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Coronavirus Navarra

El queso de los pastores, de la sierra a la puerta de las casas

La pandemia ha pillado en plena campaña a los queseros de Urbasa-Andía que buscan otros canales para sus ventas

Juan Luis Aramendía, su hija Laura y su nieta Duna Galilea Aramendía, tres generaciones de la misma familia con parte de su rebaño en las inmediaciones de Azcona.
Juan Luis Aramendía, su hija Laura y su nieta Duna Galilea Aramendía, tres generaciones de la misma familia con parte de su rebaño en las inmediaciones de Azcona.
Actualizada 19/04/2020 a las 17:50

En el valle de Améscoa, en Lezaun, en Abárzuza o Yerri, el confinamiento ha pillado en plena producción a los pastores de las sierras de Urbasa-Andía. Obligados a reinventarse para sacar adelante un género que no pueden esta temporada comercializar mediante la venta directa en las queserías ligada también al turismo en la zona y sin sus clientes de la hostelería, las redes sociales se han convertido en aliadas. A través de ellas, recogen pedidos que envían luego a domicilio o comunican los puntos de venta en supermercados y tiendas que permanecen abiertos. Lo hacen así explotaciones veteranas como la de Ricardo Remiro en Eulate y nuevas incorporaciones al sector como Nerea Olazarán, pastora de Zudaire. Recién inaugurada su quesería Iruleze, la joven pastora lanzaba la pasada Semana Santa un aviso que se viralizó rápidamente a través de Whatsapp. En plena pandemia -contaba- no podía vender sus quesos y tampoco la empresa que recoge su leche llevársela en su totalidad al encontrarse también saturada. La solución, pedidos por Whastapp que ellos se encargan luego de hacer llegar a su destino en una idea que da frutos y se extiende entre otros queseros de los valles de Tierra Estella.

“Nos hemos encontrado con la producción a tope y sin venta directa”


Los encargos y reparto a domicilio suponen también un asidero para los hermanos Laura y Javier Aramendía San Martín, la segunda generación de una familia que une a la quesería de Azcona, en el valle de Yerri, la actividad hostelera en La Borda del Túnel de Lizarraga, ahora cerrada por el estado de alarma. Allí, donde confluyen ambas sierras, su padre Juan Luis abrió hace 25 años tras reformarla el establecimiento en el que desde entonces esta familia de pastores ha dado salida a buena parte de su queso mediante la venta directa. Laura Aramendía cuenta que la pasada Semana Santa -el 10 de abril- se cumplía un aniversario que querían celebrar con los clientes que les han acompañado este cuarto de siglo. Los planes quedarán para más adelante, pero la actividad quesera no puede pararse. La mayor parte de su rebaño de 450 ovejas latxas cara rubia ya se encuentra en la sierra desde este 15 de abril, cuando terminó el parón invernal y ellos atraviesan el momento álgido de una campaña de la que salen 4.500 kilos de queso al año. “Nos hemos encontrado con la producción a tope y sin forma de seguir vendiendo como hasta ahora. La mayor parte lo hacíamos en la borda de forma directa porque lo que nos interesa es defender nuestro producto a un precio aceptable y esa es la única manera de poder subsistir. Algo distribuíamos también en la hostelería. Sigue lo que colocamos en carnicerías, pero los gastos continúan iguales y perdemos los meses del año con más gente en la sierra”, dice.

El paso de los días y la prolongación del confinamiento dio a los queseros Aramendía la idea de coger pedidos vía mail o Whastapp para hacerlos llegar a los domicilios. “Es la tercera semana en la que estamos ofreciendo el queso así y la verdad es que la gente nos está respondiendo muy bien. Aunque no resulta comparable con lo que hubiera sido un año normal, estamos contentos con poder tirar hacia adelante. Le leche ordeñada mañana y tarde nos entra todos los días, así que no podemos parar la producción. Hay que intentarlo de otra manera en una situación tan extraña como esta para todos. Hasta para nuestros mayores, que tienen tanta experiencia de la vida y han pasado por tantas cosas”, subraya.

“Las visitas estaban llenas y venían meses de mucho movimiento”

 

Elaboradora de la denominación Idiazábal, quesería Aldaia de Lezaun atraviesa por la misma situación que otras explotaciones ligadas a ambas sierras. Del negocio de Imanol San Martín Ibarra y su familia salen al año 11.000 kilos de queso y la leche de sus 400 ovejas latxas sigue llegando. “Estamos produciendo igual. Comenzamos en diciembre y terminamos a finales de julio, así que nos ha pillado en plena campaña y con los meses principales para el turismo en nuestra zona perdidos”, contaba.

También él ha recurrido estos días a las redes para explicar que por mensajería pueden enviar su producto y detallar también cada uno de los establecimientos abiertos a los que lo suministran. En algunos casos, para pedidos concretos lo hace llegar él mismo a domicilio. “Al final, con los intermediarios siempre restas y por eso para nosotros es tan importante la venta directa en la propia quesería o en la borda de Andía. Las visitas guiadas de Semana Santa estaban a tope y venían por delante meses de mucho movimiento con los fines de semana repletos que vamos a perder y no sabemos hasta cuándo. Con todo este panorama, se me ocurrió comunicar así la situación por Facebook”, indica.

La parte positiva -argumenta - es que suministran a tiendas que siguen abiertas y en las que ha crecido la demanda de este producto. En el otro lado, la hostelería cerrada igual que toda la actividad dirigida al turismo. “A la semana elaboramos 500 quesos y de una manera o de otra necesitamos seguir dándoles salida. Si llenas la cámara y no vendes, continúa entrando la leche y la rueda no se para. Tampoco los gastos que tienes que asumir se detienen”, subraya.

Hay otros frentes de su actividad que preocupan a Imanol San Martín. Vienen de lejos, pero esta primavera revuelta acrecienta la inquietud y pone especialmente el foco en no perder la campaña quesera. Cuenta que el precio del cordero está hundido y lo está vendiendo a a 2,35 € kilo. “Ya partíamos de cifras que no eran rentables porque en Navidad estaba en poco más de 4 € el kilo. Si quieres, eso es lo que hay y si no te lo quedas, así que ha llegado a un punto en el que no merece la pena”, lamenta.


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