Maneras de emprender

Titare, el local de la Rochapea que da una nueva vida a las prendas que se van a desechar

Isabel Pérez Rubio, murciana afincada en Pamplona de 29 años, ha creado Titare, un proyecto comprometido con la moda sostenible

Isabel Pérez Rubio sobre una de las mesas de trabajo de Titare, su taller de moda sostenible asentado en la Rochapea
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Isabel Pérez Rubio sobre una de las mesas de trabajo de Titare, su taller de moda sostenible asentado en la RochapeaJ.C. Cordovilla
Isabel Pérez Rubio sobre una de las mesas de trabajo de Titare, su taller de moda sostenible asentado en la Rochapea

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Irune Abadía Esain

Publicado el 07/11/2026 a las 05:00

“La costura la solemos relacionar  con una generación ya pasada, pero ahora hay un auge de personas que quieren aprender el oficio y volver a usar las manos”, explica Isabel Pérez Rubio (Murcia, 1997). Ella llegó a Pamplona hace alrededor de once años para estudiar Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra. Ahora, se va a cumplir un año desde que abrió Titare (‘dedal’ en euskera), un local en la Rochapea tejido con la pasión de crear conciencia sobre el valor de darle una segunda vida a aquella ropa que se piensa desechar. La iniciativa se divide en una marca propia de moda sostenible y la oferta de diferentes talleres y cursos de confección.

“A mí me interesaba emprender en moda, pero, claro, decía ‘es que yo no quiero hacer ropa’. No es que no desease fabricarla, sino que no quería generar más producto porque es una industria totalmente saturada”, argumenta la joven. Tras trabajar varios años en comunicación y redes, le surgió la oportunidad de tomar parte en un taller de confección de maillots de gimnasia rítmica: “Pensé ‘esta es mi oportunidad’. Entonces, me empecé a formar más. Encima, como había hecho gimnasia toda la vida, sabía del tema”.

De manera genuina, los primeros hilos que empezaron a suscitar su interés se remontan tiempo atrás. Con una abuela costurera (María Verdú), recuerda cómo de pequeña recibía cantidad de trajes a medida. “A ver, en mi casa siempre se ha tuneado la ropa y es verdad que, de joven, con 20 años o así, yo ya cosía porque mi hermana (María) tenía una máquina que nunca utilizó y me la quedé yo. Sin embargo, mi madre (Ángeles) no tiene ni idea de coser, pero sí que toda mi familia es como muy artista, la pintura se les da muy bien…”, añade. Su padre se llama José Enrique y tiene otros dos hermanos (José y Ángel).

EL MUNDO DEL 'UPCYCLING'

No fue hasta aterrizar en aquel primer puesto dentro de la industria, cuando vio la sostenibilidad como una base imprescindible. “Ya me interesaba antes, pero al estar en una pequeña empresa, puedes ver ahí la cantidad de residuos que gestionan y te das cuenta de la magnitud. Muchas veces sabemos los datos. ‘Sí, el 15 %’, pero ¿cuánto es el 15 %? No te lo puedes ni imaginar. Pueden ser millones de toneladas. Así que yo quería hacer algo con esas sobras”, explica. Isabel se empezó a formar en emprendimiento y en moda, en concreto realizó algún curso de "upcycling" (proceso de reutilizar prendas viejas, telas sobrantes o materiales de desechos para transformarlos en piezas nuevas de mayor valor o calidad).

Esta lluvia de ideas la compartió con su pareja, Joseba Meabebasterretxea. “La idea de la marca vino porque mis suegros tenían mucha ropa de trabajo —mi suegro es minero y mi suegra también ha trabajado en fábricas—. Por eso, mi pareja y yo nos encontramos con mucha ropa en el "baserri". Al final, te das cuenta de que la ropa de trabajo son excedentes que no tienen una salida porque la mayoría es ropa usada, con logos, que no se puede volver a vender”, cuenta mientras señala una pila de pantalones de obra apilados para tratarlos en su taller.

De cara a futuro, está trabajando en ofrecer ese servicio de reutilización a empresas para que no tiren su ropa vieja de trabajo o sus excedentes y puedan convertirlos en "packaging" —proceso de diseño, creación y producción del empaque y embalaje de un producto— u otras soluciones de diseño.

Reconoce, eso sí, el miedo inevitable que tuvo antes de emprender, el peso de la incertidumbre del ‘¿y si no es rentable?’. “Es cierto que yo ya había testeado antes de lanzarme si esto podía interesar o no y cuento además con el apoyo de mi familia y mi pareja, pero hay gente que no puede emprender de la misma forma, que no tiene un apoyo por si todo sale mal, que no puede arriesgar su dinero. Me acuerdo que los locales estaban carísimos, todo desorbitado. La verdad que está difícil para la gente joven poder tener un espacio y vivir de ello”, aclara.

CLASES DIVULGATIVAS

Además de la marca, Isabel tuvo claro que quería ofrecer talleres: “Las empecé porque mucha gente puede comprar, pero sin tener ni idea del proceso que hay detrás. De ahí la necesidad de la divulgación”. A día de hoy, con la ayuda también de Laura Montes, otra diseñadora, ofrece dos tipos de cursos: anuales —hora y media a la semana— y monográficos —días concretos enfocados en aprender una sola técnica o trabajar una prenda concreta—. Este año, los anuales tienen el aforo completo, 70 personas divididas en grupos reducidos a lo largo de la semana.

Las clases las divide en tres bloques: accesorio, falda y cuerpo. "La idea es empezar con un monedero, por ejemplo, pero, a partir de ahí, cada una plantea lo que quiere. Igual unas hacen una riñonera; otras, una mochila; otras, coleteros, fundas de cojines para casa… hay un montón de cosas para hacer y para aprender. Vemos cómo poner una cremallera, cómo hacer un forro, un bolsillo, un dobladillo o cómo coser un roto", ejemplifica la joven.

Si Isabel tiene que definir el perfil de sus alumnos, el rango de edad lo concreta entre los 22 años y los 80 (se ríe). “Es que viene gente súper distinta, no me lo esperaba. Muchas quieren aprender lo básico, no ser grandes diseñadoras. Quieren poder reparar su ropa, hacerse cosas básicas que les gusten porque muchas veces estamos dentro de un círculo de trabajo, comer, casa, salir… que no tenemos tiempo de parar tres horas para hacer algo manual, creativo. Así que creo que de alguna manera es un espacio donde dedicarte tiempo. A mí me parece súper guay ver como en una misma clase se juntan todas. Normalmente, las mujeres que tienen de 50 para arriba recuerdan técnicas de confección que les habían enseñado en el colegio. Claro, las jóvenes se quedan flipando. Es bonita esa interacción”, detalla.

“Quiero que la gente de Pamplona, de alrededores, pueda tener una opción de consumir o de formarse sosteniblemente si lo quieren. Sería cambiar un poco la mentalidad, que sé que es difícil porque es la batalla de lo caro frente a lo barato. Muchas alumnas dicen: ‘Joe, es que la camisa costaba 60 euros’. Y yo digo: ‘¿Cuánto te ha costado a ti hacer un monedero? Haz cálculos’”, puntualiza cercana Isabel. Generar esa conciencia y vínculo era uno de sus objetivos: “Al final, al tener un espacio físico se hace mucho barrio, estás mandando un mensaje, que también es algo político, ¿no? Como una moda lenta, otra forma de consumir, de hacer las cosas. Y esa era un poco la idea detrás de la marca, unir los oficios y a los trabajadores de manera local”.

DNI
​Isabel Pérez Rubio
es la creadora de Titare, un proyecto de moda sostenible. Nació el 11 de septiembre de 1997 en Murcia. Llegó a Pamplona en 2015 para estudiar Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra y, desde entonces, ha empalmado diferentes trabajos en la Comunidad. Especializada en "upcycling" y sostenibilidad, preside la asociación Moda Sostenible Navarra, que nació hace un año. Se ha formado en cursos de producción y redes, y actualmente estudia euskera.

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