Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía: "Los aranceles afectarán poco a muchos de los productos básicos de Navarra"

El economista estadounidense ha participado esta semana en el congreso The Roads to Development, en el MUN, donde ha criticado al “autoritario” Trump por sus medidas económicas y sus ataques a las universidades

El economista estadounidense Joseph Stiglitz, profesor en la Universidad de Columbia, fotografiado durante esta entrevista en el Museo Universidad de Navarra
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El economista estadounidense Joseph Stiglitz, profesor en la Universidad de Columbia, fotografiado durante esta entrevista en el Museo Universidad de NavarraJ.C.CORDOVILLA
El economista estadounidense Joseph Stiglitz, profesor en la Universidad de Columbia, fotografiado durante esta entrevista en el Museo Universidad de Navarra

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Javier Estévez

Actualizado el 27/10/2025 a las 15:24

Enseñó en las universidades de Yale y Princeton y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, presidió el Consejo de Asesores Económicos del presidente Clinton y fue vicepresidente del Banco Mundial. Todo esto, antes de asumir su puesto actual como profesor en la Universidad de Columbia. Y, por el camino, ganó el premio Nobel de Economía (2001) por su estudio de la teoría de la información asimétrica. Con esta carta de presentación ha acudido esta semana al Museo Universidad de Navarra el economista estadounidense Joseph Stiglitz (Indiana, 1943), que ha participado en el congreso The Roads to Development: Work, Markets and Institutions. En su ponencia, el lunes 21 de octubre, se mostró muy crítico con el “autoritario” presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y durante esta entrevista, el martes, abundó en su oposición al magnate estadounidense y a sus medidas económicas, que, dice, para las empresas navarras tendrán “un pequeño efecto” en el corto plazo, aunque vaticina que el mercado se ajustará después. 

La ley establece que Trump no puede optar a un tercer mandato, pero ¿teme que pueda extender su tiempo en la Casa Blanca? 

Creo que muchos líderes autoritarios fingen respetar la ley cuando en realidad la transgreden. Según nuestra Constitución, no se puede ejercer un tercer mandato, y para cambiarla se necesitan los votos de tres cuartas partes de los estados. No hay forma de que pueda conseguir ese cambio en la Constitución para 2028. Pero cuando en la Constitución rusa se estableció una restricción para que Putin no pudiera ejercer más de dos mandatos, consiguió que otra persona lo sustituyera y se convirtió en primer ministro, aunque él seguía dirigiendo el Gobierno. Así que hay formas de eludir la Constitución sin necesidad de anularla. 

De todos modos, tendrá que haber elecciones. 

Pero no serán libres ni justas, y lo que empeorará aún más las cosas será la posibilidad de que haya tropas en las calles de las zonas demócratas para disuadir a la gente de votar, especialmente en las zonas afroamericanas e hispanas. Y muchos de nosotros vemos el actual esfuerzo por poner tropas en las calles como una forma de normalización para cuando lleguen las elecciones. 

Parece evidente, entonces, que su diagnóstico de Estados Unidos no es bueno. 

Estados Unidos está muy polarizado y tenemos un presidente que lo celebra. Antes, los líderes políticos fingían intentar unir a todo el mundo. Ahora, Trump solo se dedica a enemistarse con quienes lo critican. Es un presidente marcado por conceptos erróneos y obsesiones. No entiende el comercio, no entiende la economía y tiene creencias muy arraigadas. Esta ignorancia extrema está impulsando políticas que casi con total seguridad perjudicarán a Estados Unidos a corto plazo, y aún más a largo plazo. 

Dice que Trump no entiende el mercado y la economía, pero lo cierto es que sus palabras y sus actos modifican el mercado y la economía mundiales cada día.

 Así es. Piensa, por ejemplo, que el déficit comercial es un reflejo de políticas comerciales injustas, y no es así, es solo un reflejo de los tipos de cambio, que están determinados en gran medida por las circunstancias macroeconómicas. Debido a su profunda ignorancia, está perturbando el sistema económico mundial, y lo está haciendo de la misma manera que está perturbando la democracia estadounidense, porque está pisoteando el Estado de derecho nacional. En el derecho internacional, en cambio, no hay ningún mecanismo para hacer cumplir las normas. Sabíamos que no había ningún supergobierno que pudiera realmente hacerlas cumplir, pero creíamos que si todos las respetábamos, sería mejor para todos. Ahora él ha echado eso por tierra. 

Y esto tendrá consecuencias. 

Creo que a largo plazo serán muy graves. Ahora mismo, la guerra comercial con China se está recrudeciendo, y simplemente no sabemos cómo va a acabar todo esto. Si China cumple lo que dice que va a hacer y Trump cumple lo que dice que va a hacer, se producirá una ruptura importante en el sistema económico mundial, con consecuencias muy graves. 

¿Son los aranceles beneficiosos para alguien? 

Creo que todo el mundo saldrá perdiendo, pero Estados Unidos será probablemente el que más pierda. 

Los aranceles cuestan 50,5 millones de euros a las empresas navarras, según estima el Gobierno. ¿Hay algo que puedan hacer para mitigar su efecto?

 A corto plazo existen ciertos patrones comerciales que, cuando se interrumpen, suponen un coste muy elevado para las empresas y las personas que trabajan en ellas. Pero a medio plazo, si vendes frutas y verduras, encontrarás otros mercados. Cuando hay un mercado global, si se pone una barrera al comercio entre dos países, el mundo la elude. Esto tiene un pequeño coste, pero no es enorme. 

Aquí ha habido durante décadas una industria puntera: la automotriz. ¿Es mejor tener una punta de lanza o disponer de una economía más diversificada? 

Siempre he considerado que la diversificación es algo positivo. Durante mucho tiempo vivimos en un mundo en el que pensábamos que las fronteras no importaban y que existía un Estado de derecho internacional. Siempre tuve mis dudas porque no teníamos un gobierno mundial, no teníamos un mecanismo para hacer cumplir el Estado de derecho, así que funcionó hasta que dejó de funcionar. Alemania, por ejemplo, dependía totalmente del gas ruso. Hace 20 años escribí, en mi libro Making Globalization Work, que era una gran imprudencia no diversificar, que en ese momento el gas ruso era el más barato, pero eso significaba que Alemania estaba totalmente a merced de Rusia. Y Europa pagó un precio enorme por esa falta de diversificación.

En los últimos años parece que la agroindustria está sumándose a la disputa de ese liderazgo en Navarra. ¿Puede ser este uno de los sectores más afectados por los aranceles? 

No. Lo veo poco probable porque existe un mercado global para los productos básicos. Por lo tanto, si no se vende a un país, se vende a otro. Y, en particular, muchos de los productos básicos que se producen en Navarra, que la gente valora, son frutas y verduras frescas, y el hecho de que sean locales es más importante. Así que creo que tendrán un pequeño efecto, que las personas que se dedican a la exportación los notarán, pero, como digo, a medio plazo habrá ajustes.

“EE UU era atractivo para los estudiantes extranjeros, pero Trump ha destruido eso”

Lleva en su chaqueta una chapa en la que se lee ‘Hands off our students’ (las manos, fuera de nuestros estudiantes), en protesta por los ataques del Gobierno de Donald Trump a las universidades estadounidenses. ¿Cómo ha cambiado la vida académica en su país en el último año?

Creo que siempre hemos tenido universidades en las que la ciencia era importante y en las que estábamos muy abiertos a los estudiantes extranjeros. La fortaleza de Estados Unidos radicaba, en parte, en que atraíamos a gente de todo el mundo. Trump ha destruido eso. Su ataque a la ciencia, su ataque a la apertura de las universidades, su ataque a la presencia de estudiantes extranjeros ha socavado una de las verdaderas fortalezas de Estados Unidos. Los estudiantes extranjeros han sentido la presión más que nadie porque sienten que si protestan, si alzan la voz, les pueden quitar la visa y pueden ser deportados y no podrán terminar sus estudios. 

¿Y los estadounidenses? 

Los estudiantes estadounidenses se ven menos afectados. Sienten que pueden expresarse. De hecho, si acaso, se sienten tan enfadados que quieren expresarse porque saben que los estudiantes extranjeros que eran sus compañeros no pueden hacerlo. Y, luego, hay otra cosa: en este momento, la polarización de Estados Unidos se refleja de manera diferente en las universidades. Mientras que en todo el país hay quizás un 30 % de extrema derecha, en las universidades puede ser entre un 3 % y un 10 % menos. Pero sigue estando ahí. Y por eso sigue habiendo mucha tensión. Trump, en lugar de unir a la gente, la está separando. Y las mismas fuerzas están dividiendo nuestras universidades. 

¿Está creciendo también la extrema derecha en las universidades? 

No lo creo. Si acaso, ocurre lo contrario. Hemos visto lo perjudicial que es para nuestra sociedad. Los estudiantes están más abiertos a las ideas, se cuestionan más las cosas y, por lo tanto, son más propensos a decir: “Este no es el camino que queremos seguir”. 

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