Jornada Diario de Navarra-BBVA sobre sostenibilidad
Los expertos advierten de la necesidad de reforzar la lucha contra el cambio climático
Un centenar de personas asistieron a la jornada de Diario de Navarra y BBVA sobre la sostenibilidad



Actualizado el 21/11/2019 a las 17:00
Las dudas que todavía albergan amplias capas de la sociedad sobre la emergencia climática que afronta el planeta y cuyas consecuencias son cada día más evidentes, pese a lo que todavía algunos cuestionan el consenso científico internacional, quedaron este lunes en evidencia durante la jornada organizada por Diario de Navarra y BBVA sobre la relación entre sostenibilidad y rentabilidad.
Ante un centenar de invitados provenientes del entorno empresarial e institucional, Alfonso Antoñanzas, director general de Exkal; Arturo García Martínez, director de Responsabilidad Social Corportativa en Ikea Ibérica; y Antoni Ballabriga, director global de negocio responsable de BBVA; expusieron sus reflexiones sobre el tema de la jornada, que no despertó tanto interés como otras citas empresariales que pueblan la agenda foral a juzgar por la relativamente alta cantidad de sillas vacías que quedaron en el aforo de la sala de hotel Muga de Beloso.
Frente al negacionismo de quienes ven peligrar sus intereses y no desean adaptarse al cambio climático, el propio Ballabriga recordó que había evidencias que hacían “irrefutable” la existencia de este fenómeno acelerado por la actividad humana: “Si no se actúa, las consecuencias negativas tendrán un coste equivalente al 20% del PIB”.
En ese sentido, reconoció que faltaban estímulos para actuar con mayor celeridad contra el aumento global de la temperatura y puso como ejemplo el bajo precio por tonelada de CO2 emitida, situado en cinco dólares. En ese sentido, dijo que habría que plantear un aumento creciente de ese precio para conseguir que “empresas y los gobiernos cambien su forma de actuar respecto a este gas de efecto invernadero”.
Tras advertir al público que le precedía su fama por hacer declaraciones “políticamente incorrectas”, Antoñanzas rechazó que se fundamentara la lucha contra el cambio climático en su posible rentabilidad. “Si la sostenibilidad es rentable, mejor, pero si no lo es también hay que apostar por ella porque está en juego el futuro del planeta”, argumentó antes de mostrarse favorable a una tasa para dotar de recursos a la lucha contra el cambio climático.
Frente a este planteamiento, Ballabriga expuso que la sostenibilidad era “la mayor oportunidad de negocio para los bancos en los próximos diez años”, ya que los compromisos adquiridos implicarán un gasto anual de “entre cinco y siete billones de euros”. No obstante reconoció que, a día de hoy, todavía estaban lejos de alcanzar esa cifra, ya que se prevé terminar este año con unos 350.000 millones. Respecto a los objetivos específicos de BBVA, dijo que la entidad se ha propuesto movilizar 100.000 millones para financiación verde durante el periodo 2019-2025. En lo que va de año, el banco ya ha alcanzado en lo que va de año 18.000 millones contando los fondos destinados para, entre otros fines, préstamos verdes, compra de vehículos eléctricos, paneles solares o mejoras productivas que favorecen la economía circular.
En relación con la sostenibilidad medioambiental y social, el director global de negocio responsable de BBVA explicó que el sector financiero se enfrenta a una regulación creciente que le empuja a trabajar con una mayor transparencia, pero también a aprender a diferenciar las actividades sostenibles de las que no lo son y a asimilar una mayor integración de la gestión de riesgos, que está promovida por una extensa red internacional de bancos centrales.
UN VALOR CAPAZ DE ATRAER TALENTO A LAS EMPRESAS
En el turno de preguntas del público, solo una de la docena de cuestiones planteadas arrebató la unanimidad rotunda de los tres ponentes. “¿Consideran la sostenibilidad como un valor que puede atraer talento a la empresa?”. Alfonso Antoñanzas, Arturo García y Antoni Ballabriga ni lo dudaron. Los jóvenes buscan trabajar en empresas con valores medioambientales, lo que es un imán para atraer talento.
¿Las universidades deberían impulsar formación favorable a la sostenibilidad? fue otra de las preguntas, a la que se respondió que la sotenibilidad no debe ser algo específico, sino una formación transversal en los campus. El impacto del crecimiento demográfico, cómo se trabaja la mayor durabilidad de los productos y la importancia de una información de calidad sobre sostenibilidad protagonizaron otras preguntas.
El director general de Exkal aterrizó el concepto mediante un ejemplo práctico sobre los armarios refrigerantes que fabrican, que se consideran sostenibles cuando “el retorno de la inversión por el ahorro energético es menor de tres años y cuando la eficiencia respecto a lo que ya existía es mayor del 50%”. Como en anteriores intervenciones públicas, Antoñanzas explicó que el actual ritmo de consumo anual de recursos en todo el planeta supera en un 70% la capacidad natural para regenerarlos, una tendencia que, debido al empuje de los países emergentes, va a ir a más. Frente a esta realidad, añadió que el 39% de la actividad humana no son más que ineficiencias, por lo que si se corrigieran el mundo sería “casi sostenible”.
RECUPERACIÓN DE MATERIALES
“Ese objetivo no está tan lejano”, aseguró ante los oyentes antes de señalar que el transporte y la distribución, que representan un 14% del consumo de recursos, son dos campos en los que podrían lograrse avances rápidamente si se fomentara la producción de bienes cerca de los lugares de consumo y de la extracción de las materias primas. En ese sentido, Antoñanzas también se mostró partidario de impulsar la economía circular y replantear la fabricación de productos de forma que se utilicen siempre “la menor cantidad posible de materias primas” cuyo origen también debe ser “sostenible”. “Nuestros armarios refrigerados están diseñados para que pueda reutilizarse el 85% de su peso en materiales recuperados”, afirmó.
Por otra parte, recordó que la energía que diariamente llega del Sol a la superficie de la Tierra equivale a “4.500 veces las necesidades de consumo”, un argumento que utilizó para reforzar el optimismo sobre las posibilidades de alcanzar un mundo sostenible. En esta misma línea y para probar la eficacia de la acción humana para darle la vuelta a la situación, dijo que la alerta científica sobre la destrucción de la capa de ozono comenzó “hace 42 años” y que no fue hasta 2015 cuando se legisló para frenar las emisiones de gases que la provocaban, pese a lo que vaticinó que en pocos años se iba a lograr una recuperación total de dicha capa. “No vamos a ser capaces de evitar el cambio climático, pero está en nuestras manos frenarlo para que sus consecuencias no sean catastróficas para las próximas generaciones”, aseveró.
Antoñanzas estuvo muy crítico con quienes quitan importancias o directamente rechazan el calentamiento global, en especial si ostentan cargos de responsabilidad, sobre todo cuando atacan a los expertos que denuncian la emergencia global: “Los científicos se equivocan muchas veces, pero aciertan la mayoría de ellas”.
El directivo de la multinacional sueca apuntó directamente hacia los jóvenes, los futuros consumidores. Subrayó que “reclaman”, no solo a los gobiernos, sino también a las empresas privadas “acción” contra el cambio climático. Contó que Ikea inició en 2012 una estrategia - bautizada como ‘People & Planet Positive’- cuya finalidad es marcar unas pautas hasta lograr cambiar el modelo de negocio. “Tenemos que dejar de consumir energía fósil y consumir energía renovable. Tenemos que incorporar la economía circular en nuestra cadena de valor, tenemos que fabricar productos con material reciclable o reciclado y facilitar la entrega de la compra en vehículos de cero emisiones”, detalló.
Arturo García aderezó su intervención con datos para fortalecer su tesis de que ser sostenible tiene impacto en la cuenta de resultados. Señaló que un estudio de Ikea España arroja que “más del 60%” de los consumidores que buscan soluciones para ahorrar agua, energía o gestionar sus residuos “tiene en consideración a Ikea”. “Eso significa un potencial negocio, un potencial crecimiento de visitas, un potencial de mayor compra y un potencial de aumento del ticket medio”, agregó.
El directivo contó que, en torno a la sostenibilidad, también existen riesgos y amenazas, como, por ejemplo, que el precio de la luz ha subido un 15% en España desde 2015, pero que la firma sueca ha conseguido reducir, desde 2010, un 28% el consumo de energía en España, aunque su objetivo es rebajarlo hasta un 40% en los próximos años. En este sentido, dijo que en las tiendas de Málaga y Jerez la adopción de medidas, como la instalación de paneles fotovoltaicos en el tejado y hasta en los techados del párking han permitido ahorrar “en cada una de las tiendas” más de 500.000 euros.
Otro riesgo del cambio climático es el impacto de inundaciones o incendios en diferentes zonas. Según dijo, unas 62 de las más de 300 tiendas que Ikea tiene por todo el mundo están ubicadas en zonas con riesgo climático. Para hacerse idea del alcance, apuntó que con las terribles inundaciones del pasado octubre con la DANA, la tienda de Málaga se cerró día y medio, “lo que supuso más de 200.000 euros de facturación”. Este tipo de riesgos meteorológicos, aseguró García, supondrá un aumento del coste de los seguros de estas tiendas en potencial riesgo.
Pero Ikea- defendió - ya está “haciendo cosas”. Posee 180.000 hectáreas de bosques responsablemente gestionados. “Consumimos el 1% de la madera del mundo. Tiene sentido que nos aseguremos la materia prima de forma sostenible y eso, además, nos ayuda a gestionar mejor las fluctuaciones de precio”. Dijo que hoy el 85% de la materia de sus productos procede de fuente sostenibles y el 100% de su algodón “está certificado como sostenible”.
Sobre la movilidad sostenible destacó que su objetivo es que en 2025 todo el transporte de sus compras sea en medios de contaminación cero. A modo de pincelada señaló que las restricciones de tráfico en ’Madrid Central’ ponían en riesgo ventas por 6,7 millones y, si se ampliaba a la circunvalación de la M-30, alcanzaban los 27,4 millones, por lo que Ikea usa coches eléctricos y, para sus dos tiendas en el centro de la capital, el reparto en bicicleta.