Sucesos
"Queremos mucho a Etxarri Aranatz y el pueblo nos quiere"
Las 13 religiosas mayores cuya residencia es objeto de periódicas acciones vandálicas expresan su lamento y valoran las muestras de afecto recibidas


Actualizado el 25/02/2026 a las 08:11
“¿Tanto puede molestar un grupito de 13 personas mayores, varias enfermas, con necesidades de asistentes que amorosamente las cuidan, no salen de casa, no se meten con nadie. Son personas pacíficas, que serenamente esperan el final de sus días y, dentro de sus posibilidades, siguen rezando y ofreciendo sus limitaciones por el bien de los demás, como ha sido así a lo largo de sus vidas?”. La interpelación brota de una reflexión de Justi Muñoz Cibrián, provincial de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres, tras el último episodio de vandalismo protagonizado por un grupo de incontrolados contra la fachada de la residencia de la congregación en Etxarri Aranatz. La vivienda, que en sus inicios fue colegio, es residencia de 13 religiosas, de 80 a 95 años la mayoría, que vivieron su vocación misionera en distintos países.
Lo ocurrido en la madrugada del pasado día 12, jueves de Carnaval, alteró su convivencia. Sor Begoña Díez Ruiz, una de las responsables de la casa, y sus doce hermanas de la orden, fundada en 1836 y con presencia en la localidad desde 1953, se encontraban dormidas cuando una sucesión de ruidos interrumpió bruscamente su sueño. “Bajamos a la una y cuarto y nos encontramos con cristales rotos. Aún hoy no podemos subir una persiana que también golpearon”, recuerda. Su primera reacción fue acercarse a la capilla y “bajar de inmediato la persiana” por el temor a la respuesta de quienes se encontraban en ese momento al otro lado de la pared. Pero el asunto no quedó ahí. “A las cuatro de la mañana” volvieron a sentir un nuevo sobresalto con una réplica de altercados. Se personó la Policía Foral tras una llamada telefónica suya y queda pendiente de tramitarse una denuncia de los propios agentes -según el relato de la religiosa- después de que retuviesen a un joven que se personó con su madre en el lugar. Pero no ha sido el único altercado.
El precedente más cercano data de las noches del 7 y 8 de diciembre, coincidiendo con la festividad de la orden, cuando sufrieron una nueva acción vandálica, que vino a sumarse a las registradas “desde antes de la pandemia”. De entonces son las pintadas en la puerta del garaje y los rastros de pintura y huevo en los balcones del primer y segundo piso.
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"ESTAMOS CON VOSOTRAS"
Hasta ahí lo que son los hechos. El último capítulo a la secuencia de sucesos ha desatado una corriente solidaria con muestras de afecto. Sor Begoña Díez, burgalesa que estuvo en África de misionera, suele repetir a sus hermanas de comunidad que con todo lo sucedido “hay que quedarse con lo positivo”. En esa lectura benévola antepone los detalles de vecinos y de personas de fuera del municipio que de “forma directa o indirecta” les han hecho llegar su solidaridad y cercanía. “Nos han traído verduras. Hay personas que cuando te ven en la calle, nos dicen: ‘Estamos con vosotras; no estáis solas’. Son gestos muy bonitos y también muy agradecidos” que vienen a reforzar el vínculo forjado desde los años 50.
“Queremos mucho a Etxarri Aranatz, si no no estaríamos aquí. Y el pueblo nos quiere también”, concluye. “Imposible de creer” lo sucedido, “pero cierto”, asegura, a su vez, la provincial. “No quiero pensar que detrás de todo eso haya alguna cara de padres, madres, alumnos, alumnas que un día fueron niños felices, juguetones, dóciles, amables..., que aprendieron en nuestras clases y en nuestros patios. Eso nos entristecería aún más...”. “Pero Etxarri –añade– no es sólo esto, a Dios gracias, porque sigue habiendo gente maravillosa que condena estos atropellos, que está junto a las hermanas para cuidarlas, consolarlas y protegerlas”. La provincial Justi Muñoz agradece, como representante de su orden, “esos gestos de humanidad, de respeto y de aprecio” y confía en que “la toma de conciencia de todo el pueblo, especialmente de los que lo gobiernan, de estos acontecimientos sirva para que la cordura, el respeto a toda la diversidad, la empatía con los más vulnerables y el reconocimiento por el bien hecho sean valores que se vuelvan a vivir en este querido pueblo de Etxarri Aranatz”.
DEL PARVULARIO A VISITAS DE ENFERMOS
La orden de la Inmaculada Concepción de Castres, con cerca de medio millar de religiosas repartidas en distintos continentes, recaló en Etxarri Aranatz en los años 50. “Siempre escuché a las hermanas hablar de las penurias y dificultades que pasaron, junto con la misma gente de allí”, observa la provincial, Justi Muñoz Cibrián. “Con muchos esfuerzo”, las primeras hermanas destinadas en el término de Sakana abrieron un colegio de Educación Infantil, con menores de 2 a 6 años. Los pioneras “dedicaron” –a decir de la hoy provincial, que tuvo como primer destino aquel “pequeño colegio”–, sus mejores años a la formación humana y cristiana de muchos niños y jóvenes, colaboraron en las necesidades de la parroquia, asistieron a muchas familias, compartiendo con ellas, tanto cosas materiales como escucha, consuelo apoyo y ayudas mutuas”.
En un momento dado hubo tres clases de Educación Infantil, conocido entonces como parvulario, y dos de Formación Profesional. Por las aulas de Administrativo pasaron no sólo jóvenes de Etxarri Aranatz sino también de pueblos cercanos, que hallaron un lugar donde forjar su porvenir. El colegio de la Inmaculada de la Concepción de Castres cerró sus puertas en 1993.
La siguiente etapa de las conocidas en el mundo como Hermanas Azules con “la Centralidad en Dios y en los pobres” como pilar de su espiritualidad, fue la habilitación de algunas de sus estancias para “encuentros, convivencias y colonias de niños de otros colegios”.
Tras un breve paréntesis y dada la “salud y edad avanzada de las hermanas”, como recuerda Justi Muñoz, Etxarri Aranatz, que era destino de misioneras en sus etapas de descanso, acabó por convertirse en residencia de mayores de la orden. Lo que hoy es la vivienda pudo ser acondicionada con la venta de la parte dedicada a colegio y que hoy es Escuela de Música. En la actualidad, las hermanas que son autónomas siguen ejerciendo su labor con “visitas a los enfermos y ayuda en la parroquia”, como señala Begoña Díez Ruiz.
