Emprender en pandemia
María Manzanal y Javier Gómez: “Ahora es el momento de ser uno mismo y aportar”
La Economía Social, que promueve iniciativas con el foco de su actividad puesta en la persona antes que en el rendimiento, alumbró 89 empresas y 240 empleos en 2021


Publicado el 27/02/2022 a las 06:00
La Economía Social, que prima según sus principios fundacionales el fin social a la obtención del beneficio económico puro y duro, iluminó el año pasado 89 proyectos. Nacidos de una idea y de “la ilusión”, como enfatizan sus promotores, se abrieron paso en el mercado laboral al amparo de la experiencia en el contraste de viabilidad y asesoramiento de la Asociación de Empresas de Economía Social de Navarra (ANEL). Fruto de la combinación emocional y racional surgieron 89 empresas, con 240 empleos, en un período no especialmente benévolo por las afecciones colaterales del mal que aqueja al mundo, como es la pandemia. “A pesar de las dificultades de la actual situación, la economía social sigue siendo la más potente herramienta de emprendimiento contra la precariedad, especialmente en colectivos como jóvenes y mujeres”, vino a significar semanas atrás el presidente de ANEL y CEPES Navarra, Ignacio Ugalde, en el marco de la presentación de iniciativas emprendedoras de reciente creación.
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Una somera lectura a las nuevas propuestas instauradas permite contemplar un abanico plural de iniciativas. La diversidad abarca“desde nuevas soluciones para la gestión de pymes y micropymes, servicios a las personas orientados a la salud mental y el bienestar hasta comercios de cercanía”. La amalgama se estira con “proyectos de dinamización del entorno rural basados en las personas, innovación en la búsqueda de nuevos productos como la cría de insectos, proyectos de construcción especializada, servicios a la industria y restauración artesana entre otros además de búsqueda de soluciones para colectivos profesionales que se han visto especialmente afectados durante la pandemia, como ha sido el sector cultural”.
Sea cual fuere, predomina en sus fundadores un afán de superación ante las trabas aireadas en este tiempo de pandemia y el valor de poner en el centro a la persona más allá de balances y resultados. Dicen los consultados que el período detenido o ralentizado por coronavirus ha servido para reflexionar y poner claras sus ideas, tan productivas como valiosas humanamente.
¿QUÉ ES LA ECONOMÍA SOCIAL?
1 Prima a las personas y el fin social sobre el capital. Gestión autónoma y transparente, democrática y participativa.
2 Aplicación de los resultados en función del trabajo y “servicio o actividad realizada por las socias y socios o por sus miembros y, en su caso, al fin social objeto de la entidad.
3 Microcooperativa. Mínimo de dos socios. Cada uno participa con el 50% del capital social.
4 Cooperativa. Mínimo tres socios. Participación máxima por socio del 25% en las de más de 10 socios y del 33% en las de menos.
5 Sociedades Laborales (S.A.L. y S.l.L.). Participación máxima por socio del 33%; con posibilidad de implicación de entidades mayoritariamente públicas, no lucrativas o de economía social.
María Manzanal Carrelero y Javier Gómez: “Ahora es el momento de ser uno mismo y aportar”
La sociedad Uxama satisface el deseo de sus dos socios de acercar el bosque a la población en una época de búsqueda de reencuentro con la naturaleza tras el paréntesis del confinamiento. Gestiona el Parque Micológico de Ultzama.
La fórmula microcooperativa dio soporte jurídico en Uxama a una idea que había sido pergeñada sobre convicciones, experiencias y deseos de compartir el fruto del bienestar que ofrece el bosque. “Es un canal que tiene la sociedad para que cada uno nos conectemos con nosotros mismos. Nuestras vidas personales no son las mismas sin el bosque”. Lo dicen el micólogo Javier Gómez Urrutia y la licenciada en Ciencias Ambientales María Manzanal Carrelero, cuya iniciativa, hoy diversificada en cuatro líneas de actuación, procura cobertura a la gestión del Parque Micológico de Ultzama.
Hace tres años, un interrogante personal por reanudar su propio camino de experto en micología, ampliado con conocimientos adquiridos en el valor terapeútico de los denominados baños de bosque, le devolvieron a él el ánimo y la voluntad de explorar una vía laboral como emprendebosque. En calidad de autónomo, dispuso del amparo del coworking creado por el Ayuntamiento de Ultzama para dar lustre a sus ideas, algunas de las cuales había madurado como antiguo gestor de acotado de setas. A sus 52 años de edad, el currículum de Javier Gómez descubre su capacidad promotora en la definición del propio parque micológico en 2007. Pero, como dice, “hacía falta savia nueva”, que fue la que aportó María Manzanal, originaria de Barañáin aunque residente hoy día en Arraitz de 29 años de edad, con un historial laboral jalonado en diferentes actividades, algunas de ellas reconfortantes pero otras distantes de lo que era su anhelo. “Empezamos con una campaña de actividades de micología en Navarra e hicimos cursos de iniciación a la micología”, rememoran ambos. A finales de 2020, “en plena pandemia”, una novedad redobló sus ánimos en una idea que comenzaba a madurar con el bosque como denominador común y terreno abonado a nuevos planes.
Una nueva licitación del parque micológico desafió su capacidad de respuesta en un tiempo récord para atender a los requisitos de la convocatoria municipal. “Por primera vez se incluyó un canon de 4.000 euros. Fueron quince días a todo correr”, señalan. Faltaba un requisito: “Estábamos abocados a tener una figura jurídica”. Y ahí surgió la microcooperativa, con la ayuda de ANEL. “Nos convenció la fórmula. Siempre hemos pensado que este proyecto debe ser un proyecto dinámico y abierto en el que en el centro están las personas”.
El reto les condujo a formarse y a profundizar en “las raíces” para buscar los motivos y definir el horizonte de la empresa de economía social. En definitiva, era hallar respuesta a los dilemas existenciales del “dónde venimos, quiénes somos y a dónde vamos”.
El proyecto Uxama -contenido en su lema de Experiencia bosque- fue la contestación a las inquietudes comunes. Su oferta se diversifica en cuatro grandes líneas. “Buscasetas: incluye la gestión del Parque Micológico pero también los trabajos realizados con otros ayuntamientos, como el de Itxasondo, donde hay una reserva micológica. En el bosque comprende los baños de bosque”, señala María Manzanal.
Exporabosque ilumina una segunda sección, con cabida a la educación ambiental no sólo dirigida a escolares. Emprendebosque proporciona el asesoramiento a empresas en el sector.
EL PARÓN DE LA PANDEMIA
La pandemia tuvo su lado bueno como período propicio para “la reflexión personal” y la búsqueda de sentido en el plano individual y profesional, confiesa ella. El confinamiento ensanchó además el deseo del disfrute al aire libre y el contacto con la naturaleza en la población en general.
“Ahora es el momento de ser uno mismo. No vale estar a medias. Es el momento de aportar y acercar el bosque a la sociedad”, indica él. La reacción a ese ofrecimiento no ha podido ser más sorprendente. El balance del año en la gestión del parque micológico arrojó un óptimo resultado. “Más de 600 personas han acudido a las visitas guiadas. La gente está hoy día dispuesta a pagar por venir al parque micológico. Hoy hay un porcentaje de la sociedad que valora el bosque, que quiere disfrutar del aire libre, que quiere desconectar de todo aquello que a las personas no nos dejan ser uno mismo”.
A efectos económicos, la consolidación de Uxama y, más en concreto, de su administración del acotado de setas se ha saldado con un balance satisfactorio. “Es cierto que hemos metido horas y que no hemos cobrado por esas horas. El parque micológico es nuestra tarjeta de presentación. Para ser el primer año tenemos un sueldo. No tuvimos ingresos personales durante algunos meses pero al final de la campaña pudimos cobrar lo que no pudimos durante esos meses. El año fue perfecto”.
Eusebio Díaz, Xavier Pincay y Darío Guanopatín: “La Ribera tiene espíritu de cooperativa y emprendedor”


La expansión del coronavirus y con él la declaración de confinamiento dañaron a la economía y al mercado laboral. A Eusebio Díaz Morales, cascantino de 52 años de edad, le supuso la rescisión del contrato en la empresa en la que trabajaba. El revés no amilanó su capacidad de superación, en parte por el espíritu emprendedor adquirido en su entorno familiar de agricultores que miran al cielo y la tierra con la duda que se sucede en cada amanecer.
“Llevamos toda la vida en él”, señala en referencia al sector del mantenimiento e instalación industrial en el que germinó la idea de TSM Industrial, en el polígono Las Labradas de Tudela. “He estado en las dos partes de la barra. He estado pidiendo copas y poniéndolas”, expone con un ejemplo gráfico el doble rol desempeñado en su dilatada trayectoria profesional. “Como director de mantenimiento o de producción, como jefe de fábrica, he demandado servicios de mantenimiento e instalación, pero también los he sabido ofrecer”, apunta.
El destino le volvió a colocar en el camino del ecuatoriano de origen pero español de adopción Xavier Pincay Valenzuela, con pasado de jefe de mantenimiento. La puesta en común de conocimientos iluminó en mayo la microcooperativa TSM Industrial. La demanda del trabajo, intuida como real, les dispuso a ambos en la necesidad de contratar a dos trabajadores. Tras un período de pruebas de seis meses, como determinan las condiciones de la economía social, uno de ellos se unió al proyecto cooperativo. Su nombre, Darío Guanopatín Taopanta, también de origen ecuatoriano.
“Trabajamos en el sector industrial y en el agroindustrial”, expone Eusebio Díaz. “El año pasado nos fuimos por mediación de un cliente de la Ribera a montar una sala de ordeño a Francia”, expone. A pesar de los vaivenes del mercado laboral, como los padecidos estos últimos años, dice que “siempre hay que tirar para adelante. Provengo de una familia de agricultores. El espíritu emprendedor y de cooperativa está muy arraigado en la Ribera. Las cooperativas de cereal o vinícolas están presentes. En ellas, como aquí, nadie es más que nadie”.
Sergio Elía Zudaire: “La producción cultural se vino abajo en la pandemia”


La difusión cultural recibió una sacudida intensa durante la pandemia que tambaleó el pilar del empleo de creativos, técnicos y auxiliares. El mercado laboral generado alrededor de las artes sufrió un serio varapalo que removió conciencias en la búsqueda de salidas alternativas.
En ese escenario surgió Atarian, un portal digital alternativo de música en directo que tiene uno de sus apoyos en la conjugación de experiencias y conocimientos de 16 técnicos y especialistas de sonido, iluminación y arte escénico. Su amalgama de profesiones incluye el perfil de un periodista y de informáticos. El proyecto une a expertos en el sector de Tierra Estella y Pamplona. Un estudio de grabación en Arellano proporciona una de las fuentes de infraestructura, aunque, como dice Sergio Elía Zudaire, las posibilidades que ofrece Atarian permite a su equipo técnico desplazarse allá donde pueda haber una actuación.
Atarian -En la puerta, en euskera- contiene en su identidad el sentido de su proyecto como portal difusor a través de las posibilidades que aseguran las nuevas tecnologías. Su definición, bajo la fórmula de una sociedad microoperativa, se ajusta -según sus integrantes- a las tendencias modernas de difusión de la cultura, en particular, la música, cada vez más expuesta a medios de divulgación por Internet.
“Hacemos grabaciones en directo con mucho cariño y alta calidad. Luego esas mismas grabaciones se ponen a disposición del público a demanda en nuestra plataforma on line”, describe Sergio Elía. El modo de acceso a los contenidos, “sin publicidad ni cortes”, es a tráves de una tarifa de suscripción.
Existe un doble compromiso de la microcooperativa con los músicos que confían en sus habilidades. “Cada grabación incluye una entrevista”, precisa Elía. Una porción de la suscripción realizada, según el tiempo de reproducción de cada actuación, revierte en los intérpretes, agrega.
Otra fracción de los beneficios, “en acuerdo con los artistas, se destina a cubrir los costes de producción, desarrollo y mantenimiento de la plataforma, etc”, se puede leer en la web de la firma de Tierra Estella. La filosofía del “comercio justo, sin intermediarios” -como señalan sus miembros- caracteriza la apuesta, en consonancia con las posibilidades que garantiza la economía social como fórmula jurídica de constitución del proyecto de promoción cultural.