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Medalla de Oro de Navarra

Huarte y Urmeneta, un dúo para liderar el cambio de Navarra

Huarte y Urmeneta, un dúo para liderar el cambio de Navarra
Huarte y Urmeneta, un dúo para liderar el cambio de Navarra
Publicado el 12/04/2021 a las 09:58
Este texto corresponde a un reportaje publicado en Diario de Navarra dedicado a Félix Huarte y Miguel Javier Urmeneta el 30 de noviembre de 2014, con motivo de la concesión a ambos, a título póstumo, de la Medalla de Oro de Navarra
"Cambiamos Navarra de cabo a rabo”. Así resumía el ya fallecido Luis Doria, que fue director de industria de la Diputación, entre 1964 y 1978, la transformación económica y social que consiguió el Programa de Promoción Industrial (PPI). Por su parte, Joaquín Gortari, quien fue subdirector de industria entre 1964 y 1978, ha definido este programa como “una especie de revolución en la industria navarra”. El hecho es que su puesta en marcha en 1964 tuvo como resultado hasta 1978 la constitución de más de 300 empresas con una inversión de 12.000 millones de pesetas y la creación de cerca de 20.000 empleos (según el análisis de Iosu Ardaiz, economista y director actual del Instituto de Estadística de Navarra). Todo ello se consiguió partiendo de una Navarra que en ese año, en 1964, era fundamentalmente agrícola, ya que el sector primario aglutinaba al 45% de la población activa. Los logros conseguidos con esta transformación y con la modernización de la comunidad, derivados del PPI, puesto en marcha ahora hace 50 años, es lo que el Gobierno de Navarra ha querido premiar al conceder la medalla de oro a título póstumo a quienes fueron los impulsores de este plan, los diputados forales Félix Huarte y Miguel Javier Urmeneta. El anuncio de este reconocimiento oficial se producía días después de que, en una jornada celebrada por la Fundación Moderna para celebrar precisamente los 50 años del PPI, Joaquín Gortari mostrara su extrañeza ante la ausencia de la concesión de la medalla a estas dos personas. El próximo 3 de diciembre, en la celebración del Día de Navarra con motivo del día de San Francisco Javier, se entregarán los galardones a los familiares de los dos homenajeados.
La puesta en marcha de este programa, que estableció las bases del actual desarrollo industrial, consiguió frenar la endémica emigración y convertir Navarra en tierra receptora de trabajadores. Una de las consecuencias más importantes fue la llegada de la empresa Authi a Navarra, hoy Volkswagen Navarra. ”Sin duda fue el proyecto más importante de todos. Porque una fábrica de automóviles no es que fuera sólo una inversión grande, sino que creaba a su alrededor una constelación entera. Dos años después de la fundación de Authi, estuve en la fábrica y ya tenía 250 contratos firmados con empresas de Navarra y el País Vasco para proporcionarles elementos del coche”, recordaba recientemente Saralegui, con motivo de la celebración del 50 aniversario del PPI.
REPARTIDOS POR TODA LA COMUNIDAD
A Authi se unieron empresas como AP Amortiguadores, Luzuriaga, SKF, Salvat, Piher, Laminaciones en Lesaca, entre otras, además de polígonos industriales, como el de Landaben, repartidos por toda la comunidad. El programa basó su eficacia en la autonomía fiscal con la que contaba Navarra y que le permitió conceder ayudas fiscales, además de facilitar los terrenos para la implantación de las empresas. Todo con el objetivo de favorecer la atracción de firmas para que se instalaran. Aunque Navarra contaba con esta herramienta, no fue fácil su puesta en marcha y el equipo que dirigía el programa tuvo que sortear los recovecos que dejaba la ley. Porque no hay que olvidar el contexto de entonces. España en 1964 vivía en plena época franquista y en ese año Navarra vio cómo se quedaba al margen de los objetivos del Primer Plan de Desarrollo estatal que había impulsado López Rodó. Este plan tenía como objetivo el desarrollo de 17 polos industriales y Navarra estaba excluida.
Ante esta situación, Navarra no se quedó sentada a esperar sino que buscó cómo poder sortear la legislación estatal. Para empezar, no utilizaron la palabra ‘plan’ para no chocar con el estatal, recordaba Saralegui. “Los de Navarra se llamaban ‘programas’ que parece que suena a menos imperativo que un plan. Y nunca dimos mayores ventajas fiscales que las que daba el Estado. Uno podía estar ahí jugando hasta el bordillo de la ley; si se pasaba ya era mucho más riesgo. Evitamos prudentemente ir al encontronazo. Ahora parece fácil, pero en aquel momento no lo fue”, apuntaba Saralegui.
Además, este técnico añadía un factor más que favorecía poder actuar ‘por su cuenta’ y era que Navarra estaba bien vista por la actuación que había tenido en la guerra civil. “Si se producía un desencuentro entre Navarra y Estado, teníamos la esperanza de que Franco nos daría la razón”, anotaba Saralegui. “A Navarra dejadla en paz”, recordaba Gortari que Franco dijo en alguna ocasión. Gortari fue testigo directo del desarrollo del programa y resumía la apuesta navarra comparándola con un juego de cartas. “Navarra echó un órdago al gobierno de la nación y con esta actuación la Diputación derrochó valentía ante el Estado”, apuntaba recientemente.
De todas formas, las medidas recogidas en el PPI eran similares a las del Estado, pero Navarra se diferenciaba por la prontitud en la resolución de las solicitudes. Una vez establecido el plan se dio a conocer entre los industriales importantes del entorno, a través de las diputaciones vascas, Cámaras de Comercios..., “y nos sentamos a esperar”, relataba Saralegui. Las solicitudes llegaban, las entrevistas eran continuas y a la semana podía estar ya resuelto el proyecto, como recordaba Gortari. “Sin darnos cuenta, asistíamos a la inauguración de empresas que creaban un montón de puestos de trabajo”, añadía. Así fue hasta 1974 cuando la crisis del petróleo hizo que los proyectos se paralizaran y la dirección de industria empezara a asemejarse, en palabras de Gortari, a un “cementerio”.
Para conseguir los resultados obtenidos confluyeron más factores, según explicaba Saralegui. Además de la autonomía fiscal, Navarra contaba con una buena situación geográfica y con unos “estupendos terrenos comunales muy bien repartidos por todo el territorio”. Pero la razón fundamental del éxito, según aseguran quienes lo vivieron de cerca, tiene dos nombres: Huarte y Urmeneta.
“DÚO DINÁMICO”
“Tuvimos la buena fortuna de que fueran diputados dos hombres de una categoría extraordinaria. Huarte y Urmeneta formaban una pareja difícil de superar. Yo, con 85 años, he conocido a miles de personas. Pero si me dijeran que eligiera la docena de personas más capacitada para gobernar que haya conocido, estarían, sin duda, ellos entre los escogidos”, explicaba Saralegui. “Con una capacidad de gobierno excepcional, una prudencia grande, ambos tenían el temple necesario para esos puestos, en esos tiempos que eran muy complejos. El plan salió adelante porque, aunque las circunstancias eran difíciles, ambos eran sabios y buenos consejeros”, apuntaba. Tal era la implicación de los dos diputados que los pamploneses dieron en llamarles el “dúo dinámico”, tal como recoge José María Jimeno Jurío en el prólogo de las memorias de Urmeneta.
Las trayectorias y las ideologías de Urmeneta y Huarte eran diferentes y el gran mérito de ambas personalidades es que eso no fue obstáculo para poner en marcha las medidas que revolucionarían la industria. “A ambos les unía el interés por Navarra”, señaló Gortari.
Para ser diputado entonces, era necesario ser concejal y Félix Huarte lo era. Miguel Javier Urmeneta, por su parte, era alcalde de Pamplona, puesto que dejó para incorporarse a la Diputación. Urmeneta además era director de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, que era de donde cobraba su sueldo ya que ni como alcalde ni como diputado tenía retribución. Huarte dirigía con éxito su grupo de empresas, incluida la constructora Huarte. Ambos acudieron en la misma candidatura y accedieron a la Diputación en 1964. Pero antes, Huarte ya había financiado y encargado un estudio técnico sobre las posibilidades de desarrollo económico de la comunidad, que fue la base del Programa. Esto explica que el 2 de abril de 1964 tomara posesión de la vicepresidencia (cargo al que accedía el diputado de más edad) y el 10 de abril, sólo una semana más tarde, el programa estuviera ya aprobado.
Objetivos del PPI
Según recoge Iosu Ardaiz, los objetivos eran:
1 Fijar en su territorio los excedentes de mano de obra autóctona, procedentes del sector primario, crecimiento vegetativo, etc.
2 Distribución territorial armónica de la expansión industrial y evitar aglomeraciones en la capital.
3 Crear y asegurar puestos de trabajo para las nuevas promociones de población laboral cualificada.
4 Movilizar ahorro y recursos financieros autóctonos.
5 Atraer capitales foráneos
 
Trabajo y prudencia
 
Francisco José Saralegui, el que fuera director general técnico de la Diputación foral entre 1964 y 1967, describe al diputado Félix Huarte, en el libro De agrícola a industrial: Navarra 1939-2001,dirigido por Fancisco Javier Caspistegui y Carmen Erro, de la siguiente manera: “El gobierno era don Félix Huarte, al que los más cercanos trataban de tú con el “Don “ por delante, según costumbre inmemorial. Huarte era el primer contribuyen del Reino, empresario con prestigio en todo el país, enérgico, trabajador, humilde. Quizá fue esta última su primera cualidad. Él supo siempre rodearse de los mejores arquitectos, ingenieros, abogados y economistas de España; nunca tuvo celos de la excelencia. Pudo haber puesto sobre su tumba aquel epitafio célebre del banquero americano: ‘Aquí descansa John P.Morgan, que supo rodearse de hombres mejores que él’. No conocía la envidia ni la soberbia; quizá por eso el pueblo navarro lo consideró siempre suyo. No le costó nada oírnos a todos; que de eso sabía. Desde el primer día en que comencé a trabajar en la Diputación, le oí comentar acerca del Plan de Desarrollo, de los polos y de los polígonos que se proyectaban desde Madrid: ‘Hay que hacer algo, hay que hacer algo ahora mismo!’”.
En este libro Saralegui habla también de Miguel Javier Urmeneta y de la relación entre ambos: “Urmeneta fue número uno en el colegio, en la Universidad, en la Academia Militar. Y si alguien me pidiese escribir en un papel el nombre de los tres hombres que he conocido más dotados para tareas de gobierno, Urmeneta sería uno de ellos. Muy inteligente, culto, prudente, con una alta sensibilidad artística y social, una de esas personas que retrata Machado: ‘Es el mejor de los buenos/quien sabe qué, en esta vida,/ todo es cuestión de medida:/un poco más, algo menos’”. Decía Saralegui: “No sé si don Félix había leído a Ignacio de Loyola, pero siguió el célebre consejo del ilustre guipuzcoano: ‘En esta Compañía, trabajen todos, recen los piadosos, enseñen los sabios. Pero gobiernen los prudentes’. Creo que Huarte dejó gobernar a Miguel Javier Urmeneta porque lo veía prudente. Aunque sus sensibilidades políticas eran distintas, sin duda: el presidente era beamontés; incluso consorte, pues su esposa llevaba ese egregio apellido. Miguel Javier Urmeneta fue siempre agramontés; ustedes me entienden”.
Y Saralegui añadía después refiriéndose al PPI: “Copiamos de la regulación estatal las ventajas fiscales, sin excederlas ni un milímetro, y el procedimiento: oferta foral, admisión de propuestas en un plazo y, para el caso de resolución favorable, pacto individualizado con la empresa. No teníamos crédito oficial, pero sí una abundante y variada oferta de terrenos, en todos casos, decisivos”.
“Buena parte de mi tarea fue intentar convencer a algunos navarros y a muchos madrileños importantes de que el Fuero no es ‘pagar menos’, sino tener más libertad. Y que está mejor expresado en aquella frase popular, un poco arrogante quizá: ‘En lo nuestro, no queremos que otros nos administren, aunque sea bien’ (...)”.
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