Usos y tradiciones 

La red de cables de las Malloas: "Sin la hierba del caserío no podía sostener el caserío"

Una nueva recreación recuerda este sábado el sistema de transporte que se utilizaba en el valle de Araitz para asegurar el alimento al ganado 

Imagen de archivo del sistema de cable utilizado en el valle de Araitz para el transporte de hierba de las Malloas.
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Imagen de archivo del sistema de cable utilizado en el valle de Araitz para el transporte de hierba de las Malloas.cedida
Imagen de archivo del sistema de cable utilizado en el valle de Araitz para el transporte de hierba de las Malloas.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 18/09/2026 a las 05:00

Sin la hierba de las Malloas “no se podía sostener el caserío”. Tal convicción perduró en la memoria de la familia Estanga, en Gaintza, por el nutriente que crecía en las alturas y era poco menos que maná caído del cielo para asegurar la robustez del ganado. Cuando la economía doméstica descansaba en el resultado del primer sector, los habitantes del valle de Araitz se regían por esta creencia. 

Debían abastecer el sabai o desván de provisiones para épocas de estabulación de los animales. Los núcleos urbanos estaban rodeados de cultivos de cereal y en la cima crecía la hierba tierna y vigorosa. Este sábado 19, sus descendientes reeditarán la técnica del transporte por cable (tirolinas). La convocatoria es en la plaza de Gaintza, a las 11.00 horas. La organización descansa en el Ayuntamiento de Araitz y Araizko Zaporeak, que cuentan con la colaboración del Consorcio Turístico del Plazaola. Para las personas con dificultades se ha dispuesto de un servicio de transporte en vehículo hasta Zezelain, situado a 1,5 kilómetros de Gaintza, con un desnivel de 150 metros. 

La cita en Gaintza recuperará, aunque sea a modo de demostración, una práctica que trazó el cielo de 49 líneas suspendidas entre los años 20 y 60 del siglo pasado. Antes de importarse su invento de Italia, con prueba más que satisfactoria en los valles pirenaicos en el movimiento de la madera, la obtención de la hierba de las Malloas tenía su precio. 

Una caminata de 3,5 kilómetros hasta acariciar la cumbre, a 1.200, 1.400 y , hasta 1.500 metros de altitud, absorbía un primer derroche de sudor. Luego, el movimiento semicircular del cuerpo doblado con la guadaña en la mano requería de un segundo esfuerzo. La faena se remataba con el regreso al hogar. Los animales servían, hasta cierto punto y altura, de apoyo por las pendientes irregulares de las estribaciones de la sierra de Aralar. El primer tendido para hierba dibujó una línea “desde Alixate en dirección al paraje de Maiko Muñoa, pendiendo un desnivel de 250 metros. 

Su colocación -señala en el libro Las Malloas de Aralar, de Juan Mari Ansa Munduate- corrió a cargo de Juan Miguel Iriarte del caserío Perunea, quien de esta manera se convirtió no sólo en el primer cablista autóctono de Intza, sino de todo el valle”. A aquella prueba le sucedieron proyectos calcados hasta completar el entramado de 49 líneas, que surcó el cielo del propio Intza, Errazkin, Gaintza y Uztegi, además de Betelu. 

El sistema se apoyaba en el grado de inclinación de las laderas para acercar fardos de 50 y 70 kilogramos incluso hasta el propio caserío. Lo que hasta entonces era una tarea ardua y costosa, el modelo del cable aportó una ventaja en cuestión de tiempo. En pocos minutos, la hierba reposaba en el desván. La idea de la instalación de fraguó en la inquietud y el esfuerzo físico de los visionarios en el valle de sus beneficios. José Estanga, de Gaintza, con un vecino suyo esperó en Betelu con una yunta de bueyes un pedido de cable de Altos Hornos de Vizcaya. 

No es difícil imaginar la exigencia para llegar a la cumbre con rollos de “25 y 50 kilos de peso”, imposibles de ser transportados por animales en tramos de pendiente pronunciada. Los detalles son parte de la memoria en el valle de Araitz, que este domingo entretejerán una demostración. La organización del denominado Araizko Kablearen Eguna (Día del Cable de Araiz) descansará en el colectivo Araizko Zaporeak.

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