Maneras de emprender
La joven investigadora del CIMA que ha dado vida a una escuela de flamenco en Barañáin
Tras 30 años taconeando, la pamplonesa Jennifer Barranco Martínez ha inaugurado su propia academia en Barañáin, trabajo que compagina con el de técnica de investigación en el CIMA


Actualizado el 16/01/2026 a las 11:34
La pamplonesa Jennifer Barranco Martínez (1992) –en la imagen que aparece unos párrafos más abajo, enfundada en su primer traje de flamenca– ha caminado toda su vida de la mano del baile. Como un compañero fiel, le ha acompañado desde la niñez, pasando por los años de estudiante, hasta convertirse en la mujer, madre, investigadora y profesora de danza que es hoy. “Y sigo inscrita en el conservatorio –Escuela de Danza de Navarra– como alumna. Siempre hay que seguir formándose”, insiste. Admite que solo los embarazos de sus dos hijos le han hecho parar de bailar “y uno coincidió con la pandemia”, dice, entre risas. Tras 30 años como alumna y 17 como profesora, en septiembre decidió dar un paso más en este matrimonio de por vida y formar su propia escuela en Barañáin. No ha dejado de lado, ni piensa, su trabajo como técnica de investigación del CIMA.
Lo lleva en la sangre, explica. “Mi padre vino desde Huelva a Pamplona a hacer la mili y se enamoró de mi madre. Él tenía 19 años y ella 16. Y el baile entró en su vida”, cuenta. A ella el flechazo le llegó con tan solo 3. “Acompañé a mi madre a inscribir a mi hermana mayor a clases, me solté de su mano y me puse a bailar. La profesora le dijo: ‘Déjamela, a ver qué hace’. Y ya no paré”, explica. Su primera escuela fue ‘Danza, Danza’, en San Juan. También se formó en la Casa de Andalucía, “cuando estaba en La Milagrosa”, y con profesoras como Sandra Gallardo y Mónica Méndez. Pasó a la Escuela de Danza de Navarra, y ahí sigue, como alumna.


Conforme pasaron los años, el baile le entregó su primera independencia. “Estudiaba y trabajaba a la vez. Empecé a los 16 años dando clases por diferentes civivox, el Club de Tenis o instalaciones deportivas de la zona, uno en cada punta. Cumplí 18, me saqué el carné y ya me pude mover por más zonas”, recuerda. “Era puro ocio también, no te creas. Fueron los primeros trabajos para tener dinerillo, sacarme el carné, comprarte el coche, etc. Con eso era feliz”, continúa.
Y de adulta le otorgó su punto de escape. “Tengo una carga grande de trabajo por la mañana, a lo que sumo la de madre, la casa... y la escuela me hace olvidar y desconectar”, describe. “Pero no solo funciona así para mí, sino para mis propios alumnos. Es recíproco, ellos vienen agobiados de su trabajo, corriendo, y llegan a clase, donde se encuentran con buen ambiente, y salen con otra perspectiva. Da igual dónde hayan aparcado o lo que tienen que preparar para cenar. El baile tiene un poco eso, es terapia”, aclara. “Y aporta muchísima alegría”, añade.
MONTAR SU PROPIA ESCUELA
Explica Jennifer que, a pesar de este matrimonio de por vida con el baile, la idea de abrir su propia escuela no era algo que le hubiese rondado por la cabeza jamás. “Fue cosa de mi marido. Me solía decir: ‘Te voy a buscar una bajera para que des clases’. Yo le respondía siempre lo mismo: ‘Que la vida está muy cara y los locales, más. Y hacer una obra desde cero, ni te cuento’. Soy ese tipo de persona que prefiere tener poquito y estable que mucho”, cuenta.
Pero la suerte llamó a su puerta el verano de 2025 y lo hizo en Barañáin. La escuela de salsa que ocupaba el local del bajo número 4 de la avenida Rascacielos se quedó vacía. Los anteriores dueños se mudaron a otro local, y Jennifer vio la oportunidad de abrir algo para sus alumnos sin hacer obra. “No es una inversión en la que me haya dejado la piel. Me permitía montar un negocio y arrancar. No ser solo la simple profesora, sino tener también el mando. Poder dar más clases, aunque sean más horas, y que los alumnos estén cómodos y yo les enseñe desde otra parte más personal”, dice. Actualmente cuenta con 11 grupos para adultos y niños de distintas modalidades, “un 90 % de sevillana y flamenco”.
Pero no todo ha sido suerte. “Ha sido muy duro también, porque aunque hay ayudas, todavía no la hemos percibido”. “Todavía estoy sin sueldo. Lo hago porque también tengo otro sueldo de sustento. Pero entiendo que, para personas que tengan que emprender de cero, tiene que ser muy doloroso”, termina.
Jennifer Barranco Martínez nació en Pamplona el 2 de septiembre de 1992. Es hija de Mª Isabel y de Juan Peña. Tiene dos hermanos, Estíbaliz y Juan Peña. Está casada con Miguel Ignacio Fernandino y tiene dos hijos:Sofía y Sergio. Estudió en el colegio Camino de Santiago de Zizur Mayor. De ahí pasó al IES Zizur Mayor y al CIP Donapea, donde cursó un grado medio de Técnico de laboratorio y un grado superior de Radioterapia. En la actualidad es técnica de investigación del CIMA y ha dado vida a una escuela de danza en Barañáin, donde imparte clases.