Opinión
Europa y sus medidas de comercio internacional


Publicado el 06/02/2021 a las 11:08
Estamos en plena controversia generada por los temores en la UE a que una parte de las vacunas para combatir la pandemia que puede recibir se destinen a otros países. Se habla de limitar la exportación de vacunas, si estas son elaboradas en la UE. Aunque se trata principalmente de un tema de salud pública, coincide en el tiempo con un momento de indefinición y debate sobre cómo debe ser en los próximos años la política comercial europea, que es la que rige para nuestro entorno.
Un breve repaso a la historia reciente nos muestra en los años 90 a una Unión Europea entusiasta, como muchos, del multilateralismo. Se buscaba llegar a acuerdos comunes simultáneamente para muchos países. La Organización Mundial del Comercio era la institución que canalizaba este entusiasmo, hasta que llegó la reunión de ministros de Comercio en Doha (Qatar), en 2001. Allí se acordó abordar un volumen enorme de temas comerciales y abrir proceso de negociación que implicaba consenso en una institución que agrupaba entonces a más de 150 países. La falta de acuerdo en esos temas durante los años posteriores hizo que tanto la UE como muchos otros países cambiaran su estrategia comercial: a mediados de la primera década de este siglo, el bilateralismo, el llegar a acuerdos con otro socio, ocupó las horas de los negociadores de la Comisión Europea.
En una primera fase del bilateralismo, la UE buscó acuerdos con economías dinámicas asiáticas, como Corea. Luego el foco lo dirigió hacia las economías de mayor tamaño, como EEUU, Japón o Canadá. Todo ello con el nombre de “Una Europa global” con el que Bruselas bautizó a esta política. En 2015 se produjo en cambio. Con una nueva estrategia denominada “Comercio para todos”, desde Bruselas se buscaba utilizar los acuerdos comerciales para promover “valores europeos” (sic), como el desarrollo sostenible, los derechos humanos o la promoción del comercio justo y ético. Y, aunque pueda parecer sorprendente, esta política está siendo exitosa y sobrepasa el ámbito del comercio internacional. Ha dado origen a lo que se ha denominado el “efecto Bruselas”.
La capacidad legislativa de Bruselas (pieza clave en la justificación británica para su brexit), resulta que está influyendo mucho en el diseño de las leyes de muchos países. Simplificadamente, un país que debe definir una norma determinada, toma como primer referente lo que han legislado esos 27 países europeos, tan diferentes entre ellos, pero que consiguen llegar a acuerdos consensuados en casi todos los temas. Aunque la UE ya no sea el centro del mundo económico, ni el centro cultural, está siendo la referencia legislativa. Efecto Bruselas. Y los acuerdos de la UE en comercio internacional estarían ayudando a consolidar está influencia.
Desde mediados de 2020 la UE está en un proceso de revisión de su estrategia en política comercial. Sus dos principios más relevantes son que, primero, debe ayudar a aliviar la situación post-covid, y segundo, que debe ser un modelo de “autonomía estratégica abierta” para evitar, entre otras cosas, la falta de suministros durante épocas de crisis. En la pandemia esto está siendo llamativo: respiradores, mascarillas… y ahora vacunas.
¿Qué principios éticos marcarán la estrategia comercial de los próximos años? Tengo mis temores sobre cómo actuará la UE. Por ejemplo, en el acuerdo comercial firmado con Corea en 2011, la UE le exigía que en unos años Corea se adhiriera a unos acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo sobre condiciones laborales y de sindicación de los trabajadores. Sería un ejemplo de tratar de introducir “valores europeos” en otro país. Hace unos días un panel de expertos entregaban a la UE un informe en el que señalaban que Corea no había ratificado esos acuerdos. ¿Va por ello la UE a paralizar el acuerdo de libre comercio con Corea?
Otro ejemplo: hace unos días Bruselas informaba que, tras siete años de negociación, se había llegado a un acuerdo comercial con China sobre el tema de inversiones. En ese acuerdo se introducen exigencias en ratificación de convenciones internacionales vinculadas a “valores europeos”. ¿Qué prevé hacer Bruselas si China no cumple?
Y otro ejemplo para pensar en el diseño de la futura política comercial: el comercio internacional de productos farmacéuticos y médicos, que siempre ha sido complicado. A la vista de lo que nos está pasando, ¿incluirá la nueva estrategia comercial algunos principios éticos sobre productos como las vacunas o los respiradores? No olvidemos el efecto Bruselas. El mundo observa. Y tal vez nos imite en el futuro.
Antonio Gómez Gómez-Plana
Profesor de Comercio Internacional de la Universidad Pública de Navarra