Envejecimiento
Así ha evolucionado la población navarra entre 1998 y 2025: hay el triple de nonagenarios
El grueso de la población se concentra entre 45 y 59 años frente a la situación de hace 27 años, donde el mayor grupo se situaba entre 25 y 34 años


Publicado el 09/05/2026 a las 05:00
El fenómeno demográfico más destacado que ha vivido Navarra en los últimos 27 años es el espectacular crecimiento de las personas de mayor edad. La evolución de las pirámides de población entre 1998 y 2025 no deja lugar a dudas. Los mayores de 65 años han aumentado un 51%, lo que en términos absolutos significa han pasado de 94.768 a 143.534 personas y de representar el 17,9% de la población a escalar hasta el 21%.
Puede parecer un aumento porcentual pequeño, pero las repercusiones son mucho más profundas de lo que a primera vista aparenta debido al desigual reparto en la estructura de edades. Además, este alza se diluye en parte por un contexto en el que el aumento de habitantes desde 1998 ha pasado de 530.824 a 683.854 personas, casi un 29% más.
Las cifras más llamativas se encuentran en los tramos de edades más avanzadas. Quienes se encuentran entre 90 y 94 años se han multiplicado por casi tres (de 2.630 a 7.645), y entre 95 y 99 años se han cuadruplicado (de 526 a 2.144). El conjunto de los nonagenarios han pasado de 3.156 en 1998 a 9.789 en 2025, más del triple.
Y en cuanto a los centenarios, la cifra ha pasado de 38 a 284, es decir, se ha multiplicado por siete. La longevidad extrema, que hace apenas una generación era una rareza estadística, ha pasado a convertirse en algo relativamente cotidiano.
TAMBIÉN HAY MÁS JÓVENES
La comparación de la pirámide de población navarra de 1998 con la de 2025 tiene algunas sorpresas preparadas. Los jóvenes navarros son más numerosos ahora que hace 27 años, pese a que, al mismo tiempo, la población ha envejecido notablemente en el mismo periodo de tiempo. Estas son dos realidades aparentemente contradictorias que, en realidad, conviven sin problemas.
El censo refleja que los niños de 0 a 4 años han pasado de 20.573 en 1998 a 25.232 en 2025, un 22% más. Lo mismo puede decirse en los tramos de 5 a 9 años, que han aumentado de 24.048 a 32.378 (34,6% más); y de 10 a 14 años, que han crecido de 26.214 a 37.601 (43,4% más).
El mismo patrón se observa en los jóvenes de 15 a 19 años, que en 2025 contabilizaban 39.110 individuos por los 35.264 que había en 1998 (10,9% más). Sin embargo, este aumento de jóvenes no ha podido evitar que el centro de gravedad de la población navarra se haya desplazado hacia edades más avanzadas.
Hace 27 años, los grupos más numerosos eran los de 25 a 34 años, con más de 43.000 personas en cada cohorte quinquenal. En 2025, la cresta de la pirámide se ha movido dos décadas hacia arriba: los grupos de 45-49 años (55.654 personas) y 50-54 años (54.092) son ahora los más poblados, seguidos del de 55-59 años (50.257). Se trata de las generaciones ‘baby boom’, nacida entre 1946 y 1964, y X, venidos al mundo de 1965 a 1980, que han ido ascendiendo por la pirámide y hoy se concentran en la mediana edad avanzada.
El resultado es que el grupo de 55-59 años es el que más ha crecido en términos relativos dentro de los adultos. De hecho, casi se ha duplicado, con un incremento del 95% respecto a 1998. También destaca el grupo de 60-64 años, con un aumento del 63%. Son porcentajes claramente más altos que los registrados entre los jóvenes en el mismo periodo, lo que se ha reflejado en un envejecimiento de la población.
A ello hay que sumar que el número de jóvenes, pese a ser mayor ahora que en 1998, ha decrecido sustancialmente desde 2012, año en el que alcanzó su pico en las últimas tres décadas. Con estos datos sobre la mesa, resulta más fácil encajarlos en la actual realidad social y entender que se haya planteado un recorte de 33 aulas en el sistema educativo por el descenso de la natalidad.
FALTA DE MANO DE OBRA
La comparación de las pirámides deja clara la notable contracción en los grupos de 20 a 39 años, especialmente en las cohortes de 25-29 (-12,4%), 30-34 (-15,2%) y 20-24 (-7,4%). Esta caída refleja tanto la menor natalidad de los años ochenta y noventa como la emigración de jóvenes adultos en edad formativa y laboral. Dicha pérdida se está notando cada vez más en la acuciante escasez de personal que con creciente frecuencia sufren empresas de todos los sectores.
En 1998, la estructura demográfica navarra todavía guardaba cierta forma de pirámide, con una base relativamente amplia y un progresivo estrechamiento hacia las edades mayores. En 2025, esa pirámide se ha desplazado hacia arriba asentada sobre una columna cada vez más alta y con tendencia a estrecharse por su base. Es el retrato de una sociedad madura, con una fuerza de trabajo numerosa pero envejecida y con una demanda creciente de servicios de salud y cuidados para la población mayor.
Nueve años de buena salud a partir de los 65
La esperanza de vida al nacer en España se mantiene entre las más altas del mundo: 83,77 años de media en 2023, con 86,34 años para las mujeres y 81,11 para los hombres. A los 65 años, un español puede esperar vivir, en promedio, 21,68 años adicionales (19,56 los hombres, 23,49 las mujeres). De esas más de dos décadas que restan tras la jubilación, solo 9,7 años transcurrirán, de media, gozando de una razonable buena salud.
Serán aproximadamente 9,5 años para las mujeres y 9,8 para los hombres. Es decir, algo menos de la mitad del tiempo de vida que queda a los 65 años se vivirá con plena autonomía funcional. El resto estará marcado, en mayor o menor medida, por enfermedades crónicas, limitaciones o dependencia.
Estos datos proceden del informe ‘Un perfil de las personas mayores en España 2025: envejecimiento, salud y bienestar en cifras’, elaborado por investigadores del departamento de población del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
La pregunta central que se plantea en el informe ya no es cuántos años pueden esperar vivir las personas mayores, sino cuántos de esos años transcurrirán con buena salud. Se trata de un interrogante con consecuencias personales, pero también en las políticas públicas por el dimensionamiento y el gasto en los servicios sanitarios, sociales y de cuidados.
Un sobrepeso que limita la automonía funcional
Más de la mitad de los mayores de 85 años padece alguna enfermedad crónica y el 10,9% de los superan los 65 presenta limitaciones graves en su capacidad para realizar actividades cotidianas. Así lo refleja el informe ‘Un perfil de las personas mayores en España 2025: envejecimiento, salud y bienestar en cifras’ elaborado por investigadores del departamento de población del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Vestirse, comer, desplazarse por el hogar o gestionar la propia medicación pueden convertirse en tareas que requieran supervisión. Parte del problema está en unos hábitos de vida que acaban pasando factura. En el grupo de mayores de 65 años, el 47,2% de los hombres y el 36,4% de las mujeres presentan sobrepeso. Aunque la actividad física regular es practicada por el 42,5% de las personas de 65 a 69 años, el sedentarismo afecta al 38,5% de ese mismo grupo.
Mantener un peso saludable, practicar regularmente ejercicio físico y dejar el tabaco son las principales recomendaciones al conjunto de la población, no solo los mayores, para prevenir las enfermedades crónicas y retrasar la pérdida de autonomía funcional. Las patologías con al menos seis meses de duración afecta a más de la mitad (55,3%) de las personas de entre 65 y 74 años.
“A medida que aumenta la edad, la proporción también se incrementa, alcanzando el 62,3% en el grupo de 75 a 84 años y elevándose hasta el 75,4% entre quienes tienen 85 años o más”, señala el informe.