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EMPRESAS

Lizarte, con 95 empleos, da una segunda vida a los recambios de automoción en Navarra

La empresa familiar, en manos de la segunda generación, factura 10,5 millones de euros y exporta el 55%

Foto de Óscar Huarte, director gerente de LIzarte, entre direcciones de coches.

Óscar Huarte, director gerente de LIzarte, entre direcciones de coches.

Actualizada 27/02/2019 a las 20:15
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Lizarraga y Huarte es igual a Lizarte. El nombre de una empresa fundada en 1973, dedicada a dar una segunda vida al material de automoción. Con 95 trabajadores, en el polígono de los Agustinos, factura 10,5 millones de euros. Esta historia comienza con unos emigrantes navarros que volaron hasta Caracas buscando un mundo mejor. Eran tiempos en que Venezuela, su riqueza y sus oportunidades laborales constituían un gran reclamo para los españoles que, en su país, no tenían las cosas fáciles. Eran tiempos de posguerra y a finales de los años cincuenta Eduardo Huarte y Marina Berástegui dejaron Pamplona y se fueron con sus hijos a Caracas, excepto uno, Eduardo Huarte Berástegui, que tuvo que quedarse en Pamplona hasta hacer el servicio militar. Hecha la mili se marchó a Caracas donde residía su familia. Pero su novia, María Jesús Azpíroz Sucunza, se había quedado en Pamplona. Cuando fue a encontrarse con el que hoy es su marido se topó con un problema. Al no tener familia en Venezuela, no podía entrar. Así que se casó por poderes. Un primo de ella hizo de novio en Pamplona y con los papeles de matrimonio en su equipaje y sus jóvenes 21 años viajó a Caracas al encuentro de su marido.

Vivieron allí 13 años. Eduardo Huarte trabajaba de mecánico electricista y al año montó su propio taller, que llegó a ser el mayor concesionario de Renault en Caracas. Lo cuenta su hijo mayor, Óscar Huarte Azpíroz, que nació en Caracas en 1961 y que hoy es director gerente de Lizarte. Cuando Óscar Huarte tenía nueve años, su familia, con un hijo más, Gustavo, tres años más pequeño, decidió volver a Pamplona. “Con las edades que teníamos regresar más tarde iba a ser más complicado”, explica. En Pamplona, el matrimonio tendría otro hijo más, Eduardo.
La vinculación con Caracas continuó porque Eduardo Huarte mantuvo el taller durante diez años más. “Llevaba recambios de España y Francia para abastecer el mercado de Venezuela”, explica su hijo.

UNA EMPRESA 50%

Con esta actividad, Eduardo Huarte estableció relación comercial con Jesús Lizarraga Jáuregui, que tenía la empresa Transmisiones Lizarraga, que refabricaba (daban segunda vida) transmisiones de coches. Por ello se convirtió en proveedor del taller de Venezuela. A partir de ahí, decidieron asociarse al 50% y constituyeron la empresa Lizarte, en la calle Ostoki, en San Pedro. Era 1973. Compraron en una subasta el material que había quedado servible después de incendiarse el almacén de Authi. “Eran recambios de coches para fabricación de Authi. Se dieron cuenta de que había direcciones estropeadas que se podían arreglar para sacarles beneficio. La parte técnica la llevaba mi padre y la comercial, su socio”, cuenta.

Los clientes empezaron a pedirles más modelos de dirección y los socios vieron entonces una oportunidad de negocio. “Cuando, por ejemplo, se estropeaba la dirección de un coche, el cliente pedía un recambio más barato que el oficial. Empezaron a comprar cascos (como se denomina la materia prima que se arreglará para un segundo uso) en desguaces en Francia, donde había más cultura del reciclado. Mediante un proceso artesanal e industrial se les daba una segunda vida y se lo vendían a tiendas de recambios, los recambistas”, explica.

Conforme evoluciona la tecnología de las direcciones de coches, lo hace también Lizarte. De las direcciones mecánicas pasaron a las hidráulicas y electrónicas. Con el ‘saber refabricar’ fueron introduciendo otras líneas de producto como compresores de aire acondicionado, además de inyectores y bombas de inyección. Además, fabrican un producto propio, desde hace 30 años. Se trata de las esferas de suspensión para coches de Citroen. Los proveedores actuales son especialistas en buscar materia primar entre los desguaces en España, Francia, Italia, Reino Unido, Holanda, Alemania y EEUU, entre otros.

La empresa fue creciendo y de San Pedro, donde ocupaban 200 metros cuadrados con seis personas, pasó a Ansoáin en 1982, con 1.700 metros cuadrados y 15 personas. En 2005 se instaló en el polígono de los Agustinos, en una parcela de 12.000 metros cuadrados, con 4.500 metros construidos y donde trabajan 95 personas. Además, la empresa cuenta con 110 metros cuadrados en unas oficinas en alquiler en otro edificio del polígono. Es donde están ubicados el servicio técnico postventa y la recepción de pedidos.

En 2004 la familia Huarte compró las acciones de su socio. Desde entonces Lizarte es una empresa familiar, dirigida hoy por la segunda generación. Facturó 10,5 millones de euros en 2018 y prevé un crecimiento para este ejercicio del 14%, debido a una mayor presencia en Alemania y resto de Europa. Lizarte exporta el 55% y sus clientes son empresas de recambio de tamaño medio y grande. Sus mercados estratégicos, además de España, son en estos momentos Francia y Alemania. Lizarte es una empresa que invierte de manera constante 200.000 euros cada año, que se destinan a equipamientos, sistemas de información e informática, etc. Cuenta con 5.000 referencias de productos, de series muy cortas. “Al trabajar tantas referencias se requiere mano de obra muy cualificada”, apunta Huarte. La plantilla de Lizarte se nutre en gran medida de alumnos de Formación Profesional de especialidad mecánica. Una plantilla que Óscar Huarte prevé que crecerá este año.

Un navarro venezolano patrocinador del ciclismo




Óscar Huarte Azpíroz se incorporó a Lizarte en 1995. Primero, como responsable de ventas en España y después compartió con su padre la gerencia hasta asumirla en solitario desde hace 12 años. Nacido en Caracas en 1961, casado y con dos hijas, después de estudiar en los Maristas de Pamplona, pasó a empresariales, carrera que terminó en Bilbao. Al finalizar el IESE en Barcelona, se incorporó a Cinfa, donde fue jefe de producto y responsable de márketing. “Considero que es bueno coger experiencia en otras empresas y sectores. Pero yo sabía que, antes o después, terminaría trabajando en la empresa familiar. A mí desde joven me atrajo la vida que llevaba mi padre”, explica. Forma parte de la Asociación de Empresas Familiares de Navarra, Adefan; de la Fundación Industrial de Navarra; del clúster de automoción Acan; de la Cámara Navarra de Comercio y de la Asociación para el Progreso y la Dirección, APD. Lleva con mucho orgullo que la empresa que dirige sea patrocinadora del equipo de aficionados ciclista que lleva su nombre. “Lo patrocinamos desde hace 14 años. Nos deja muy sabor de boca comprobar que ayudamos a chavales jóvenes con cualidades a dar el salto al mundo profesional en este deporte”, apunta.

 

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