Maneras de emprender
Hachas personalizadas de la mano de Cristina Bea
La joven ha abierto Toletum Experience en Bearin, un taller en el que ofrece una inmersión entre las fraguas durante cinco horas


Publicado el 25/01/2025 a las 05:00
Un curso de forja con los hermanos Brun (séptima generación de herreros en Irurtzun) le hizo interesarse en el manejo de la forja a Cristina Bea Solana, de 33 años. Todo quedó en un recuerdo, pero años después su afán le llevó a cursar el Título de Futuros Maestros Herreros en la Escuela de Herreros Ramón Recuero en Toledo. Allí descubrió su verdadera vocación, dejando de lado su profesión como diseñadora gráfica para dedicarse al trabajo que sí le hacía “feliz”. Ahora, tiempo después, ha creado su propio taller, Toletum Experience, en el que ofrece la oportunidad de diseñar un hacha desde cero durante una mañana en Bearin sin necesidad de tener conocimientos previos.
La idea de emprender llegó hace un año, lo hizo en un taller de Toledo junto a su compañero Ricardo, donde ambos diseñaron Toletum Experience, añadiendo allí la oportunidad de crear espadas. Cristina siguió formándose, hizo distintos cursos sobre cuchillería y hachas hasta que en 2025 pudo trasladar la experiencia a Navarra. “Al ser un oficio que está desapareciendo, no hay una formación reglada sobre herrería”, explica. Tras muchos años fuera de su tierra natal, decidió volver y arriesgar. Buscó un espacio adecuado a sus intereses, lo reformó y logró abrirlo en enero. Con trabajo y constancia consiguió que la nave número 6 de la carretera de Andía cogiese forma. Montó las fraguas en las que trabajar el metal, los yunques que lo soportan y los bancos de trabajo en los que cada invitado finaliza el proceso de creación.
DISEÑO PROPIO CON APRENDIZAJE
Habiendo pasado un mes desde su apertura, no puede estar más “contenta” con la acogida que ha tenido. Recibe a grupos de seis personas cada mañana durante los fines de semana, algunos llegan juntos y otros se conocen allí, pero todos se llevan su hacha personalizada. Durante cinco horas, Cristina Bea les ayuda a fabricar su propia hacha, la que después utilizarán como elemento decorativo por un precio de 130 euros cada persona, que incluye el seguro.
Una vez llegan los asistentes a Bearin y se ponen los equipos de protección, les toca elegir su diseño. “Tenemos hachas que se utilizan para cortar leña o madera, aunque en menor medida, sabiendo que las nuestras son principalmente decorativas. También tenemos de guerra, que son la gran mayoría, como la danesa, con un pico grande y empuñada a dos manos. Otra opción son las ceremoniales, como el labrys griego, un hacha de doble filo que representa el poder y la religión, con mayor decoración. Y una mezcla entre hacha de guerra y ceremonial sería la tomahawk, conocida por ser un hacha arrojadiza en combates que portaba en un extremo una pipa de la paz de la que fumar”, expone la herrera.
El proceso de creación comienza en las fraguas, donde se lleva a cabo el forjado, dándole forma al metal con el martillo. “Se amolda el filo y la doblez del hacha para posteriormente introducir el remache”, expone Bea. A continuación los aprendices se trasladan a los bancos de trabajo, donde “desgastan el filo con las radiales”. Después “vuelven a las fraguas para cementar el filo, dándole dureza al acero bajo en carbono que han utilizado. Aumentamos el carbono con unos polvos de ferrocianuro de potasio”, explica. Por último se templa el metal y se procede a enmangar el hacha, añadiendo una tira decorativa de cuero todo el que lo desee.
EL RITMO PRECISO DEL FUEGO
Para Cristina Bea, la herrería cuenta con “parte de ciencia y parte mística”. Ella lo relaciona con la tradición artesana de “preguntarle al hierro a ver si quema”. Su día a día como diseñadora gráfica se basaba en “la inmediatez”, en cambio cree que “el fuego lleva su propio ritmo y te hace bajar de marcha”. “La calma es necesaria para conseguir que la pieza se caliente”, explica apreciando su nuevo estilo de vida. Así se lo enseñaron en la escuela de herreros, donde su primera labor cada mañana era recoger palitos para encender la fragua y así “saber que todo proceso necesita su tiempo”. Lo mismo ocurre con el hacha que cada invitado crea en Toletum Experience, donde “la fuerza de cada golpe del martillo marca la evolución del aprendiz durante la mañana”.
"Al mismo tiempo tienes que saber que paso vas a dar en cada momento, sino la pieza se enfriará y no se podrá moldear”, afirma. Una vez finalizado el proceso, guiado en todo momento por ella misma, quiere que “cada asistente al ver su diseño recuerde que él ha sido el que ha creado el hacha, que pueda apreciar su valor y recuerde aquella mañana en Bearin”. Sin olvidar que en mitad de la experiencia, Toletum Experience ofrece un almuerzo a los asistentes, con el que reponer fuerzas para seguir construyendo su modelo.
DNI
Cristina Bea Solana nació el 5 de octubre de 1991 en Pamplona. Estudió Diseño Gráfico y comenzó a trabajar de ello, pero una vez descubrió la herrería, quiso seguir formándose en el manejo del metal. Ha trabajado en Toletum Experience en Toledo y ahora ha decidido ofrecer la misma experiencia en Bearin, Navarra.