Cetya cumple medio siglo con treinta empleos y 12 millones de facturación

Con dos canteras y nueve plantas, produce 150.000 metros cúbicos de hormigón al año

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Marialuz Vicondoa

Actualizado el 03/06/2018 a las 06:00

El arquitecto navarro Rafael Moneo quería que el Museo Universidad de Navarra estuviera construido con hormigón visto de color rosáceo. No era fácil. Pero lo consiguió. El responsable del resultado fue Cetya (Canteras de Echauri y Asociados), que suministró el material para su construcción. Es un ejemplo de los diferentes tipos de hormigón que fabrica la empresa navarra. En la actualidad, una de las principales obras para las que trabaja Cetya es para el nuevo colegio Salesianos, en Sarriguren, para la constructora VDR. Ya ha empezado a suministrar los 12.000 metros cúbicos de hormigón que requerirá la obra durante un año. Otro de los principales proyectos del Grupo Cetya en la actualidad es el del Pantano de Yesa.

Además del hormigón, el mortero es otros de los productos de Cetya, que se almacena en los silos que se sitúan cerca de las obras. Los silos tienen capacidad para 25 toneladas cada uno y en la actualidad se levantan unos 120 en diferentes obras entre Navarra, Aragón, País Vasco y La Rioja.

El material utilizado en las obras es árido que procede de las dos canteras del Grupo Cetya, en Tiebas (la originaria) y en Castejón. Esta materia prima va destinada a las nueve plantas de hormigón, ubicadas en Tiebas (3), Urroz, Sarasa, Castejón, Olite, Liédena y Estella, además de a otros clientes. A ellas se suman la planta de mortero en Tiebas. “El mortero no requiere tanta cercanía con las obras porque se transporta en seco, por eso está más centralizada su producción”, explicó José Joaquín (Kiko) Senosiáin Murillo (Pamplona, 18-12-1957), presidente de la compañía desde 2002. Los clientes de estos productos son las constructoras y el destino final son viviendas, centros dotacionales, carreteras...

En sus plantas de procesamiento, el árido se mezcla con cemento (que llega de Cementos Portland Valderrivas de Olazagutía) y agua para fabricar el hormigón, que, para transportarlo, debe estar siempre en movimiento para que no se fragüe, por lo que se traslada en camiones hormigoneras. Para el mortero, en cambio, no se necesita agua y se almacena en los silos que se colocan en las obras. Y el cliente lo mezcla con agua cuando lo va a utilizar. El primero se utiliza para las estructuras del edificio y el segundo va destinado a paredes y para pegar ladrillos. Y cada producto, a su vez, tiene diferentes variedades. En 2017 la producción de hormigón sumó 150.000 metros cúbicos y la de mortero, 50.000 toneladas, fundamentalmente dirigidos a vivienda. Como media, un piso de 100 metros cuadrados necesita unos 70 metros cúbicos de hormigón y 25 toneladas de mortero. Además de las obras citadas, los productos del Grupo Cetya han servido para la construcción de la Autovía del Camino, Autovía del Pirineo, Pantano de Aoiz, nueva cárcel de Pamplona o la estación de autobuses, entre otros destinos.

50 CUMPLEAÑOS

El grupo familiar navarro Cetya está de cumpleaños. La empresa se constituyó el 21 de febrero de 1968. Hace 50 años, Isidro Senosiáin Redín (fallecido en 1985), que se dedicaba a la construcción, empezó a trabajar con una cantera en el pueblo de Echauri. “Antes, las empresas de construcción tenían sus propias canteras para autoconsumo de sus obras”, explicó su hijo pequeño, Kiko Senosiáin Murillo, de los siete que tuvo. “Duró poco esta cantera porque el material no era bueno. Se cerró y se abrió la de Tiebas, que es la que hoy mantenemos, junto con la de Castejón”, añadió el directivo. El fundador falleció en 1985 y dos años después accedió a la presidencia un cuñado del actual presidente, José Ramón Madera, ya fallecido, que trabajaba en la empresa. Madera se mantuvo como presidente hasta 2002, cuando se produce una escisión del grupo. Madera se quedó, entonces, con la empresa CTH, que pertenecía al grupo, y Cetya, con los actuales propietarios, pasó a ser dueño del resto de activos. En 2002 pasó a la presidencia del Grupo Cetya Kiko Senosiáin, que se había incorporado a trabajar en la empresa en 1982.

El actual consejo está formado por, además de Kiko Senosiáin, por sus hermanos Isidro y Francisco Javier, y por su cuñado Carlos Taberna Jiménez. Desde 2005 el grupo tiene las oficinas propias en el edificio Estrella de Tajonar, donde ocupan 400 metros cuadrados. En la actualidad mantiene una plantilla de 30 trabajadores y cerró 2017 con una facturación de 12 millones de euros, cifra similar a la del año anterior. “El objetivo de 2018 es que aumente el 10% porque contamos con el aumento de la actividad en la construcción de las viviendas en Navarra”, añadió el directivo navarro.

José Joaquín Senosiáin: "Si hay que ser pequeño, se es pequeño"
Al Grupo Cetya le ha tocado vivir en primera persona la crisis económica y del sector de la construcción vivida en los últimos años. “En Navarra, la actividad de la construcción se ha reducido desde 2008 a 2017 un 90%. El desplome ha sido espectacular. En 2007 se construían 10.000 viviendas y en 2017 se han iniciado 1.500. La inversión pública se ha desplomado. Ante esto, nosotros nos hemos replegado”, explicó Kiko Senosiáin, presidente de la empresa. Para afrontar la situación, Grupo Cetya ha reducido su estructura y ha abandonado las participaciones que mantenía en otras empresas (Aricam, Navasfalt...). El resultado es que los activos del Grupo Cetya se limitan hoy a las dos canteras y las nueve plantas de procesamiento. Además, el transporte, que antes era propio (tenían 25 camiones hace 10 años) se ha sustituido por autónomos.

Una de las últimas secciones que el grupo ha introducido ha sido el de los sacos, es decir, morteros y áridos en sacos, actividad con la que trabajan desde hace cinco años. Producen 50.000 toneladas de producto ensacado. Con este formato quieren dar el salto al exterior y han empezado a exportar a Francia, con el objetivo de hacerlo también en 2019 a Portugal. “Somos más competitivos que en Francia, así que tenemos hueco para vender allí”, añadió el presidente.

Con 50 años de empresa, Senosiáin ve el futuro con optimismo. “Hemos tenido momentos muy difíciles . Pero hoy tenemos una empresa capitalizada, sin endeudamiento. Con la crisis hemos aprendido que la clave está en que la empresa no esté apalancada financieramente y saber que si hay que ser pequeño, se es pequeño”, añadió.

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