Juicio

Juzgan a un celador del Hospital Universitario de Navarra por agredir sexualmente a una menor con intoxicación etílica

Fiscal y acusación particular piden 6 años de prisión y él lo niega todo y reclama la absolución

Edificio de Urgencias del Hospital Universitario de Navarra (HUN)
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Edificio de Urgencias del Hospital Universitario de Navarra (HUN)

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Gabriel González

Publicado el 10/06/2026 a las 13:17

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial ha juzgado la mañana de este miércoles a un celador del Hospital Universitario de Navarra por haber agredido sexualmente a una menor de 17 años que se encontraba en un box de Urgencias con una intoxicación etílica. Fiscal y acusación particular piden 6 años de prisión, mientras que él lo niega todo: asegura que solo le hizo unos pellizcos y unas palmadas en presencia de su madre para intentar que se despertara, y sobre los restos biológicos suyos hallados en el pecho de la denunciante ha dicho que pudieron transferirse porque ese día estaba resfriado. Ha reclamado la absolución.

La declaración de la joven ha sido a puerta cerrada. Hace un año, en torno a la medianoche, fue trasladada por su madre, a quien había avisado una amiga, al hospital. Presentaba una intoxicación etílica (arrojó una tasa de alcohol en sangre de 2,28). El celador acusado intervino desde el momento en el que la ayudaron a bajar inconsciente de la furgoneta a una silla de ruedas. Una vez en el box, la madre ha declarado que ella salió a hablar por teléfono con su hermana y que el celador se quedó con su hija. Al poco, la menor le llamó de un grito y el acusado se fue. “Mi hija me dijo que no la dejara más sola, que le estaba tocando. Me enfadé con ella y le dije que estaba borracha. Pero me dijo que le había chupado la teta. Y la tenía empapada”, ha relatado la madre. El escrito de la fiscal acusa al celador de tocamientos en boca, pecho y zona genital, y de haberle chupado un pecho.

La madre ha añadido que poco después la llevaron al baño, también con ayuda del celador y una compañera suya, y que al salir, cuando le iban a bajar los pantalones, él se volvió a mirar. “Al salir le pregunté qué le había hecho a mi hija y le dije que era un monstruo. Él me contestó que si quería se disculpaba. Le dije que llamara a una superior”. Hasta el lugar acudió la jefa de guardia de enfermeras y tras hablar con madre, hija y celador activó el protocolo y avisó a Policía Foral.

El procesado ha negado todo. Ha contado que ayudó a bajar a la paciente de la furgoneta y que la llevó a boxes. “Vi que llevaba un bote para análisis, y como pueden durar un par de horas y veía que la madre estaba angustiada por haber dejado en casa a niños pequeños le pregunté si quería que entre los dos intentáramos despertarla. Me dijo que sí y le di palmadas en la cara, parte superior, manos, zona pectoral…”.

Ha añadido que se marchó a rayos y que al volver ayudó de nuevo a esta paciente a ir al baño con otra compañera. Y que al salir, simplemente se giró a ver cómo tenía la bolsa del suero. “Después la madre me dijo que qué le había hecho a su niña. No le entendí. Me dijo que le había tocado, chupado… Lo negué, yo no había hecho nada. Solo la había manipulado un poco para despertarla. Ella me dijo que si al menos le iba a pedir disculpas y yo le dije que si algo le había molestado que se las pedía, pero por no alterarla más. Yo no había hecho nada. Me dijo que llamara a una supervisora y llamé”.

Dentro del protocolo, se tomaron muestras de ADN a la joven en la zona de los pechos, boca y genitales. En la de los pechos, se hallaron restos biológicos que pertenecían al acusado. La técnico del laboratorio ha dicho que esa muestra es difícil que se consiga con un sujetador puesto, como ella lo tenía. “Es difícil que se transfiera un perfil completo y nada de la víctima. Era una cantidad bastante alta”.

El acusado ha negado una y otra vez las acusaciones. Ha contado que manipuló a la joven al bajar de la furgoneta, cuando la intentó despertar junto a su madre y cuando le retiró dos electrodos que tenía mal colocados en el pecho, donde le pasó la mano para quitar los restos de pegamento, ya que la piel "se suele quedar irritada". En esos momentos, añadió, ella tenía el sujetador puesto. Le han preguntado cómo justificaba el hallazgo de sus restos biológicos en la denunciante. “Cuando apareció ese positivo, empecé a recapacitar cómo pudo ocurrir. Investigando sobre transferencias secundarias de ADN recordé que a los dos días fui al médico de cabecera por la ansiedad que tenía y que de paso me trató de un catarro. Pensé que de aquella manera quizá se había transferido la saliva…”.

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