Empresas navarras

Un argentino y una navarra, detrás de la cadena de cafeterías Coffing

Detrás de esta cadena de cafeterías están el argentino Manuel Spucches y la navarra Myriam Borda Antoñana

Myriam Antoñana y Manuel Spucches, socios de Coffing, en la cafetería de la calle Aralar, en Pamplona
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Myriam Borda Antoñana y Manuel Spucches, socios de Coffing, en la cafetería de la calle Aralar, en Pamplona
Myriam Antoñana y Manuel Spucches, socios de Coffing, en la cafetería de la calle Aralar, en Pamplona

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Marialuz Vicondoa

Actualizado el 23/03/2024 a las 10:19

Más tiempo para cantar. Es lo que quería Manuel Spucches, que cada semana acude a San Sebastián a ensayar con el Orfeón Donostiarra desde hace 17 años. Esta fue una de las razones que le llevó en 2016 a dejar la empresa Berlys-Taberna, donde trabajaba desde que llegó a Navarra en 2002.

Nacido el 2 de mayo de 1983, en La Paz de Argentina, la afición a la música le viene de su madre, Graciela Rey, pianista. Tanto de ella como de su padre, Alberto Spucches, ambos con diferentes negocios empresariales, Manuel aprendió el valor del trabajo. Pero, ante la situación del país y con 19 años, decidió que, si quería prosperar en la vida, tenía que marcharse. Dejó la universidad, donde había comenzado a estudiar Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas, hizo las maletas y voló a Pamplona. “Para buscarme la vida”, dice. Empezó con buen pie porque aterrizó precisamente un 7 de julio de 2002. Le alojó uno de sus cuatro hermanos, Carlos, que ya vivía en esta ciudad con su pareja, Hebe Béliz.

Con ellos también empezó a trabajar ya que eran titulares de una franquicia de una Tahona, del grupo panadero Berlys-Taberna. Fueron tiempos en los que compaginaba tres trabajos con los estudios de FP de Gestión Comercial y Márketing que cursó en el centro Mariana Sanz. Hasta que en 2005, con los estudios terminados, pasó a ser titular él mismo de otra tienda de Berlys, El Molino, en la Rochapea, que mantuvo durante seis años hasta que pasó a regentar ‘un taberna’ en Serafín Olave. En 2014 la cambió por El Horno Artesano de la Plaza del Vínculo, hasta que en 2016 decidió dejar el grupo panadero y lanzarse con su propio negocio. “Tenía inquietudes para crecer, mejorar y traer un producto a Pamplona que no había entonces, el café de especialidad. Se trata de una categoría que es valorada por expertos. Solo el 20% del café del mundo es de este tipo”, explica. “Su precio es algo más elevado que el resto por lo que al principio costó que el cliente entendiera que iba a pagar más por su café que en otros cafeterías”, recuerda.

Los socios de las cafeterías Coffing de Pamplona cuentan su historia
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Los socios de las cafeterías Coffing de Pamplona cuentan su historiaBEGOÑA GOITIANDIA
Los socios de las cafeterías Coffing de Pamplona cuentan su historia

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Pero Manuel Spucches tenía más motivos para lanzarse a su propia aventura: “Quería un negocio adaptado a mi vida. Y poder cerrar los domingos”. Ahora podría dedicarle tiempo a interpretar el Réquiem de Verdi y la segunda sinfonía de Mahler, sus obras favoritas, entre otras.

Si el 31 de agosto de 2016 dejaba El Horno Artesano, el martes 13 de diciembre de ese mismo año (una fecha, como la de su aterrizaje en Pamplona, también fácil de recordar) abría el primer Coffing, en Castillo de Maya 48, al que se hizo asidua Myriam Borda Antoñana (Pamplona, 15 de mayo de 1975). Tanto que, sin reflexionar mucho, reconoce, un día se hizo socia.

Alumna de Ursulinas (actual Liceo Monjardín), Myriam Borda estudió Derecho en la Universidad de Navarra. Después de un MBA cursado entre Madrid y Oxford, se quedó a vivir en Londres durante tres años. En este tiempo hizo un poco de todo, desde vender tarjetas de teléfono a sanwichs en una cafetería. En 2002 volvió a Pamplona y se casó. Aquí vivió hasta 2010 cuando, con su marido y sus tres hijos pequeños, se fue a Nueva York hasta 2014, cuando regresaron a Pamplona. Estuvo trabajando en empresas familiares hasta que se topó de repente con el proyecto de Coffing.

Además de esta trayectoria, Myriam Borda aporta a esta nueva actividad, en la que está inmersa desde 2020, las vivencias de su infancia y adolescencia. Su segundo apellido, Antoñana, le liga a la historia de lo que fue la cadena de supermercados SúperMabo, propiedad de sus padres y sus tíos. Hija de Araceli Antoñana y Antonio Borda, y sobrina de Juan Mari Antoñana, la mediana de tres hermanos, recuerda su infancia ligada al negocio familiar y a sus padres dedicando gran parte del día al trabajo. “Casi vivía en la tienda. Después del cole, iba al súper, en la calle Bergamín, donde veía a mi madre cómo trataba a los clientes. Era un espectáculo mirarla. El negocio se vivía en mi casa, solo se hablaba de eso. El comercio yo lo llevaba dentro desde pequeña porque era lo que veía. Pero de eso me he dado cuenta ahora, no lo sabía entonces”, señala. Como tampoco sabía, antes de iniciar la aventura Coffing, que iba a ser capaz de llevar este negocio adelante. “Si me llegan a decir que iba a hacer esto, no me lo hubiera creído. Alucino conmigo misma”, reconoce todavía sorprendida, mientras responde en el móvil los continuos encargos de sus clientes. “El que tiene tienda que la atienda”, recita hoy la frase de su madre y que pone en práctica cada día.

Los dos socios se muestran satisfechos con el resultado de esta aventura compartida. Conocen a sus clientes por sus nombres, saben dónde van a estar sentados y a qué hora. “Formamos parte de su rutina, de su vida. Y eso produce mucha satisfacción”, dicen. Y reconocen que, aunque el negocio es “duro y difícil”, también tiene “un punto mágico que lo hace muy gratificante”.

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