Emprender en pandemia

Zanko Trankov, socio de zarbe albañilería: "Mi mujer me dijo: 'Adelante, crea tu propia empresa'"

El nuevo rumbo de su destino laboral cuajó en una microcooperativa, con el matrimonio, residente en el barrio pamplonés de San Jorge, como socios fundadores

El búlgaro Zanko Trankov, con material de albañilería, a punto de iniciar su jornada
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El búlgaro Zanko Trankov, con material de albañilería, a punto de iniciar su jornada
El búlgaro Zanko Trankov, con material de albañilería, a punto de iniciar su jornada

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N.G.

Publicado el 27/02/2022 a las 06:00

Los 8 euros que cobraba por hora trabajada en jornadas maratonianas y con la responsabilidad que tenía en una empresa que acudía a sus servicios de albañilería “no eran justos” para Zanko Trankov. “Yo era el encargado. Un día fui y le dije al jefe: ¿O me aumentas el sueldo o me voy?”. Se decantó por la segunda opción, aferrado a su creencia de la injusticia sufrida y al apoyo recibido por su mujer, Ana Trankova. “Fue ella la que me animó: ‘¿Por qué no trabajas por tu cuenta? Adelante”. La interpelación, reforzada con unas palabras de aliento, acabó por convencerle. El nuevo rumbo de su destino laboral cuajó en una microcooperativa, con el matrimonio, residente en el barrio pamplonés de San Jorge, como socios fundadores. Uno de sus dos hijos, que en Bulgaria están al frente de sendas iniciativas, le ofreció dinero si fuese preciso para contratar a personal.

El paso dado comenzó a dar sus frutos con la demanda real de trabajo. Hoy tiene a su cargo tres empleados y un convencimiento renovado por seguir adelante sin ceder al desaliento.

Su jornada comienza a las seis de la mañana. El reconstituyente del desayuno media hora después con una parte de sus compañeros les dispone para salir hacia Guipúzcoa, donde tiene asegurado trabajo. “Me gustaría -afirma- tener a más gente si tuviese trabajo en Pamplona. Podría tener dos equipos, uno en San Sebastián y otro en Pamplona”.

Las trabas que le empujaron a tomar la vía de la emigración, con escalas en Portugal y Valladolid antes de recalar en Navarra diez años atrás, no hacen mella en su espíritu emprendedor. “He sido muy pobre”, asegura. “En Bulgaria vivíamos cinco personas en una habitación. De pequeño, mi madre nos cogía a un hermano y a mí y nos llevaba a una plantación de tabaco. Nos dejaba descansando o durmiendo en el terreno. Con quince o dieciséis años aprendí el trabajo de la recolección de tabaco”, rememora.

Ha derrochado sudor en el campo y la construcción durante años. En la hostelería, su mujer hizo del esfuerzo virtud y resorte de superación.

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