Maneras de emprender

Un joven diseñador de 25 años, relevo para el diseño de novias en el Ensanche de Pamplona

El joven diseñador Miguel Biurrun tomó la riendas de la tienda de novias Veladas hace año y medio y ha conseguido “mantener su esencia”

Miguel Biurrun López, de 25 años, posa en su atelier en la calle Felipe Gorriti de Pamplona junto a dos de sus diseños de invitada.
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Miguel Biurrun López, de 25 años, posa en su atelier en la calle Felipe Gorriti de Pamplona junto a dos de sus diseños de invitada.
Miguel Biurrun López, de 25 años, posa en su atelier en la calle Felipe Gorriti de Pamplona junto a dos de sus diseños de invitada.

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Begoña Goitiandia

Actualizado el 22/02/2025 a las 00:21

No se puede describir al joven diseñador pamplonés Miguel Biurrun sin hablar de referentes cinematográficos como Maléfica o Cruella de Vil, o de su colección de unas 80 muñecas barbies “contando modelos comunes y de coleccionista”, aclara. “Mi interés por el mundo de la moda surgió a raíz de ver a Glenn Close en ‘101 Dálmatas’, tendría unos 6 años”, cuenta. Y ahora pasa las horas entre patrones, telas y agujas en la parte trasera de su taller, en la calle Felipe Gorriti, donde tiene su atelier. Con tan solo 23 años, tomó las riendas de la tienda de vestidos de novia del Ensanche Veladas y en año y medio ha conseguido darle un cambio de aires, “manteniendo su esencia”.

Todo surgió mientras Miguel confeccionaba el que fue su primer vestido de novia. “Era una conocida de una tía. Me hizo una propuesta y le dije que lo que quería era imposible, pero que si me dejaba le diseñaba el vestido desde cero”, recuerda. Y así conoció a Maika, dueña de Veladas. “Resulta que la madre de mi primera clienta nupcial se estaba haciendo el vestido aquí”, precisa. Coincidencias de la vida o no, él cree que fue cosa del destino. Maika llevaba tiempo buscando a alguien a quien poder traspasar el negocio y que continuase con esa figura de la modista del barrio y Miguel fue el primero que le transmitió que era el indicado. Aunque él no lo supiera entonces. “Hasta ese momento, no entraba en mis planes emprender”, nos cuenta ahora. “Lo pensé mucho y primero le dije que no”, cuenta. Pero algo le hizo cambiar de opinión. “Siempre he sido una persona de tirar para adelante”, se define. Así que la respuesta final fue un sí. Había soñado con tener una tienda o una marca propia, pero continuar un negocio no estaba en sus planes. “Me cayó del cielo emprender”, sentencia.

Cuenta ahora que sigue manteniendo una relación estrecha con Maika. “Todos los días nos tomamos el café”, aclara. Y es que cree que aunque ahora el negocio lleva su sello y ha conseguido darle ese cambio de aires que él necesitaba, sigue manteniendo la esencia del negocio. “Somos dos personas de generaciones distintas, pero nos compenetramos muy bien”, dice. Aun así, explica que tienen muchos puntos en común, sobre todo en lo que respecta al sector de la moda. “Mantengo el trabajo a medida y el trato personalizado”, explica.

“MIMAR MUCHO A LA CLIENTA”

Apostar por el comercio de Miguel Biurrun implica, según describe, un proceso que va un paso más allá de ir a una tienda, probarte mil vestidos y elegir el que más vaya contigo. “Aquí todo es más lento”, aclara. “Mi intención es mimar a la clienta. Que se sienta comprendida”, dice. E intenta guiarlas en el proceso creativo hasta conseguir “su personalización”, precisa. “Siempre les digo que el vestido, desde que se crea hasta que se entrega, no sale de este local”, afirma. Él se encarga del patronaje, la confección, las pruebas, el planchado, y si necesita externalizar algo, apuesta por lo local.

MENTE ABIERTA PARA EMPRENDER

Miguel tiene claro que tras un año y medio con su negocio en marcha, vivir de la moda en Pamplona es muy difícil. Por eso cree que si en algún momento siente que llega el tiempo de terminar con esta etapa, deberá hacerlo. “Si veo que esto ha cumplido su ciclo, ya no me provoca la motivación que me provocaba y siento que necesito un cambio, me parece lícito y algo necesario”, explica. “Todo negocio tiene que evolucionar. A quien le sirva estar en un trabajo haciendo lo mismo 50 años, me parece perfecto, pero creo que mi generación no es esa”, argumenta. “Los tiempos han cambiado. En la generación de nuestros abuelos se empezaba en un trabajo y se terminaba ahí. Ahora dime quién hace eso. La sociedad ha cambiado”, afirma.

Como romántico de lo vintage que es, le da pena que barrios tan comerciales como el del Ensanche se estén quedando vacíos. “Es muy triste ver todas esas bajeras sin negocios”, observa. Apostar por Internet a la hora de hacer las compras “está destrozando el comercio”, cree. “Hace falta un cambio en la visión social. Y ojo, que yo he crecido en la era de Internet y antes pecaba de hacerlo todo ahí, pero hay que pensar que si puedes obtener algo en un sitio local, el dinero se queda en casa”, argumenta. Para combatirlo, cree que hay que apostar por “ofrecer trato humano”. “Este trabajo no consiste en coser y ya. Tener un comercio local hace que el cliente no te vea como un click. Se genera un vínculo mucho más fuerte”, explica. Y ahí está su fortaleza.

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