El constructor de las 300 maquetas

Tras una vida laboral entregado a la construcción, Félix Apezetxea Aizpurua, de 79 años, tiene en su casa de Arantza un ‘museo’ con reproducciones a escala de madera elaboradas a partir de modelos de vehículos a motor. Revela sus secretos en ‘YouTube’

Félix Apezetxea Aizpurua, junto a su mujer, Amalia Telletxea Etxeberria, en el Baserritarren Eguna del pasado miércoles en el frontón de Arantza, donde exhibió una selección de su  capacidad creativa con las maquetas.
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Félix Apezetxea Aizpurua, junto a su mujer, Amalia Telletxea Etxeberria, en el Baserritarren Eguna del pasado miércoles en el frontón de Arantza, donde exhibió una selección de su capacidad creativa con las maquetas.
Félix Apezetxea Aizpurua, junto a su mujer, Amalia Telletxea Etxeberria, en el Baserritarren Eguna del pasado miércoles en el frontón de Arantza, donde exhibió una selección de su  capacidad creativa con las maquetas.

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 05/11/2023 a las 13:21

No respira Félix Apeztxea Azipurua en el merecido descanso de la jubilación por la profusa actividad de maquetista sin patrón ni planos. “No tengo tiempo para el aburrimiento”, confía quien aplica sus manos habilidosas y su ingenio a la reproducción de modelos de motor a escala. El miércoles, durante el Baserritarren Eguna, de Arantza, donde vive, regresó con una selección de su amplio catálogo, que a decir suyo y de su mujer, Amalia Telletxea Etxeberria, se sitúa en torno a las 300 piezas. “En casa tenemos un museo”, dice ella, con estanterías repletas de recreaciones hechas con “madera de iroko y chapa”, entre otras materias.

Se le ve a él disfrutar con lo que hace y muestra. Pequeños como también mayores reposan su mirada en motos, camiones Volvo o Mercedes, tractores y hasta un autobús de un siglo atrás de la línea Leizarán. “Particularmente me gusta más Volvo que Mercedes para conducir, aunque no tengo carnet de primera para camiones”, aprecia con un poso de humor. Su confesión se cruza con el repaso de joyas de automóvil que comparte un menor con un amigo. “¡Mira, un Lamborghini! Este de aquí es un Ferrari”, expone como ejemplos de la pequeña flota automovilística concentrada en una mesa de exposición.

El constructor retirado de las obligaciones de albañil, como define el rol que desempeñó en su etapa profesional, no tiene ningún afán lucrativo. Según dice, si vende algún modelo “es por encargo”. Y si da rienda suelta a su afición con su maestría manual es por el gusanillo que le entró “desde que tenía 8 o 9 años” para tallar maquetas. Siete décadas después puede dedicar más tiempo a depurar su hobby, sin la menor presión horaria. Puro placer.

Hasta se anima a revelar sus secretos en apariciones en Youtube con la explicación del proceso de elaboración de alguna miniatura. La evolución de su entretenimiento se ha visto reflejada, no sólo por la ventana abierta al mundo que ofrecen las redes sociales, sino en la renovación de su caja de herramientas. Ahora tiene hasta una ingletadora o sierra circular para cortar la madera, como dice. Mejoras aparte, mantiene su ilusión intacta. Sonríe ante su pequeña feria del automovilismo.      

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