mayoría conformada por el Partido Popular Europeo (PPE) y la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) ha gobernado la Eurocámara. Esta «gran coalición» al estilo alemán ha sido clave para dotar de cierta coherencia y estabilidad a la institución, garantizando la prevalencia de los valores europeos y la moderación del debate político en Europa.

Los resultados de las elecciones europeas de 2019 imposibilitaron la reedición de esta gran coalición, obligando a democratacristianos y socialdemócratas a recurrir al apoyo de la Alianza de Liberales y Demócratas (ALDE) para garantizar la gobernabilidad de la Eurocámara. Los efectos de esta reconfiguración de las mayorías en el Parlamento Europeo se han extendido inmediatamente a otras instituciones, donde los liberales han logrado afianzar su influencia.

Este ha sido el caso en el Consejo Europeo, presidido por Charles Michel, miembro del partido liberal belga «Movimiento Reformador», así como en la propia Comisión Europea, en la que la liberal Margarethe Vestager —cabeza de lista de ALDE en las elecciones de 2019— ostenta una de las dos vicepresidencias ejecutivas y la preciada cartera de Competencia.

El reparto de los máximos puestos institucionales entre los principales grupos políticos es, por tanto, una práctica establecida en la Unión Europea. La novedad surge ante la posibilidad de que estas instituciones estén controladas, e incluso presididas, por líderes de partidos abiertamente euroescépticos y radicalmente contrarios a las políticas climáticas que han definido la actual legislatura como el Pacto Verde Europeo.

Este intento de reconfigurar el statu quo que ha definido históricamente el control de la Eurocámara parece contar con el respaldo de Manfred Weber, actual presidente del PPE. Tras su fracasado intento de alcanzar la presidencia de la Comisión Europea en 2019, Weber ha liderado una deriva progresiva del PPE hacia posiciones más radicales en determinadas materias.

El punto álgido de este experimento ideológico tuvo lugar en julio de 2022, cuando la Ley de Restauración de la Naturaleza logró superar por un estrecho margen el intento de veto promovido por el PPE junto con los grupos ultraconservadores y de extrema derecha en el Parlamento Europeo.

La norma propuesta por la Comisión Europea, liderada por la democratacristiana Von der Leyen, se enfrentó durante meses a una intensa oposición por parte del PPE y, en particular, del propio Weber. El empeño por obstruir la tramitación de la norma —de vital importancia para la preservación de los ecosistemas europeos— alcanzó niveles tan extremos que incluso agrupaciones empresariales vinculadas a los sectores potencialmente susceptibles a los efectos de su implementación manifestaron su desacuerdo con los planteamientos presentados por el PPE en oposición a la norma.

Pese al fracaso del PPE, este primer ensayo electoral en pos de consolidar una mayoría alternativa conservadora en la Eurocámara, con la colaboración de la extrema derecha, debe concebirse únicamente como un preludio del potencial nuevo equilibrio de poder que pudiera definir el proceso legislativo europeo después de las elecciones de 2024.

Las últimas encuestas recogen cierta caída del PPE y ALDE, en beneficio del Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), el grupo de no adscritos y, en menor medida, el grupo de la Izquierda (GUE/NGL). Por el contrario, S&D parece ser el único grupo de la actual coalición que no perdería escaños en la Eurocámara.

Aunque las predicciones parecen respaldar la consecución de una mayoría absoluta por parte del bloque europeísta, la aproximación de los democratacristianos a los conservadores en Europa, replicando la tendencia a nivel nacional en países como España, introduce incertidumbre sobre la reedición de la coalición moderada forjada en 2019.

En todo caso, la consolidación de la nueva alianza entre PPE-ECR dependerá tanto del apoyo del grupo de extrema derecha «Identidad y Democracia» (ID), una línea roja para los partidos tradicionales, así como de «Renew Europe» —el considerado sucesor de ALDE— quien tendría en su mano determinar la mayoría ganadora en la Eurocámara.

El éxito de la nueva coalición de derechas liderada por el PPE no es cierto y se enfrenta a una enorme oposición, incluso entre los propios democratacristianos. No obstante, en el caso de que se materialice, podría poner en riesgo los importantes avances en política climática conseguidos durante esta legislatura, así como la culminación de las reformas pendientes del Pacto Verde Europeo —todas ellas indispensables para alcanzar la neutralidad climática del continente para 2050.

Mauro G. Ferrándiz es analista de política energética y climática, y socio de Equipo Europa.

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