León XIV. nuevo Papa
La visita a Aldatz del papa León XIV
Robert Prevost visitó el monasterio de las Agustinas en el valle de Larraun cuando era el padre general de la orden, celebró misa, y compartió un día con las hermanas que el miércoles saltaron de alegría al verle asomado al balcón del Vaticano


Publicado el 10/05/2025 a las 05:00
Las agustinas de Aldatz estaban en el rezo este miércoles 8 de mayo cuando una de las hermanas puso la radio y supieron que había fumata blanca. Salieron “disparadas” a la televisión. “¿Qué ha dicho? ¿Prevost? No puede ser Y cuando salió al balcón... ¿Es el padre Prevost? Sí, es Prevost, es él. Nos levantamos todas aplaudiendo, gritando, increíble, fue muy bonito”, describen espontáneas al otro lado de la clausura en el Monasterio de la Santísima Trinidad, más conocido como el de las Agustinas. La suya, es la única casa en Navarra de la OSA (Orden de San Agustín) y la visitó el ahora papa León XIV cuando era general de la orden. Sí, el Papa estuvo en el valle de Larraun, conoció el convento, celebró misa y conversó buen rato con las hermanas en la biblioteca. Fue en el inicio de los 2000. No han buscado en los álbumes, tal vez sacaran alguna fotografía, pero no la tienen a mano. Sí el cuadro de aquel tiempo que cuelga de una pared, con la imagen del padre Robert Prevost, que era el máximo responsable de la institución agustiniana en el mundo.


“Él visitaba las casas de los religiosos y vino a la nuestra, no sabemos bien cómo porque en Navarra no hay religiosos de la orden, las comunidades más cercanas están en Calahorra, Zaragoza y Bilbao, sería en alguno de esos viajes. Llamó por teléfono para avisar y llegó solo, en coche. Ya fue grande que el padre general viniera a nuestra casa”.
Están contentas con el nuevo Papa, “un religioso y misionero, otra forma de ver a la gente, y sus problemas”, reflexiona la priora, María Eugenia Llaca, una asturiana que echa de menos el mar, pero tuvo claro que se quedaría en el convento de Aldatz el mismo día en que lo conoció, hace 30 años. Ahora tiene 69, la edad del Papa, y rescata una anécdota del día en que Prevost visitó Aldatz. “Preguntó si alguna hablaba inglés, respondí que yo. Al escucharme le sorprendió el acento. Es de Boston, estudié allí el idioma, le dije. Ya me parecía, respondió Prevost y como es de Chicago le pregunté por los Bulls”, sonríe la priora. “Es un hombre muy humilde, accesible, pero no es tonto y no se va a dejar manipular”, subraya. “Es muy de casa, son hermanos nuestros”, interviene Carmen Navarlaz Arraiza, pamplonesa y una de las veteranas de la casa. Ha conocido ya a dos papas, estuvo en Roma con Juan Pablo II y conserva el rosario que le regaló en la misa que celebró siendo ella presidenta de la federación.
Cuando León XIV visitó Aldatz entró en la comunidad, en la clausura, compartió un encuentro con las hermanas en la biblioteca, celebró misa en la iglesia del monasterio y recorrió toda la planta baja. Cuentan que se detuvo especialmente en el retrato de los fundadores del convento, José María y Juana Josefa Juanmartiñena y preguntó por ellos, le interesó su historia; reparó también en el cuadro que tienen del castillo de Javier. “Preguntó si estaba muy lejos de aquí, dijo que le gustaría conocerlo, pero se quedó con la pena de no ir hasta allí, claro, es misionero”, explican esta tarde de viernes, una como tantas en la vida contemplativa del convento. “Cuando yo entré éramos 22”, apunta la más joven en la casa , Rosa María Andión Tejero, natural de Borja, en Zaragoza; la mayor, Anunciación Iráizoz Cía, nacida en Etxauri y criada en Pamplona; la que más tiempo lleva en el monasterio, casi 70 años, es María Martina Descarga Elizalde, de Eratsun y completa la comunidad en Aldatz Valentina Nuin Arraiza, nacida en Berriosuso.
Explican las hermanas que la orden tenía otra casa en Pamplona, el convento de las Agustinas de Aranzadi. Cuando cerró la comunidad se trasladó a Mutilva, pero residen desde hace un tiempo en Bilbao. Tampoco las hay masculinas, aunque la “debió existir una en torno a la iglesia de San Agustín”, aporta Carmen Navarlaz.


Ya retiradas de la vida laboral, han trabajado en diferentes tareas: “Hacíamos alfombras, chaquetas de cuero, vestidos, ajuares, mantelerías, bordados, guantes de trabajo”, señalan que llegaron a trabajar para Tasubinsa y también con Kukuxumusu.
Tras la “bonita sorpresa” de ver Papa al primer agustino que entraba a un cónclave, continúan con su vida tranquila, la que eligieron, lejos del ruido y cerca de la oración y de Dios. También del pueblo, de unos cien habitantes, que, consideran, todavía les quiere mucho y no pasa Navidad que no vayan a cantarles. Celebran misa diaria, culto abierto a quien lo desee. Les atienden los sacerdotes Jesús Sotil, Iñazio Azcoaga y Santiago Garísoain y a veces los domingos un cura polaco "muy majo" que estudia en la Universidad de Navarra.


