Carta abierta

¡Qué lejos estábamos de pensar que un día nos íbamos a encontrar en la situación en la que hoy estamos!

Residencia de la Inmaculada Concepción de Castres en Etxarri Aranatz
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Residencia de la Inmaculada Concepción de Castres en Etxarri AranatzJ.C Cordovilla
Residencia de la Inmaculada Concepción de Castres en Etxarri Aranatz

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Hermana Justi Muñoz Cibrián

Publicado el 25/02/2026 a las 05:00

Después de terminar mis estudios de Magisterio con la especialidad de Educación Infantil y completada con otras formaciones, mi primer destino fue al pequeño Colegio de Etxarri-Aranaz, donde, en ese tiempo, teníamos tres clases de Educación Infantil (de 2 a 6 años) y dos de Formación Profesional.

En ambas áreas trabajé durante 9 años, en coordinación con otras hermanas y con alguna profesora laica del pueblo y de los pueblos cercanos. Fueron años felices, de mucho trabajo, donación y empeño por llevar a cabo nuestra misión, como las hermanas la habían llevado desde los años 1950 que se instalaron en Extarri, cuando en esos años la realidad del pueblo era muy diferente. Siempre escuché a las hermanas hablar de las penurias y dificultades que pasaron, junto con la misma gente de allí.

Con mucho esfuerzo levantaron el Colegio y dedicaron sus mejores años a la formación humana y cristiana de muchos niños y jóvenes, colaboraron en las necesidades de la Parroquia, asistieron a muchas familias, compartiendo con ellas, tanto cosas materiales como escucha, consuelo, apoyo y ayudas mutuas.

En este tiempo, además de años felices, también fueron años difíciles, de mucho dolor y sufrimiento, incluso miedo, años de impotencia, de “andar con cuidado” en lo que decíamos u oíamos, con quien hablabas o a quien visitabas… Todo lo vivido en el pueblo nos afectaba profundamente, pues nuestra misión era de paz, de fraternidad, de servicio desinteresado y generoso hacia todos. 

Para cuando esta situación empezó a calmarse un poco, nuestra misión en el campo de la educación entró en cuestión: la Formación Profesional, perdió valor en favor de la Formación Universitaria, la natalidad disminuyó y las clases de niños eran muy poco numerosas. No fue fácil tomar la decisión de cerrar un Colegio después de casi 50 años de presencia en el lugar. Los lazos de amistad con muchas familias, la querencia al lugar, las propiedades de una vivienda, colegio y jardines, son realidades que, con el tiempo y el cariño, te identifican como persona y como institución.

Pero nos armamos de valor y en el año 1993 cerramos las puertas de nuestro pequeño y amado colegio. No fueron las paredes, ni los pupitres, ni los libros, ni el ritmo de vida de la enseñanza, no, fue la gente, niños y mayores, que llenaban esas aulas, sus padres y familiares, con los que también teníamos una estrecha relación, lo que más nos costó dejar.

Pero tuvimos claro en ese momento, no sé si hoy lo tendríamos tanto, que dejar la enseñanza no suponía necesariamente irnos de Etxarri, pues las raíces ya eran muy fuertes y profundas. Durante unos años hicimos algún intento, ya que había que seguir viviendo, de dedicar los espacios de la casa a encuentros, convivencias, colonias de niños de otros colegios.

Eso duró muy poco y en realidad no fue efectivo y otras necesidades ya se vislumbraban en la Congregación: la salud y la edad avanzada de las hermanas. ¿Quémejor que adaptar la Casa de Etxarri?, con espacio, un lugar bonito y tranquilo, sano, querido por todas, pues a lo largo de los años las hermanas gustaban de ir a Etxarri para el descanso, cambio de aires, días de retiro, etc. 

Así es como, con la venta del colegio, pudimos remodelar la vivienda de hermanas y dejarla como hoy existe. Poco a poco se fue llenando de hermanas mayores yenfermas, muchas ya reposan en el cementerio local y, a medida de las necesidades, otras van llenando la casa.

¡Qué lejos estábamos de pensar que un día nos íbamos a encontrar en la situación en la que hoy estamos! Yo nunca he perdido el contacto con las hermanas de Etxarri, de hecho, desde hace muchos años, su cuidado, atención y protección está dentro de mi responsabilidad y las visito con mucha frecuencia.

Muy a nuestro pesar, progresivamente, hemos ido sintiendo, cómo esa relación cordial y de respeto que, siempre habíamos vivido, se iba resquebrajando: pintadas de mal gusto, injustas y soeces; ruidos hasta altas horas de la madrugada; fachadas sucias de tomates y huevos; botellas rotas a nuestras puertas y por si esto no fuera suficiente persianas y cristales rotos con una frecuencia espantosa y en fechas señaladas para la comunidad.

¿Tanto puede molestar un grupito de 13 personas mayores, varias enfermas, con necesidades de asistentes que amorosamente las cuidan, no salen de casa, no semeten con nadie, son personas pacíficas, que serenamente esperan el final de sus días y, dentro de sus posibilidades, siguen rezando y ofreciendo sus limitaciones por el bien de los demás, como ha sido así a lo largo de su vida?

¿O es esto precisamente lo que molesta, en un mundo donde los valores, el respeto por el otro, el sentido de lo sagrado, ya no tienen ningún lugar? ¡Qué fácil es entonces, cebarse con personas vulnerables, que sabemos no van a tomar represalias, (o sí) que lo van a vivir en silencio, guardando su sufrimiento e impotencia, protegiéndose del miedo, como pueden, cada noche y tomando el teléfono para pedir, una vez más, que los profesionales vengan a arreglar losdesperfectos que ellos han hecho!

Injusto, vergonzoso, sin nombre, imposible de creer, pero cierto. Y no quiero pensar que detrás de todo eso haya alguna cara de padres, madres, alumnos, alumnas que un día fueron niños felices, juguetones, dóciles, amables… que aprendieron en nuestras clases y jugaron en nuestros patios. Eso nos entristecería aún más… Pero Etxarri no es sólo esto, a Dios gracias, porque sigue habiendo gente maravillosa que condena estos atropellos, que está junto a las hermanas para cuidarlas, consolarlas y protegerlas. Agradezco, en nombre de mis hermanas y en el mío propio, a través de estas líneas, esos gestos de humanidad, de respeto y de aprecio.

Así como la protección de las fuerzas del orden y de otras personas concretas. Entre nosotras hay religiosas hijas del pueblo que también sufren y sientenvergüenza ajena por todo esto. Y me abro, nos abrimos a la esperanza, de que la toma de conciencia de todo el pueblo, especialmente de los que lo gobiernan, de estos acontecimientos, sirva para que la cordura, el respeto a toda diversidad, la empatía con los más vulnerables y el reconocimiento por el bien hecho, sean valores que se vuelvan a vivir en este querido pueblo de Etxarri-Aranaz.

Justi Muñoz Cibrián, provincial de la Inmaculada Concepción de Castres

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