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Afectados por el cierre de Nano: "Somos padre e hijo, y cada uno sufrimos por el futuro del otro"
Testimonios de trabajadores de la factoría de Tudela tras el anuncio del cierre que afecta a 120 empleados


Publicado el 12/02/2025 a las 05:00
El ablitero Cecilio Antón Ruiz, de 60 años, comenzó hace 39 trabajando en SKF. En 2011, con la venta de la línea de aros de rodamiento en la que era operario, pasó a KPF y, en 2014, a Nano. Ahora ve cómo esta trayectoria parece abocada a su final. “He pasado por todas las crisis que nos han tocado vivir durante estos años, y parece que esta va a ser la definitiva, pero vamos a seguir luchando”, indica Antón, casado y padre de dos hijos.
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Uno de ellos, Sergio, también trabaja en Nano, firma a la que se unió hace 8 años. “En este tiempo hemos ido encadenando presiones, huelgas, denuncias... Y eso que la empresa tiene carga de trabajo, pero no hay manera de que nadie la reconduzca”, afirma este joven ablitero de 30 años, soltero pero, como él indica, “con hipoteca”.
Ahora, y si finalmente la factoría baja la persiana de forma definitiva, tanto al padre como al hijo se le presenta un futuro incierto ya que ambos deberán encontrar trabajo. “Hay que seguir e intentar lograr otro empleo, pero viendo la situación que estamos viviendo en Navarra en general y en la Ribera en particular, no va a ser nada fácil”, indican ambos, quienes concluyen diciendo que “somos padre e hijo, y cada uno sufrimos por el futuro del otro”.
Villar Sesma Bozal, Laura Valdajos Matellanes y Maite Vicente Gómez: "Vamos a luchar por nosotras, pero también por el futuro de la Ribera"


Ellas tres son unas de las pocas mujeres entre los 120 empleados de Nano. Son la corellana Villar Sesma Bozal, de 51 años; la palentina Laura Valdajos Matellanes, de 37; y la castejonera Maite Vicente Gómez, de 31, quienes ayer estuvieron al pie del cañón junto al resto de sus compañeros tras el anuncio del cierre de la planta.
Sesma, casada y madre de dos hijas, lleva 12 años en la empresa y ahora es la única mujer en el departamento de producción. “Cuando entré en esta planta pensaba que me jubilaría aquí, y todavía no tiro la toalla, porque espero seguir se llame Nano o Perico el de los Palotes”, apunta la corellana, quien asegura que “vamos a luchar por nosotras, pero también por el futuro de la Ribera”.
Una Ribera por la que en 2017 apostó la palentina Laura Valdajos, empleada en el Laboratorio, quien dejó su trabajo en la factoría de Renault en Valladolid para venir a Nano. “Sentía que en Navarra podía tener un futuro mejor que en Castilla y León y, además, quería trabajar en una empresa como esta, donde la plantilla es una familia”, afirma Valdajos, soltera y sin hijos, quien todavía cree que su futuro está en la Ribera. “Por eso vamos a seguir peleando”, indica.
También soltera y trabajadora del Laboratorio es la castejonera Maite Vicente, quien lleva 9 años en Nano. “Yo también me quiero quedar aquí. Esta es mi tierra y quiero luchar por ella”, asegura.
Sebastián Martín Pastor: "Cuando SKF vendió esta planta, sabíamos que moriría en breve"


Sebastián Martín Pastor es sincero a la hora de valorar la situación abierta con el anuncio del cierre de Nano y la posición en la que puede quedar él.
A sus 61 años, este tudelano de adopción que nació en Bilbao, está a dos de la prejubilación tras haber trabajado 40 años entre SKF, KPF y Nano. “Si finalmente la planta cierra, a mí me va a quedar una salida digna, ya que iría al paro dos años y engancharía con la prejubilación..., pero siento muchísimo lo que están sufriendo mis compañeros que, con todo lo que hemos sufrido estos años, son mis amigos”, apunta.
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Martín recuerda con especial desazón cuando SKF vendió su línea de producción de aros de rodamiento a KPF en el año 2011. “Todos los que estábamos en esa línea fuimos vendidos. Entonces tenía 48 años, dos críos pequeños, y un piso recién comprado. Fue una situación complicada”, afirma Martín, quien reconoce que ya entonces “sabíamos que esta empresa moriría en breve”. “De hecho, apenas 2 años después llegó el concurso de acreedores, luego la compra por Nano y, después, todo el sinvivir que hemos padecido. Nadie pensaba que esta aventura iba a durar 14 años”, apunta Martín.
