Maneras de emprender
Un salón de belleza en Lodosa que cuida por fuera y por dentro a sus clientes
Amaia Vergara, lodosana de 30 años, creó cuando tenía 22 un salón de belleza y bienestar en su localidad y sigue dando pasos


Publicado el 15/06/2024 a las 05:00
Amaia Vergara es joven, tiene 30 años, pero es que hace ocho abrió en Lodosa, su localidad, un salón de belleza y bienestar que se mantiene en el tiempo. Por aquel entonces ella tenía 22 años y llevaba meses yendo casa por casa haciendo tratamientos a domicilio. “Qué orgullo me da poder decir que a día de hoy siguen conmigo clientas que me dieron la oportunidad hace ya casi 10 años”, comenta orgullosa. El objetivo con el que empezó y con el que continúa lo tiene claro. “Conseguir un estado de bienestar en todos nuestros clientes”, explica de forma sencilla pero contundente.
Lejos de ceñirse solo al plano físico de sus clientes, Vergara asegura que busca cuidarles “a nivel personal”. De esta manera, esta lodosana explica que se acaba creando un “vínculo muy especial” con las personas que van pasando por el salón. Entre sus tratamientos y servicios de estética tanto a nivel facial como a nivel corporal ella destaca uno. “Desde el día uno tenía muy claro que quería marcar la diferencia y me especialice en las extensiones de pestañas”, apunta.
Vergara, que completó sus estudios en Pamplona, dice esa especialidad es su “punto fuerte”. “Ahora son más conocidas de lo que eran hace diez años que empecé con ello. Me parecía muy arriesgado, pero siempre lo tuve muy claro”, reconoce.
LODOSA, EL SITIO
Habiendo realizado los estudios en la capital navarra y a pesar de iniciar parte de su carrera profesional en la ciudad, Amaia decidió que el salón tenía que estar en su localidad natal. “Estuve una temporada haciendo trabajos en diferentes sitios, así fui ganándome una fiel clientela”, recuerda sobre su periplo a caballo entre su pueblo y Pamplona. “Por momentos pensé que era una buena oportunidad abrir un negocio allí”, dice refiriéndose a la capital. Sin embargo, dejando de lado las dudas, apostó por Lodosa. “Siempre me ha tirado el pueblo y tenía claro que quería vivir aquí”, argumenta.
Echando la vista atrás llegan los recuerdos sobre el paso que tuvo que dar hacia el emprendimiento. “Hoy en día, con los tiempos que corren, es muy complicado emprender”, indica. Esta negatividad la vincula a las “pocas” ayudas y las dificultades del proceso. Pero ella rehuye de esos puntos y considera que “siempre merece la pena intentarlo”. Además, explica su situación personal en la actualidad.
“Acabo de ser mamá y las cosas no son fáciles para los autónomos en este aspecto”, contextualiza. “Hay que seguir amortizando el negocio y dejar de trabajar siempre es un problema para un autónomo”, añade. “Es algo que me da mucha pena, pero bueno... siempre compensa en la balanza hacer lo que te gusta”, indica Amaia Vergara sobre algún aspecto que conlleva el hecho de ser autónomos.
Además de esas condiciones, esta emprendedora también ha tenido que hacer frente a dificultades diarias en su trabajo. “Trabajar cara al público no es fácil”, comenta citando también los meses de pandemia como momentos bache. “Siempre quieres cumplir las necesidades de todos los clientes y eso no siempre es posible”, reconoce diciendo que para ella eso es “lo más duro”.
“Cuando los clientes acuden a ti y no tienen sitio para ser atendidos es muy frustante”, lamenta haciendo referencia a esas situaciones en las que tienen que dar una negativa a las llamadas que entran por el telefonillo o los vecinos que acuden presencialmente para hacer la solicitud. “A mí personalmente me cuesta mucho aceptar que no siempre se puede llegar a todo”, comenta la líder de un equipo de cuatro trabajadoras que desean seguir creciendo.
Al hablar de dificultades y salidas a flote no se olvida de la figura de sus padres. “Nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de mis padres”, asegura Vergara. “Mi padre me dio esa seguridad y esa confianza en mí misma. Él siempre lo tuvo muy claro y me lo hizo tener a mi también”, apunta añadiendo que él “ha sido, es y será un ejemplo y un referente en todo”.
Las palabras para su madre apuntan hacia el trabajo. “Lleva conmigo desde el principio en el negocio. Tiene un papel fundamental en la recepción, que conlleva mucho trabajo ya que es la que se encarga de dar las citas a nuestro clientes, organizar pedidos, limpieza del salón...”, enumera tareas indispensables en el salón.
El negocio, que empezó siendo un local pequeño en el que contaba solo con la ayuda de su madre, ha ido dando pasos y ya ha ampliado instalaciones y personal. A pesar de la apuesta “arriesgada” por adquirir también aparatos, el proyecto ha evolucionado. Porque como dice ella: las cosas de palacio van despacio. Ese es el consejo que les da a los posibles nuevos emprendedores que vayan surgiendo.