Ignacio Arrizabalaga: “Me daría por satisfecho con no tener que devolver dinero que hayamos gastado”

Al frente de la oficina encargada de velar por la correcta gestión de los fondos Next Generation, asume el reto de adaptar contra reloj los mecanismos ya existentes a los nuevos requerimientos de Bruselas

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Diana de Miguel

Actualizado el 11/05/2021 a las 10:23

Ignacio Arrizabalaga Rodríguez (Pamplona, 1958), Iñaki, como le conocen sus amigos, ha asumido con convicción el nuevo reto profesional que se ha cruzado en su camino: dirigir la oficina Next Generation, adscrita al departamento de Economía y Hacienda y encargada de coordinar la gestión de los fondos derivados del Plan Recuperación, Transformación y Resiliencia en la comunidad. Adelanta que no prolongará su estancia en la administración más allá de su edad de jubilación, pero promete que dejará la oficina en marcha. El que fuera durante doce años máximo responsable del servicio de Intervención General, deberá conjugar ahora la urgencia con la necesaria transparencia y el control ante un momento histórico, como tantos otros, apostilla, que le ha tocado vivir. Su primer examen de contabilidad en la Universidad del País Vasco se lo retrasaron diez días por la muerte del dictador Franco y, ya graduado y tras haber jugado a las cartas con el alférez que vigilaba al coronel Tejero, el intento de golpe de Estado le sorprendía en esa misma universidad en su etapa de profesor. También le tocó vivir desde dentro la salida de Carlos Goraicoetxea del Gobierno Vasco. Entonces, era técnico superior en el servicio de Vivienda. Batallitas con las que a buen seguro habrá sazonado las salidas al monte con sus compañeros del Grupo de Montaña Boscos con los que comparte su afición todos los fines de semana que les dejan. “Con esto del confinamiento perimetral nos hemos trillado todo”. Hoy les ha tocado Etxauri.

Que un especialista en asegurar el control del gasto público esté al frente de la oficina que velará porque los fondos que vengan de Europa se gasten bien tranquiliza o asusta, según quien lo mire.

Asustar creo que no. Gran parte de los gestores que estamos aquí nos conocemos desde hace muchos años. Sabemos por dónde van los tiros y dónde pueden estar los problemas, pero creo que nos los habrá. El mensaje está siendo bastante admitido.

Ese mensaje, en lo que al control respecta, choca con lo que se venía haciendo. ¿Qué cambia con la llegada de estos fondos?

Nos obligan a hacer un traje a medida porque el que nos va a dar el dinero tiene intereses diferentes al que nos lo da normalmente. No es el Parlamento, es Europa y eso lo tenemos que entender. Vamos a aprovechar los mecanismos de gestión que tenemos, el sistema contable que es muy eficiente, pero la tramitación y el control va a ser adaptado a los requerimientos que tengamos de elegibilidad. Lo que nos preocupa en esta gestión es que tengamos que devolver dinero. Personalmente me daría por satisfecho con eso: no tener que devolver dinero que nos hayamos gastado. Buff... ¡Sería la leche!

Con los fondos estructurales, las comunidades tenían una relación directa con Bruselas. Ahora entiendo que eso cambia.

Ahora será una relación bilateral entre las comunidades y el Estado. Esto no se parece en nada a cualquier cosa que hayamos visto antes. La financiación va a estar vinculada al cumplimiento de unos objetivos y a unas reformas y el tiempo va a ser un elemento clave. Es la primera vez, y parece que la única, que Europa se va a endeudar. La propia UE ha decidido que toda esa inyección de fondos y todas estas reformas tienen que ser un choque para que sean efectivas. Si quieres romper un vaso tienes que dar un golpe y lo que quiere Europa es que el vaso se rompa, que los fondos entren y se lleven por delante todo lo que estorbe. Que no haya capacidad de seguir manteniendo situaciones extrañas y el efecto de los fondos se pueda difuminar. Tener que gastar mucho dinero en poco tiempo, hacerlo bien y en cosas muy concretas condiciona mucho.

En Navarra, ¿será esta oficina la ventanilla de entrada de esos fondos?

No. Para gestionar todo este barullo estamos los mismos que estábamos y una persona para calificar proyectos. Lo que que vamos a hacer desde aquí es coordinar las actuaciones de los diferentes departamentos que ya lo venían haciendo y se encargarán de tramitar las subvenciones y proyectos.

Pero algún cambio harán...

Sí. Vamos a diseñar un sistema de gestión específico que aproveche las relaciones con el sistema contable y cree un espacio propio para hacer el seguimiento de esos objetivos e hitos que tiene que tener cada plan y establecer un mecanismo de comunicación con el ministerio de Hacienda en los términos en los que nos diga.

Que haya una segunda oficina de proyectos europeos en el seno del mismo Gobierno (en el departamento de Ana Ollo), ¿no le parece que despista?

No son dos, sino tres. Está también la de agricultura para los fondos agrícolas. Llevan comunitario en el nombre pero la gestión que requieren y la respuesta de la administración es diferente.

Pero para los fondos Next son dos.

No, sólo está. La de Relaciones Institucionales hace lo que venía haciendo porque de los fondos pueden salir otras oportunidades.

¿Y no le parece que confunde?

También puede confundir decir que vamos a tener fondos europeos cuando lo que vamos a tener son fondos de Estado que es el que se va a comprometer a financiar las actuaciones que hagamos. El documento, el contrato que nos va a vincular, lo vamos a firmar con el Estado que es el que asume el riesgo de que haya fracasos e incumplimientos. De hecho, para gestionar estos fondos ha duplicado su estructura. Sigue existiendo la dirección de fondos comunitarios, pero ahora hay también una dirección general del plan y se ha creado una secretaría de estado para conjugar las dos. A pesar de que tienen el mismo interlocutor, Europa, son distintas ventanillas. Los fondos estructurales las comunidades los firmábamos con la UE. Presentábamos la certificación vía ministerio de Hacienda, pero a Bruselas. En estos fondos, la presencia directa Europea en lo que a nosotros nos afecta es ninguna.

La oficina se ha creado con vocación temporal, pero ¿puede haber cambios que perduren?

Programas operativos va a haber siempre y Bruselas siempre tendrá la ventanilla abierta pero esta oficina es temporal. Lo que quizá se quede sea la forma de hacer.

El domingo se publica en el BON el nuevo decreto de ley foral para agilizar la concesión de subvenciones, contrataciones y tramitación de los proyectos que reciban fondos. ¿Significa eso que habrá menos controles?

Significa que el mecanismo de control va a ser determinado mediante acuerdo de gobierno. No es que no haya control sino que los elementos claves para ese control son otros. Estamos haciendo algo que la sociedad nos reclama que es una actuación eficiente. No vamos a meter más carga de control que la estrictamente necesaria porque, si lo hacemos, lo que ganamos de calidad en la gestión lo perderemos generando un riesgo de no poder cumplir los plazos. Les estoy diciendo a los secretarios y directores generales que maduren lo que tienen y vayan preparando los expedientes para poder agilizar luego las licitaciones. El pliego de las cláusulas de un contrato y las bases reguladoras de una subvención, que el decreto dice que están sometidas al control de intervención, tienen que estar claras desde el principio y hay que hablarlo ya.

Aún no sabe cuándo llegará el dinero.

¡Es que no hace falta que llegue! Nos bastará con tener el compromiso del Estado de que se nos va a financiar determinada actuación. Cuando esté eso, arrancamos.

Entonces, con el decreto en la mano, ¿no se evita el control de intervención?

No es mi misión meterme en berenjenales políticos, a eso juegan otros, pero lo que pone pone. Tener la fiscalización de determinados expedientes sometida a un acuerdo de gobierno, que no el consejero de turno, existe en esta casa desde 2010. Los gastos sanitarios están exentos de intervención previa. Pero una cosas es que no haya control previo y otra que no tengan control.

En un asunto de tanto calado, ¿no debería haberse hecho un mayor esfuerzo por procurar el consenso parlamentario? Le recuerdo la polémica por las peticiones de información.

Todo el mundo ha sido víctima de la nebulosa ante una gestión totalmente nueva. Hasta que se publicó el real decreto ley en diciembre, lo de los fondos era música celestial. Achaco las acusaciones de oscurantismo e indefinición al hecho de que no se supiera cuál era el terreno de juego en el que estábamos. El reglamento comunitario no nos dijo hasta febrero que podíamos incluir para financiar cosas que se están haciendo desde febrero de 2020. Si hubiéramos sabido que nos iban a pagar todo aquello lo hubiéramos hecho de otra forma. Ver las consecuencias o implicaciones de todo lo que pone ahí no es fácil.

¿Y dan ya por aclarada la nebulosa de los fondos?

Diría que se va aclarando, por lo menos desde el punto de vista procedimental.

¿Y la participación de las comunidades en el reparto? ¿Está clara?

El esquema competencial es el que manda. ¡No se va a modificar la atención primaria cuando los centros de salud están en las comunidades! En las conferencias sectoriales será donde se reparta el dinero que hay para una determinada medida en función de criterios específicos. Es algo que ha empezado a hacerse. Puede haber otro modelo en el que sea el Estado el que tenga el dinero y las comunidades actúen de meras entidades colaboradores: pongan la ventanilla, recojan papeles y miren si está bien pero sin tener ninguna decisión.

En otros países se ha optado por crear comités independientes tanto para el desarrollo de planes estratégicos como de los mecanismos de control. ¿Por qué aquí no? ¿No daría más credibilidad?

Credibilidad no lo sé. Pero es que Navarra no deja ser una parte de un Estado muy descentralizado. En otros países una agencia podría tener entidad suficiente, pero aquí a nivel regional sería inviable. Lo hemos diseñado así para no tocar la estructura de los departamentos que son los que saben cómo gestionar las cosas. Tengo un equipo que vale oro. Ante esta nueva situación lo que se necesita es orden y coordinación. Vamos a necesitar presupuesto para informática porque tenemos que diseñar un tinglado informático, pero sabemos cómo hacerlo.

Reconoce que el tiempo va a ser un clave. ¿Llegamos? Hay momentos en lo que parece que todo está por hacer...

La escopeta de los fondos está cargada y con mucha prisa. No hay tiempo de decidir. Nuestro esfuerzo en el nuevo decreto ha sido precisamente evitar trámites porque la necesidad es correr. Como en las vacunas, hay que ver cómo van los costes y los beneficios.

¿Actuará su oficina con independencia del Gobierno? O dicho de otra forma, ¿se enfrentaría al gobierno en aras del interés público?

El que tiene que tener el estatuto de independencia es la intervención, no la oficina. He sido doce años el interventor y tengo buena sintonía. No creo que vaya a tener grandes problemas. Se dónde no hay que pisar y hasta dónde se puede llegar. El reglamento de control interno lo he redactado yo y también la ley de Hacienda Pública, la ley de Subvenciones... Salvo cuestiones de calendario que es donde vamos a tener el cuello de botella, lo demás es fácil.

¿Cuál va a ser el papel de la intervención?

De lo que se va a tener que preocupar es de la legibilidad. Voy a proponer que los jurídicos hagan de jurídicos y que el interventor no superponga ese control a algo que ya tiene que estar. No podemos permitirnos dedicar demasiados recursos a controlar la misma cosa. Vamos a garantizar que se controla bien. En expedientes normales la legibilidad quizá no sea relevante pero aquí sí.

¿Proponer eso no es coartar la independencia de la intervención?

Lo que voy a hacer es plantearle si le gusta. La independencia de intervención no es en cuanto al marco sino en cuanto a decisiones concretas. Es el único funcionario que aparece en la ley de Hacienda Pública con responsabilidad personal y patrimonial. En un expediente concreto, intentar retorcerle el brazo al interventor es como ir a la iglesia y escupir en el suelo.

Ya sabe lo que pasó con el pago de 6,2 millones a Audenasa por la política de descuentos después de que el interventor dijo lo que dijo.

La intervención hizo lo que tenía que hacer. Y no conozco el expediente. Actuó con independencia y luego el Gobierno hizo lo que le pareció.

NA+ ha reclamado un informe de intervención sobre el decreto que se ha aprobado. ¿Lo ve necesario?

No. Además, aunque no esté su firma, el interventor ha participado como he participado yo. El Parlamento tiene otros mecanismos como la Cámara de Comptos. Llevo en este departamento desde 1996. La ley de presupuestos nunca ha llevado la firma del interventor y no ha pasado nada.

¿Cuentan con herramientas para evitar que se nos cuele en Navarra algún Plus Ultra?

Se puede colar todo. La garantía infinita no existe y si existe tiene un coste infinito. Cualquier prevención va más no por reforzar un tipo de control sino por plantear un control integral. Que cada uno de los actores sepa a qué esta jugando y sea una labor de equipo. Que no sea el interventor el que juega solo. Un interventor que estuvo aquí decía que los expedientes, la papelería, siempre están bien. ¿Los apaños de Roldán no estaban intervenidos? ¡Claro que lo estaban! Pero había un apaño por otro lado. Ahora es más difícil porque todo se sabe aunque puede haber otros mecanismos. Por eso el control no podemos fiarlo exclusivamente a la intervención previa.

¿Se podrá paralizar un expediente?

Sí. En los acuerdos de Gobierno se va a plantar que si se señala una cosa que no es elegible se para.

En las conferencias sectoriales se decidirán parte de los fondos que reciban las comunidades, pero no se puede obviar que hay sintonías diferentes según el color político.

Eso es cierto, pero el criterio de reparto que se decida será ese y todo el mundo sabrá qué es lo que le toca al de al lado. Según qué cosas nos toquen puede ser un regalo envenenado.

¡Bienvenido sea ese regalo si es en forma de fábrica de baterías!, ¿no cree?

Seguramente no nos toque, pero si cae, la gestión de los fondos y el PERTE la llevará el ministerio. Nos tocaría aprovechar el viento de cola para decidir qué infraestructuras anexas hacen falta y qué otras oportunidades de actividad hay. Intuyo que la parte envenenada de ese regalo sería ver qué pasa con el resto de fabricantes y talleres que trabajan para los coches diésel.

¿Pero sigue siendo una apuesta de Navarra?

Claro, porque sería mejor tenerlo que no. Pero si viene, insisto, la gestión que se haga desde el presupuesto de la comunidad no va a tener tanto importancia como en otros proyectos.

Manuel Campo Vidal confesaba el otro día que le preocupaba que terminemos como en la película de Berlanga Bienvenido Mister Marshall. ¿Le preocupan a usted las altas expectativas que se han creado con los fondos?

Lo he pensado muchas veces, no crea...

¿Hasta dónde va a llegar su compromiso con la oficina?

Acepté el reto con el compromiso de no prolongar mi estancia más allá de mi edad de jubilación. O sea, dentro de dos años. Para entonces esto ya estará rodado y maduro.

¿Y al final del plan? ¿Dónde estará usted?

Quizá en el monte contando margaritas (risas).

DNI

Ignacio Arrizabalaga nació en Pamplona el 20 de febrero de 1958 y tiene tres hijas, de 33, 31 y 27 años. Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad del País Vasco y cuenta con una dilatada experiencia en distintas áreas de la administración, habiendo trabajado en el País Vasco y en Navarra. Desde 1996 forma parte del Departamento de Economía y Hacienda.

 

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